National Geographic publicó hace años que Genghis Khan no sólo tuvo tiempo para crear en el siglo XIII el mayor imperio de la historia: el 0,5% de la población mundial desciende del gran caudillo mongol. Poca broma con los linajes genéticos…

La gran familia de los Cervera, descendientes del almirante Pascual Cervera y Topete (1839-1909), ha enviado un carta a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, para lamentar la inminente retirada del nomenclátor de este marino, ilustre a pesar de que cambió el final de la historia: esta vez Goliat (la armada de EE.UU.) venció a David (la escuadra española, que comandaba él en la fugaz y contundente guerra hispano-estadounidense de 1898).

La calle Almirall Cervera, una de las principales arterias de la Barceloneta, cederá este domingo su nombre al del añorado Pepe Rubianes (1947-2009). La asociación Familia Cervera, que preside el economista Pascual Cervera de la Chica, bisnieto del almirante, no discute la idoneidad de rebautizar una calle con el nombre del cómico galaico-catalán, pero se pregunta por qué ha de ser precisamente la de su antepasado.

La asociación se creó hace 40 años y cada cuatro celebra una convención en Cádiz, que inauguró en el 2014 una escultura y un parque en honor a este militar en Puerto Real. En los últimos encuentros han acudido entre 400 y 600 personas. Los Cervera, con un registro genealógico que se remonta al siglo X, son aún más: unos 700, repartidos por todo el mundo. El cambio del nomenclátor es un “disparate y un contrasentido”, dice la carta de la familia. “Es paradójico –añade– que quienes fueron históricamente sus enemigos, los mambises (o insurrectos cubanos), honren su memoria y Barcelona, no”.

“Resulta paradójico que Cuba honre a este héroe y Barcelona no”, critica la familia en una carta a Ada Colau

El almirante y cuatro de sus hermanos tuvieron descendencia. Las cinco ramas de la familia se extienden hoy, además de por España, por numerosos países de Europa y de América, donde el recuerdo de Pascual Cervera y Topete no levanta ampollas. Los propios hermanos Castro lo han elogiado. Fidel lo consideraba un “héroe”, aunque pasó a la historia por una derrota sin paliativos. Y Raúl defiende su papel en la batalla: “Le ordenaron un suicidio”.

La isla luce dos bustos suyos, uno en el castillo de los Tres Reyes o castillo del Morro, en Santiago de Cuba, y otro en el museo de la Real Fuerza, en La Habana. Cuba ha celebrado muchos actos en su homenaje y en el de los españoles (muchos de ellos, catalanes) que murieron a sus órdenes. En 1998, a raíz del centenario de la batalla, los cubanos recibieron con todos los honores al buque escuela Juan Sebastián Elcano, de cuya tripulación formaban parte dos de sus tataranietos.

Los hechos de 1898, que confirmaron la decadencia española y la pérdida de sus colonias de ultramar, alentaron la generación literaria del 98, con autores como Antonio Machado, a quienes les dolía España. Pascual Cervera y Topete, que como ellos también vio venir el declive, fue nombrado ministro de la Marina en 1892 y se fue por la falta de recursos en 1893. Cinco años después lo enviaron a defender Cuba y enfrentarse a EE.UU. (que ya había destrozado una escuadra española en Filipinas) con los mismos barcos mal equipados que forzaron su dimisión como ministro.

Sin carbón suficiente, e incluso sin cañones (el crucero Cristóbal Colón estaba parcialmente desguarnecido), seis barcos –un pálido reflejo del antiguo poderío naval español– se enfrentaron en la bahía de Santiago de Cuba a una armada más numerosa y moderna. Las cifras son elocuentes. Los seis barcos naufragaron o embarrancaron, hubo 151 heridos, 343 muertos y 1.889 prisioneros (entre ellos, Cervera y Topete). La flota estadounidense sólo lamentó un muerto y dos heridos.

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