La comunidad internacional celebra esta semana el aniversario de los dos grandes tratados del clima, los 20 años del Protocolo de Kioto este lunes y los dos del Acuerdo de París el martes, con una llamada a acelerar el cambio de modelo económico para luchar contra el cambio climático.

Una vez pactado el marco de cooperación internacional de lucha contra el calentamiento mediante estos dos tratados -el Acuerdo de París sustituirá a Kioto en 2020 con obligaciones por primera vez para todos los países- la clave está, según los expertos, en que el dinero vaya a las inversiones necesarias para evitar que la temperatura del planeta aumente más de dos grados.

Con el fin de hacer un llamamiento al cambio de flujos financieros -de actividades que generan emisiones a otras que las reduzcan o no las produzcan-, París alberga el martes la cumbre “Un Planeta” (One Planet, en inglés), a la que asistirán más de 50 jefes de Estado y Gobierno, además de altos representantes del mundo financiero.

La cita, coincidente con el segundo aniversario de la adopción del Acuerdo de París, surge a iniciativa del presidente francés, Emmanuel Macron, está respaldada por la ONU y el Banco Mundial, y a la misma no ha sido invitado el presidente estadounidense, Donald Trump, el único que ha pedido salir del pacto del clima.

“Lo más importante es que esta falta de entendimiento de la gravedad del cambio climático por parte del político de turno (en referencia a Trump) no ha logrado hacer perder la confianza en el Acuerdo de París”, señala Christiana Figueres, jefa de cambio climático de la ONU cuando se logró ese pacto en 2015.

Figueres afirma que la cita de París tiene el objetivo de que “cada dólar o euro vaya al lugar correcto, y se dejen de financiar actividades que dañen el planeta y pongan en riesgo el bienestar humano”.

Activistas medioambientales forman el símbolo de la paz cerca de la Torre Eiffel en París, en diciembre de 2015, durante la celebración de la Cumbre del Clima en la capital francesa. REUTERS

Activistas medioambientales forman el símbolo de la paz cerca de la Torre Eiffel en París, en diciembre de 2015, durante la celebración de la Cumbre del Clima en la capital francesa. REUTERS

En esa línea, la expectativa es que el martes salgan de París anuncios de coaliciones de fondos soberanos de pensiones, de grandes aseguradoras o de fondos de inversión comprometiéndose a mover el dinero que actualmente tienen en combustibles fósiles a renovables, coches eléctricos u otras tecnologías limpias.

El vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, presentará la hoja de ruta de la UE para las finanzas sostenibles; se esperan adhesiones de países a la Plataforma 2050 de países que se comprometen a ser neutros en emisiones ese año y a la alianza de países que se comprometen a abandonar el carbón.

España está en la primera, pero no en la segunda.

Además, se espera una declaración de la Organización Marítima Internacional (IMO, por sus siglas en inglés) con un compromiso de reducción de emisiones en el sector de la navegación.

Teresa Ribera, exsecretaria de Estado de cambio climático española y directora de uno los “think tank” europeos más influyentes en la materia, asegura que Macrom ha planteado que “todos los que participen acudan con un anuncio para consolidar la idea de compromiso al máximo nivel acorde con la urgencia que requiere la acción frente al cambio climático”.

Ribera recuerda que el presidente francés es un exministro de Economía que venía de la banca, y entiende muy bien la (forzada) oportunidad económica de la lucha contra el calentamiento.

“Macron ha hecho del clima una prioridad de su agenda doméstica, europea e internacional porque sabe que es una cuestión geopolítica y de industria”, agrega Ribera, quien recuerda que Francia exige ya a las empresas cotizadas que reporten el riesgo climático de sus inversiones y sus estrategias para afrontarlas.

Vista de las delegaciones asistentes en Kioto (Japón) a la cumbre de la ONU sobre el cambio climático, en diciembre de 1997. AFP

Vista de las delegaciones asistentes en Kioto (Japón) a la cumbre de la ONU sobre el cambio climático, en diciembre de 1997. AFP

Veinte años después de la adopción del Protocolo de Kioto, la lucha contra un calentamiento cada vez más agravado es objeto de las mayores reuniones multilaterales que se celebran actualmente.

Frente al Acuerdo de París, Kioto sólo incluía obligaciones de reducción de emisiones para los países industrializados y ponerlo en marcha costó una década en tanto que en 1997 los países no sabían ni medir sus emisiones ni disponían de marcos regulatorios ni tecnologías para hacerlo.

Las cifras rebaten a quienes dicen que no sirvió para nada: las naciones ricas se comprometieron a bajar sus emisiones un 5 % respecto a 1990 entre 2008-2012, y la reducción final fue de más de un 20 %.

Ante la imposibilidad de lograr un nuevo tratado que le diera continuidad en la fallida cumbre de Copenhague, Kioto se prorrogó hasta 2020 mediante la llamada Enmienda de Doha, adoptada en la capital de Qatar en 2012.

Con los impactos del cambio climático más visibles, la evidencia científica sobre el fenómeno consolidada y las tecnologías más baratas y accesibles (la solar ha reducido su coste en un 90 % en una década), cerca de 200 países se comprometieron a cooperar para transitar hacia un mundo libre de emisiones en la segunda mitad de siglo mediante el Acuerdo de París.

Su objetivo es que la temperatura no suba más de 2 grados a finales de siglo, y si es posible no más de 1,5, y para ello los países presentan objetivos nacionales de lucha contra el cambio climático que se renovarán al alza cada cinco años.

Poner en marcha París costará menos de cinco años gracias al aprendizaje de Kioto.

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