Pinta con spray en gran formato, pero no es grafitera ni encaja con el arte urbano habitual. Su estilo es más cercano a la poesía visual y plasmó sus primeros murales gigantes en espacios rurales. Mireia Serra cambió en 2014 el diseño gráfico publicitario por la pintura en la calle y se convirtió en Lily Brik. Es la artista que está llenando edificios de las comarcas de Lleida de grandes mujeres que miran con convicción, fortaleza, calidez y ternura.

Es de Lleida, acaba de cumplir 28 años y ha sido seleccionada en el concurso Graffiti without Gravity de la Agencia Espacial Europea (ESA en sus siglas en inglés) en la sede de Noordwijk (Holanda). Si gana, tendrá la oportunidad de pintar en gravedad cero.

Cuando preguntó a los organizadores por qué la han escogido se llevó una sorpresa. La seleccionaron después de ver varios artículos sobre su arte en revistas internacionales especializadas, que la reseñaban sin ella saberlo entre los artistas emergentes más destacados.

Lily Brik. Lily Brik. (Cristina Carre/o / Archivo de Lily Brik.)

Asegura que es una casualidad haber llegado hasta aquí, que “la vida a veces es una broma y hay que estar muy atenta a lo que pasa”. “Soy de la generación perdida, sin apenas salidas laborales, me fui a Valencia y a Bruselas y acabé trabajando en cosas muy precarias. Volví a Lleida y encontré una imprenta que estaba a punto de cerrar y como conocía sus máquinas por mis estudios de diseño gráfico le pedí al jefe que me diera la oportunidad de reavivarla”, recuerda.

Efectivamente hizo revivir a la empresa con diseños de camisetas, gorras y otros productos. Un día uno de sus clientes, grafitero, le propuso ir con su grupo a pintar con spray a la canalización del río Segre. La propuesta inicialmente no le interesó, pero luego le divirtió y más tarde le apasionó, eso sí, cuando encontró su propia manera de pintar.

“Yo no sabía dibujar a gran escala y me dijeron que cogiera el spray. Dicen que es difícil entrar en el mundo del spray, que es un mundo de hombres, pero es mentira: me acogieron y me trataron como a una más. Es uno de los mejores recuerdos que tengo, de años atrás”, rememora.

'La noia del carreró' de Lily Brik, en Montgai ‘La noia del carreró’ de Lily Brik, en Montgai (Lily Brik)

Tanto le gustó que mientras trabajaba en la imprenta solo pensaba en pintar y en sorprender al grupo. Cuando salía de la imprenta se iba a buscar casas abandonadas y pedía permiso a sus propietarios para “practicar en sus paredes”.

“Se lo comenté a mi jefe y él me dejó una propiedad muy grande que tiene en Balaguer. Ese fue mi laboratorio, en el que durante dos meses me encerraba cada fin de semana pintando sin parar… La gente empezó a verlo, a hacer fotos y a pasarlas por el móvil”, recuerda.

Hasta que un día una de las personas que había visto su trabajo la llamó: “Me dijo que había visto trabajos míos por la huerta de Lleida y me contrató para pintar en un muro del Clot de la Unilla, un espacio natural protegido entre Almenar y Alguaire”. Pintó a Juliette, una bella mujer de melena pelirroja y mirada penetrante.

'Sol en un mar groc', de Lily Brik ‘Sol en un mar groc’, de Lily Brik (Archivo Lily Brik)

Y es que las miradas le gustan especialmente. Pinta enormes ojos porque dice que es dónde está la verdad de las personas. “Mis grandes murales acostumbran a ser miradas convencidas, con melancolía, con experiencia, con juego, cálidas, que cuesta mirarlas porque entran dentro del alma, son las miradas que nos cuesta más aceptar, pero son las más importantes. En general son mujeres porque son las que bajan más la mirada”.

De la prehistoria al espacio

Esos días está trabajando en El Cogul (Les Garrigues). En un muro de contención está reinterpretando la Roca de los Moros, un conjunto rupestre levantino del neolítico y el paleolítico, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Lily Brik en el Cogul. Lily Brik en el Cogul. (Carles Hernández)

“Los investigadores creen que podría ser obra de mujeres y que están representadas mujeres también; hay elementos para pensar que eran cazadoras y lo hacían todo”, explica la artista, mientras hace los esbozos de un trabajo que le llevará al menos dos semanas más. En la Roca dels Moros, “a largo del tiempo se han sumado artistas de otras épocas, hay por ejemplo trabajos de los íberos sobre el acuerdo de compra de unas tierras y de los romanos”, dice. “Lo he interpretado a mi manera”, reconoce. Mientra pinta en El Cogul empieza a pensar en su trabajo para el concurso de la Agencia Espacial Europea, para lo que está leyendo sobre sus investigaciones actuales y pasadas.

El pseudónimo de una musa

Ella entró en el mundo del diseño gráfico publicitario a través del trabajo que presentó en segundo de bachillerato. Le habían pedido un trabajo relacionado con el arte en un tiempo en el que leía novelas bélicas y buscó un artista que hubiera surgido en la Segunda Guerra Mundial. Encontró al fotógrafo Aleksandr Rodchenko. Dice de él que “tenía como musa a Lilia Brik, también musa de Vladímir Vladímirovich Mayakovski, una directora de cine de carácter muy fuerte e ideas muy claras que gustaba a hombres y a mujeres”. Centró en ella su trabajo, que gustó mucho a la profesora.

Cuando sus amigos le propusieron que buscara un nombre artístico no tuvo dudas: “La foto que Rodchenko hizo a Lilia Brik para los carteles de la revolución rusa obrera es una de las más utilizadas en publicidad y diseño”. “Supe que quería ser diseñadora gráfica publicitaria, me enamoró esa imagen y sigo pensado en ella como ejemplo a seguir por su fuerza y comunicación”, remacha.

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