Se han acabado las sonrisas, empieza la primavera catalana. Miembros de los Comitès de Defensa de la República ( CDR) son los que esgrimen esta afirmación, un clamor nada más conocerse el 23 de marzo el encarcelamiento de Jordi Turull, ­Raül Romeva, Dolors Bassa, Josep Rull y Carme Forcadell. El grito expresa una voluntad de cambio de guion por parte de un sector del independentismo vinculada a la izquierda y al mismo tiempo entierra “la revuelta de las sonrisas”, lema usado por la Assemblea Nacional Catalana ( ANC) y Òmnium Cultural durante meses y meses para evocar el carácter pacífico de las movilizaciones que abanderaban.

Los CDR aspiran a tomar la iniciativa en la calle. La pretensión era otra cuando nacieron semanas antes de la celebración del referéndum del 1 de octubre: defender los colegios electorales con el objetivo de asegurar que la votación se hiciera efectiva. De hecho, en aquel momento se autollamaron Comitès de Defensa del Referèndum, tomando el nombre de los Comités de Defensa de la Revolución cubanos. Pero su voluntad ha mudado ahora con el fin de situarse al frente de las movilizaciones.

Hoy en día suman casi 300 núcleos por toda Catalunya, pero también en las Baleares o en la Comunidad Valenciana. Ya pueden ser a escala de barrios, municipales o por regiones, incluso sectoriales. También los hay en el exterior, como el CDR de Bruselas, que la noche del 26 de marzo llenó de lazos amarillos los alrededores de las sedes de la Comisión Europea y del Consejo de Europa.

No tienen líderes y se organizan asambleariamente. Cuando hace unos días se conoció el informe de la Guardia Civil señalando como jefes a los exdiputados de la CUP David Fernàndez y Antonio Baños, el diputado de ERC Ruben Wagensberg, o el vicepresidente de Òmnium Marcel Mauri, sus miembros “se echaron a reír”, porque se les atribuye un papel directivo en la puesta en marcha de los CDR “que no existe”, según comentan a este diario fuentes del movimiento. Y como corresponde a entidades no jerarquizadas, tampoco hay portavoces oficiales.

Hoy en día suman casi 300 núcleos por toda Catalunya, pero también en las Baleares o en la Comunidad Valenciana

Arrastran una masa social considerable de todas las edades entre gente del tejido asociativo, vecinos con simpatías con la izquierda independentista y la CUP, aunque esta formación política no controla los CDR. De hecho, la gran mayoría no milita en ningún partido político.

Apuestan por la “resistencia no violenta”, si bien es evidente que han subido el tono con respecto a las acciones impulsadas por entidades como la ANC y Òmnium. Se articulan por todo el territorio catalán simultáneamente para luchar “contra la represión” y rechazan someterse “al tacticismo de los partidos políticos”. Últimamente, sin embargo, se han añadido demandas más sociales. Las acciones son descentralizadas, pero coordinadas mediante sus propios canales de Telegram, aunque cada uno de los núcleos mantiene su autonomía. El único elemento común es la cuenta de Twitter @cdrcatoficial, creada en noviembre del 2017 y que sirve para informar de las acciones ocurridas y transmitir comunicados.

La visita a cualquiera de estos canales muestra su manera de hacer. Aconsejan a los movilizados en todo tipo de aspectos, algunos curiosos. Un ejemplo: el 25 de marzo, el CDR de Vilanova i la Geltrú, en medio de una serie de acciones de protesta, convocaba a sus integrantes a las cinco de la tarde para iniciar una marcha lenta para circular, “cumpliendo las normas de tráfico, a no menos de 60 km/h, y nos iremos adelantando los unos en los otros a 80 km/h constantemente. Recordad llenar el depósito de gasolina”.

De momento, su enseña de identidad han sido los cortes en la red de carreteras, sobre todo las próximas a la frontera con Francia y a los límites con Castellón y Aragón, provocando el caos y causando molestias tanto al transporte de mercancías como a usuarios particulares. Para hacerlas no necesitan un gran volumen de gente, apenas con unas decenas tienen suficiente.

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