Al Mismari aseguró que varias unidades del llamado Ejército Nacional Libio (LNA) conquistaron asimismo la localidad de Tarhuna

Fuerzas leales al mariscal Jalifa Hafter, el hombre fuerte de Libia, asumieron el control del aeropuerto internacional de Trípoli, que no opera desde hace años, anunció su portavoz, Ahmad al Mismari.

En declaraciones a los periodistas, Al Mismari aseguró que varias unidades del llamado Ejército Nacional Libio (LNA) conquistaron asimismo la localidad de Tarhuna, enclave de alto valor estratégico situado a 60 kilómetros al sur de la capital.

“La operación ‘Torrente de Dignidad’ no cesará hasta lograr todos sus objetivos militares. Responderemos a todo ataque contra nuestras posiciones”, recalcó.

La entrada por el eje sur de las fuerzas del mariscal, que controla la mayor parte del país, tuvo como respuesta bombardeos aleatorios de parte de las milicias afines al Gobierno respaldado por la ONU con sede en Trípoli.

Las milicias, sin embargo, no pudieron impedir que las fuerzas de la zona oriental de Libia sumaran en su avance otros objetivos, como las localidades de Qasr bin Ghashir, Wadi Al Rabi y Suq al Khamis, en el extrarradio sur de la capital.

En medio del conflicto armado, el enviado especial de la ONU para Libia, Ghassam Salem, declaró que la misión que él lidera mantiene su decisión de celebrar la Conferencia Nacional para la reconciliación prevista para el 15 de abril en la ciudad fronteriza de Ghadames.

Se trata de una conferencia a la que se oponía el propio Hafter y que debe servir para sentar las bases para la convocatoria de elecciones legislativas y presidenciales antes de final de año.

“Hemos trabajado durante un año para llevar a cabo esta conferencia nacional y no vamos a abandonar este trabajo político tan pronto”, afirmó.

Hafter, un antiguo miembro de la cúpula militar que contribuyó a que Muamar al Gadafi se hiciera con el poder en 1969, ordenó a sus tropas iniciar la conquista de Trípoli el jueves, con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en la capital, en un claro mensaje a la comunidad internacional.

Reclutado por la CIA en los años ochenta y convertido en uno de los principales opositores a Gadafi en el exilio, el mariscal regresó a Libia en marzo de 2011, un mes después de que estallara la revolución.

A principios de mayo de 2014, logró que el gobierno rebelde con sede en Tobruk le nombrara jefe del antiguo Ejército Nacional Libio (LNA) y meses después inició una operación bélica para lograr el control de las ciudades de Bengasi y Derna, que duró cerca de cuatro años y causó una enorme crisis humanitaria.

Además, conquistó los puertos de Sidrá y Ras Lanuf, corazón de la industria petrolera libia.

En febrero de este año se hizo con el control de las principales ciudades del sur del país y de los yacimientos de Al Sharara y Al Fil, en el oeste de Libia, claves para la supervivencia económica y energética de Trípoli.

De dominar la capital, solo le quedaría como gran enemigo la ciudad-estado de Misrata, principal puerto comercial del país, que ha enviado a sus tropas en auxilio del gobierno impuesto por la ONU en Trípoli en 2016.

Anoche, tanto el Consejo de Seguridad de la ONU como el G7 pidieron a Hafter, al que apoyan y arman Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, que ponga fin a la escalada de violencia, una petición que su portavoz castrense dijo hoy no escucharán hasta que alcancen todos sus objetivos militares.

Ayer, el propio Antonio Guterres abandonó Libia, tras reunirse con el mariscal y fracasar a la hora de convencerle en su cuartel general en Bengasi.


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