Xavier Domènech sabía  que iba a una contienda imposible de ganar cuando aceptó encabezar la candidatura de Catalunya en Comú-Podem en las elecciones de este jueves. Dijo que    porque se lo pidió mucha gente. Por responsabilidad con el nuevo proyecto político cuya construcción lidera junto a Ada Colau. Y pese a que muchos otros, sobre todos en Madrid, le dijeron que no era el momento. Tenían razón, según las encuestas. Pero la política catalana guarda sorpresas y el 21 de diciembre los   comunes  pueden tener un mal resultado que, sin embargo, les dé la llave que abra el Palau de la Generalitat y desbloquee una situación que tiene hastiada a una mayoría de la población. Son unas elecciones a todo o nada: Govern o irrelevancia. O peor aún: la repetición de los comicios. 

Los miedos de Domènech se revelaron ciertos muy pronto. Los encarcelamientos de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart y, después, de medio Govern, así como el “exilio” del otro medio, devolvieron la incipiente campaña a un escenario de polarización en el que el espacio político autodenominado del cambio ya naufragó en 2015. Los  comunes  pasaron de pensar que competirían con el PSC a ver con miedo  creciente que podían repetir los malos resultados de Catalunya Sí que es Pot (CSQP) del 27S. O empeorarlos. Un temor que sigue vigente.

Las diferencias con la campaña de las autonómicas de 2015 se revelaron pronto. Los  comunes  encontraron un mensaje  que les ha permitido defender una posición intermedia entre los dos bloques que dominan la escena política catalana. El empate técnico entre independentistas y los autodenominados constitucionalistas  que arrojan las encuestas (“empate catastrófico”, como se definió el resultado de las generales del 20D) daría a los de Domènech el poder, y la responsabilidad, de decidir el futuro Govern: “La llave” del Palau de la Generalitat.

Esta campaña también ha sido distinta porque ha habido unidad de acción. Al menos al final. Pese a los problemas con el ya ex secretario general de Podem, Albano-Dante Fachín, el mensaje ha sido unívoco. La dirección estatal de Podemos y la de IU se han plegado esta vez a la estrategia definida desde Catalunya en Comú. Y sus dirigentes se han puesto a disposición de Domènech. Pablo Iglesias, Irene Montero, Alberto Garzón, Teresa Rodríguez y Pablo Echenique, entre otros, han desembarcado en Catalunya para apoyar al candidato. Y, en el último momento, Íñigo Errejón.

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Xavier Domènech, con Teresa Rodríguez y Gerardo Pisarello en un acto de campaña. DANI GAGO (CATCOMÚ)

También la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha abandonado su perfil más institucional  para volcarse en la recta final de campaña con Domènech. Su ausencia fue muy sonada en 2015. Su implicación,  dos años después,  ha ido en ascenso y en paralelo al crecimiento, más cualititativo que cuantitativo, de las opciones de los  comunes

Temor a la repetición electoral

Catalunya en Comú-Podem se aferra al millón de indecisos que algunas encuestas señalan para defender sus opciones este 21 de diciembre.  Confían en la  “remontada” que vivieron en las generales de 2015 y que llevó a Domènech a ganar los comicios en Catalunya y a Podemos a ser la tercera fuerza estatal.

Los  comunes ven dos opciones: una mayoría   indepe o un “gobierno transversal y de cambio” que obligaría a ERC y PSC a un acuerdo que hoy parece improbable. Domènech ha apelado en la última fase de la campaña  a un Govern “sin siglas” y que no sea “de partidos”, sino que “implique a toda Catalunya en la reconstrucción”.

El comodín que los estrategas del partido manejan es que la alternativa a su planteamiento es una repetición electoral en primavera que atemoriza a todos por igual. Mucho más a los de Domènech, que tienen en la cabeza el calvario que pasó Podemos en las negociaciones fallidas de 2016.

El candidato ha aludido de forma habitual en la campaña a algunos de los referentes de los partidos con los que aspira a “construir” ese gobierno transversal: Joan Tardá (ERC) y Nuria Parlón (PSC). Incluso a David Fernández, el exdirigente de la CUP que se hizo famoso por llamar “gangster”, zapatilla en mano, a Rodrigo Rato en una comisión parlamentaria del Parlament.

Esta opción tripartita, un significante de aciago recuerdo para una parte de Catalunya, parece muy lejana hacia el final de la campaña. En el debate del pasado domingo en La Sexta el candidato del PSC, Miquel Iceta, señaló: “Ni ERC me va a investir a mí ni yo a ERC”.

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Xavier Domènech prepara un discurso en su casa de Barcelona. DANI GAGO (CATCOMÚ)

 Los comunes sostienen que esta afirmación eleva las opciones de su candidato para ser el president. Pero también reconocen que al que denominan bloque del 155 sí le podría convenir una repetición electoral. 

Todo o nada para  comunes… y para Podemos

Desde Catalunya en Comú-Podem han reclamado ayuda a sus aliados en España. Los que le permitieron presentar el recurso contra la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Una presencia que también ha sido creciente hasta un desembarco de toda la ejecutiva de Podemos en el acto del cierre de campaña en Santa Coloma de Gramanet. Desde Pablo Iglesias a Miguel Urbán. Incluso Íñigo Errejón, que fue recibido con vítores en el cierre de campaña de Santa Coloma de Gramanet, pese a su silencio durante toda la campaña.

En las elecciones del 21 de diciembre no solo se la juegan los ‘comunes’. También el resto del espacio político que surgió de la crisis económica y social de 2008-2010, del 15M y que se armó alrededor de Podemos desde 2014. El partido de Iglesias ha defendido desde 2015 en toda España la necesidad de un referéndum pactado entre Catalunya y el Estado para desbloquear la situación. Con un gran coste político y electoral, como recordaba la número dos de Domènech, Elisenda Alamany, este mismo martes.

Del éxito o fracaso de Xavier Domènech este jueves no solo depende el futuro de los ‘comunes’. En gran medida las opciones de Unidos Podemos en las próximas citas electorales: europeas, autonómicas y europeas de 2019 y generales de 2020.

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