Cerebro

Es un hombre discreto y modesto, a cada pregunta me advierte: “Eso no entra en mi campo de investigación”. Y yo le rebato: “Estamos hablando del cerebro, es usted mejor interlocutor que nadie que yo conozca por aquí”, y así le animo a conversar sobre las aptitudes y habilidades de nuestro querido cerebro, que tanto juguetea con nosotros. Y pasamos un buen rato de charla, y hasta especulamos con si los ordenadores soñarán un día con ovejas eléctricas o nos procurarán pesadillas. Mi cerebro, compasivo, le deja irse a impartir su conferencia en un ciclo en Cosmocaixa por iniciativa de la Fundació La Caixa y la Real Academia Europea de Doctores (RAED), de la que es miembro honorario.

A qué se dedica?

Investigo las sinapsis neurales: cómo se intercomunican las células cerebrales.

¿Y cómo se comunican?

Mediante descargas electroquímicas que establecen circuitos de información, entrelazando neuronas.

¿Me serán útiles sus investigaciones?

El conocimiento ofrece herramientas para solventar adversidades, como enfermedades neurodegenerativas hoy intratables.

¿Las curaremos?

Las paliaremos, seguro: cuanto más entendamos la vida neuronal, más avanzaremos.

¿Algún consejo para mis neuronas?

Dales estímulos, diversiones, intereses, curiosidades, actívalas con amenas conversaciones, haz cosas que te apasionen…

¿Qué le apasiona usted?

Ir al laboratorio a investigar, leer…

¿No se jubilará?

Un artista, ¿se jubila?

No.

Porque disfruta con lo que hace. Yo, igual.

¿Qué día supo que la ciencia era lo suyo?

De niño me atraía la naturaleza, sabía los nombres de las plantas del jardín, fabricaba pequeñas presas en un riachuelo, jugaba con el flujo del agua…

Eso lo hacía Leonardo, para dibujarlo…

Y desmontaba artilugios, relojes, para volver a montarlos, aunque sobrase alguna pieza…

¿Qué le decían sus padres?

Me lo permitían. Mi madre era profesora retirada, y mi padre era lechero. Un día leí un libro y una palabra del título me cautivó…

¿Qué palabra?

Cibernética.

¿Por qué le cautivó?

Me sonó muy sugerente, y así supe de la ciencia del control de los flujos de información de los sistemas, sea inteligencia biológica o artificial, del cerebro al ordenador.

¿Y eso le hizo científico?

Quise estudiar biofísica: entender los procesos cibernéticos sofisticados y complejísimos del organismo y del cerebro humano.

¿Muy diferente del de otros animales?

Básicamente son iguales. El cerebro humano tiene el córtex más grande, con más capacidad de abstracción. Y de anticipar sucesos.

Y también sabemos hablar.

El lenguaje es hijo de nuestra alta capacidad de abstracción. Y la compasión, la empatía.

¿La compasión es una función cerebral?

Sí, como las neuronas espejo, que nos impelen a imitar a nuestros congéneres, lo que facilita el aprendizaje socializador.

Nuestro cerebro es también habilísimo leyendo rostros, ¿verdad?

La concatenación de ciertas áreas cerebrales lo posibilita: miras un segundo el rostro del otro… y captas si está triste o agresivo, si te agrada o desconfías. Tu cerebro descodifica muchísima información muy rápidamente, es muy bueno en reconocimiento facial.

¿Dónde están hoy los mejores equipos en neurociencia?

En Estados Unidos. Y después en el Reino Unido, China, Alemania… y en España, también: Alicante, Sevilla… Durante un tiempo estudié en España, en la Universidad Autónoma de Madrid, e hice buenos amigos.

¿Y qué le cuentan sus colegas investigadores españoles?

Son buenos, pero carecen de recursos. Y les presionáis demasiado para que sus investigaciones tengan aplicaciones prácticas.

¿Qué consejo daría a un joven científico que lea esto?

Si ya has descubierto qué te pica más la curiosidad… ¡sigue tu pasión! Y vete donde te ayuden a desplegarla. Sea donde sea: ¡ve!

¿Qué avances neurocientíficos visualiza a 25 años vista?

Las adicciones serán derrotadas. Pero la gracia de la ciencia es que todo es posible, todo está abierto.

¿Habrá ordenadores tan inteligentes como el cerebro humano?

El cerebro es capaz de procesos simultáneos, en paralelo: funcionan todas las neuronas entrelazadas todo el tiempo, conexiones y procesos que quizás emulen un día ciertos ordenadores de tipo neuromórfico.

¿Hasta el punto de tener sueños, también, como los tenemos nosotros?

Quién sabe, quién sabe…

Porque un sueño, ¿qué es?

Son procesos electroquímicos que reactivan recuerdos, revisitas vivencias de la vigilia y se fijan en las estructuras de la memoria.

¿Sueña usted mucho?

A veces.

¿Cómo es un día normal de un premio Nobel?

Me levanto, desayuno…

¿Qué desayuna un premio Nobel?

Pan con mermelada, un café y un pedazo de pastel. ¡Y luego corro al laboratorio!

¿Y cómo lo ha compaginado con tener cinco hijos?

Gracias a mi esposa. Ella es bioquímica, microbióloga, la conocí en el laboratorio… y tras el segundo hijo, ella abandonó sus investigaciones para quedarse en casa.

Y quizá perdimos algún gran avance para la humanidad.

Quizá. Pero ella y yo volveríamos a hacerlo igual. Ella ha vuelto ahora a investigar…

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