“Ahora, nuestra economía es una ballena con el estómago lleno de plástico que amenaza su actividad vital; pero necesitamos un modelo productivo que no esté ligado a la producción de residuos”, resume Víctor Mitjans, experto del Área Metropolitana de Barcelona (AMB). La carrera de los países ricos y emergentes por obtener materias primas para satisfacer el consumo provoca una presión tal sobre los recursos naturales que son evidentes los impactos en forma de cambio climático o residuos, entre otros.

Por eso, desacoplar el crecimiento económico del consumo y la producción de residuos es un nuevo pilar de la política de la UE, convencida de los riesgos que se ciernen sobre ecosistemas. La UE ha elaborado una estrategia para reducir, reciclar y, en suma, consumir menos recursos, y lo ha hecho a través de las directivas que componen el llamado paquete de economía circular.

Hoy, lunes, el parlamento europeo debate estas directivas, y está prevista su votación el miércoles. “La nueva economía es un cambio de modelo productivo centrado en el aprovechamiento de nuestros recursos, para hacerla perdurable y mantener la capacidad de riqueza”, dice el eurodiputado Francesc Gambús, miembro del Partido Popular Europeo.

1. Aumentar el reciclado de los residuos municipales al 65% en 2030

Reducir la producción de residuos es una necesidad. Todo material que se reaproveche, deja de ser extraído de la Naturaleza. Las nuevas directivas exigen a los países alcanzar un reciclado del 65% de los desechos municipales para el 2035 (con metas intermedias del 55% en el 2025 y del 60% en el 2030). Son objetivos asumibles para la mayoría de países, pues el conjunto de la UE recicla alrededor del 45% de los residuos municipales (desechos urbanos convenciones domésticos), por lo que está a cinco puntos de la meta inmediata (un 50% en el 2020). Aún así, once países (los del antiguo bloque del Este, así como Grecia, Chipre y Malta), con bajos niveles de reciclado, podrán tener una prórroga de cinco años. España sólo recicla un 29,7%, según datos del 2016 de Eurostat, la Oficina de Estadística Europa. En Catalunya, la recuperación selectiva municipal se cifra en el 38,5%. Pero estas tasas se han estancado los últimos siete años por diferentes factores, entre ellos el relajamiento de los hábitos de separación.

2. Limitar los vertidos a un 10% en los vertederos en el 2035

El gran reto es reducir más el envío de desechos a los vertederos, para aminorar la hipoteca ambiental de estas instalaciones. Se busca que el porcentaje de residuos que acabe en vertedero sea como máximo el 10% de los que se produzcan en el 2035. Aunque la UE-28 genera más residuos que hace 20 años, el monto de los que van a vertedero se ha reducido en este período en un 59%: ha pasado de 145 millones de toneladas en 1995 a 59 millones de toneladas en el 2016. ¿Por qué? 1) El establecimiento de objetivos de recogida selectiva globales y la aplicación de diferentes directivas como la directiva de envases y embalajes (1994) o la de aparatos eléctricos y electrónicos (2002), que obliga a recuperarlos con un sistema de recogida selectiva. Y 2), los estados ya están obligados a reducir la cantidad de residuos municipales biodegradables que van a vertedero (hasta dejarlos en julio del 2016 en un 35% de los que se producían en 1995).

Reciclaje botella plástico basura Reciclaje botella plástico basura (japatino / Getty)

3. La recogida de materia orgánica será obligatoria en el 2023

La UE –por fin– impone la obligación de efectuar la recogida separada de la fracción orgánica a partir del 31 de diciembre del 2023. La gran paradoja es que las normativas europeas habían fijado obligaciones para recuperar envases, papel y carbón, o vidrio, mientras que se habían olvidado de los desperdicios convencionales, pese a ser la más importante. No obstante, una buena segregación de los desechos orgánicos es clave para que puedan ser luego reaprovechados como compost en la agricultura o para la generación de biogás, entre otros usos. Además, si se mezclan con plásticos, se devalúan estos materiales y se entorpecen los procesos de reciclado.

4. Reutilización y sistemas de depósito, devolución y retorno

La UE dice que también “deberán incentivarse las medidas para promover la reutilización de productos”. Estas medidas pueden incluir la creación o apoyo a las redes de mercados o de intercambio de artículos de segunda mano, así como sistemas de depósito y retorno (no sólo de envases de bebidas, sino también para aparatos eléctricos o electrónicos). Diversos países ya aplican sistemas para devolver los residuos envases de bebidas al comercio (recientemente se ha dado luz verde en Inglaterra).

De esta manera, los envases vacíos dejan de ser percibidos como inservibles y se convierten en recursos, con verdadero valor económico. “Pero la directiva no se concreta objetivos específicos de reutilización”, se lamenta Rosa García, directora de Rezero-Fundación para la Prevención de Residuos. Como objetivo general, la suma de reutilización y el reciclado de materiales deberá alcanzar un mínimo del 70% del peso de los desechos municipios producidos en el 2030, con un mínimo del 5% de materia preparado para su reutilización.

Uso de una bolsa de reciclaje en lugar de la tradicional bolsa de plástico. Uso de una bolsa de reciclaje en lugar de la tradicional bolsa de plástico. (Vincent West / Reuters)

5. Reducir envoltorios y embalajes, la batalla contra el plástico

Las nuevas directivas propugnan una reducción del consumo de embalajes no reciclables y desmesurados. “Sin embargo, falta definir qué es un envase mínimo para garantizar la protección del alimento, y a partir de ahí fijar objetivos de reducción”, critica Rosa García. Ante la contaminación marina causada por los plásticos, se incorpora una estrategia específica para dotar las instalaciones portuarias de sistemas para recoger los plásticos. “La mejor solución sería hacer pagar por los plásticos de un solo uso, que era lo que inicialmente se apuntaba”, dice Rosa García. Esta experta echa en falta también acciones decididas para eliminar ciertos plásticos, vistos los riesgos que comportan para la salud (los que ocasionan efecto disruptores endocrinos).

6. Programas para hacer frente el despilfarro alimentarlo

Los gobiernos estarán obligados a combatir el derroche de los desperdicios alimentarios en hogares, restaurantes o mercados, algunos de los focos productores de comida inservible. La directiva marca objetivos de reducción indicativos: el 30% en el 2025 y el 50% en el 2050 en comparación con los datos de 2014. Los estados deberán aplicar medidas para reducir las pérdidas de alimentos a lo largo de la cadena de distribución. Las grandes cadenas de distribución justifican el sobreenvasado de frutas o verduras con el argumento de que los plásticos ayudan a conservarlos. Pero un estudio de Amigos de la Tierra y Zero Waste Europe rechaza esa tesis; afirma que el incremento en la producción de envases de plástico es creciente; y que cuanto más larga es la cadena de distribución alimentaria (globalización), más probabilidades hay de que aumente el volumen de desperdicios.

7. La recuperación de materiales textiles

La nueva directiva de residuos incluye la obligación de instaurar la recogida separada de materiales textiles a partir del 2020. El problema se debe a que la moda rápida (la fast fashion o ropa de temporada), con una vida útil cada vez más corta, está disparando la generación de residuos textiles. Cada español consume, de media, unas 34 prendas al año y desecha entre 12 y 14 kilos de ropa, según un informe de la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil (Asirtex). Aunque en Catalunya, la recogida selectiva de material textiles se ha incrementado un 29% en el ámbito municipal en el 2016, menos del 20% total producido se recoge selectivamente. Esta tarea la desarrollan fundamentalmente entidades de inserción social –programa Roba Amiga– y la Fundación Humana. Según los datos de estas entidades, más del 70% de la ropa recogida selectivamente va a la exportación.

Botellas de plástico. Botellas de plástico. (EyalGranit / Getty Images/iStockphoto)

8. Ampliar las responsabilidades de los fabricantes de los productos

La nuevas normas amplían la responsabilidad de los fabricantes a la hora de asumir los artículos de consumo que se convierten en desechos (baterías, vehículos fuera de uso…). ¿El argumento? Son ellos los primeros responsables de ponerlos en el mercado y deberían tener incentivos para hacerlos más duraderos. En el caso concreto de sector textil, por ejemplo, los expertos reclaman que paguen un impuesto o tasa por la contaminación producida, con el fin de financiar la recogida selectiva y el posterior tratamiento del textil captado. Así –sostienen– se lograría cambiar un modelo de producción basado en la fabricación de ropa de poca calidad, con productos que complican el reciclaje, y que causan un gran derroche de materiales, energía o agua (el algodón es un gran consumidor).

9. Ahorros empresariales en compra de materiales

El eurodiputado Francesc Gambús estima que la aplicación plena de todas estas estas directivas de economía circular “permitirá incrementar el PIB hasta en 7 puntos, y esto quiere decir 400.000 empleos en la UE, de los cuales 52000 corresponden a España y unos 10.000 en Catalunya”. La Comisión Europea ha estimado que todo esto puede significar un ahorro de 600.000 millones para las empresas por la reducción de costes en la compra de materiales.

10. La fiscalidad ambiental, pendiente

“Las directivas europeas marcan una dirección pero no son suficientes”, explica Víctor Mitjans, que dirige el nuevo programa de residuos en marcha de la AMB. Su argumento es que la actual directiva con el horizonte del 2020 todavía permite que la mitad de los desechos municipales vayan a vertedero o incineradora. “La directiva permite que las empresas no hagan cambios productivos a fondo, sino que favorece cierta perversión del concepto de economía circular, expresión que puede convertirse en un simple instrumento de marketing”.

Las voces más críticas echan en falta una verdadera fiscalidad verde, para activar los cambios. Se trataría, desde esta visión, de penalizar el consumo de materiales y producción de residuos y no gravar tanto el trabajo, como pasa ahora. La comida servida en bandejas y envoltorios en el súper ha acabado con el vendedor tradicional. Pero si la presión se centrara en prevenir esos desechos, se volvería favorecer la venta del producto granel.

Esa fiscalidad verde también debería concretarse en un IVA más barato para las actividades de reparación, pues ahora reparar sale más caro que comprar un producto nuevo.

Montón de botellas de plástico usadas Montón de botellas de plástico usadas (Hindustan Times / Getty)

La opinión del Gremi de Recuperadors

La elaboración de estas directivas ya ha tenido algunas reacciones. “Los nuevos objetivos de reciclado son ambiciosos. Pero, aun así, creemos que podrían ser superiores si se aplicasen adecuadamente las directivas”, señala Xavier Riba, presidente del Gremi de Recuperadors.

“Las nuevas directivas reflejan un avance en la idea de unificar los criterios en la medición de la reciclabilidad de los residuos en los diferentes países europeos”, señala Riba. “Aun así, el sistema actual de contabilización nos parece poco transparente, porque se está contabilizando lo que entra en los ecoparques y no lo que entra en las plantas de los recuperadores, en donde, a nuestro entender, se produce realmente la economía circular”, expone.

“Nos parece alentador que desde el Consejo Europeo se den nuevas directrices sobre cómo contabilizar los objetivos”, explica.

El Gremi pertenece desde hace años a la federación europea que actúa de lobby en el parlamento representando a la industria de la recuperación. “Desde esta federación, defendemos una uniformidad de criterios y orientados a elevar la tasa real de reciclado y su calidad. Defendemos, también, la normalización de calidades”, señala Riba.

Las nuevas directivas reflejan un avance en la idea de unificar los criterios en la medición de la reciclabilidad de los residuos en los diferentes países europeos

Xavier Riba

Presidente del Gremi de Recuperadors

Las normas de los productos reciclables están mundialmente estandarizados y persiguen actualmente producir productos nuevos directamente de los reciclados sin procesos intermedios innecesarios. Así, todos los recuperadores conocen que un Taldon es una bala de latas de aluminio con una calidad que permite producir latas nuevas; o que una bala de PET Clean Bottles, que permite un mínimo de reciclabilidad de botellas nuevas como publicita la cadena de supermercados Lidl en Alemania. “Pero esto no es posible actualmente, a excepción de los países que tienen implantado un sistema de depósito”, abunda Riba.

“Desde el Gremi, lo vemos como un avance importante, pero faltará la implicación de los productores de forma sincera, más allá de campañas de greenwashing. El agotamiento de las materias primas esta a la vista y sin una sincera economía circular, esta no será posible”, dice este empresario.

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