Los garajes comunitarios bajo los bloques de pisos construidos hace décadas se enfrentan a uno de sus mayores retos. Ya no es que las plazas dibujadas entonces se hayan quedado pequeñas frente a los vehículos familiares cada vez más grandes, sino que la fuente de energía utilizada por los coches del futuro obligará a acometer unas actuaciones de adaptación que en algunos casos pueden ser especialmente complicadas.

Deberán hacerlo tarde o temprano y no será por capricho. La Comisión Europea incluye en un paquete de medidas de impulso a la energía limpia la obligatoriedad de instalar puntos de recarga para el vehículo eléctrico en todos los edificios y aparcamientos tanto públicos como privados. La fecha límite establecida inicialmente es enero del 2021, si bien es cierto que aún deben aprobarse las directivas correspondientes y que el programa europeo establece medidas hasta 2030, por lo que todo ello puede flexibilizarse a lo largo de la próxima década.

Los constructores no incluyen la instalación de partida, pero la adaptación es sencilla

“El mercado no lo está haciendo, muchas promociones de obra nueva se están construyendo sin puntos de carga”, critica Jordi Marrot, responsable de la unidad de rehabilitación y medio ambiente del Col·legi d’Aparelladors, Arquitectes Tècnics i Enginyers d’Edificació de Barcelona (CAATEB), “así que sin medidas valientes, difícilmente el coche eléctrico se hará un hueco, y el cumplimiento de los objetivos euro­peos será inviable”. Aunque no los instalen de partida, la implantación en bloques de pisos de reciente construcción es relativamente sencilla ya que los contadores acostumbran a estar en la planta baja y hay conductos que permiten hacer las modificaciones pertinentes sin grandes problemas. El arquitecto técnico Roger Bancells explica que “desde la aprobación del Código Técnico de Edificación en el 2006 la instalación eléctrica está centralizada y es fácil pasar el cableado”.

Quien realmente lo tendrá difícil es el vecino del quinto que vive en una finca antigua con el contador eléctrico en el interior de su vivienda y la plaza de parking en una segunda planta subterránea. La técnica más habitual es la instalación de una línea desde el contador particular hasta la plaza de aparcamiento. En estos casos el coste y la dificultad técnica se disparan. Aun así, sigue siendo la opción generalmente utilizadma porque el coste del consumo y de la instalación repercute únicamente en el propietario del vehículo eléctrico y el resto de vecinos no tienen que pagar nada.

El coste y la dificultad técnica se disparan en bloques de pisos con el contador en el domicilio

Las otras opciones son la conexión a la línea comunitaria del aparcamiento –con lo que el coste de la recarga eléctrica lo pagan entre todos los vecinos aunque sólo lo use uno–, o la instalación de una nueva línea de suministro con un contador de potencia limitada para todo el parking y que solo pagarían los que estuvieran interesados. “Las opciones comunitarias financiadas entre todos los vecinos salen más a cuenta a nivel económico si la finca es muy antigua”, asegura Bancells.

La gran variedad de opciones y los complicados trámites que seguir ha provocado la aparición de empresas dedicadas exclusivamente a ello. El mismo paquete europeo en el que se incluye la futura obligación de adaptar todos los garajes comunitarios al vehículo eléctrico ve en el arranque de este nuevo tipo de movilidad como una fuente de generación de ocupación y riqueza. Jordi Marrot, del Caateb, lo ratifica: “Faltan instaladores técnicos y de energía solar, y en los próximos años habrá una gran demanda”. Marrot lo considera uno de los sectores profesionales más relevantes a medio plazo.

Un ejemplo de estas nuevas empresas es AparCar (Aparca y Carga), una compañía de Sant Cugat del Vallès que instala puntos de carga en las plazas de parking de los edificios de viviendas mediante un sistema de gestión comunitario con contadores y puntos de suministro individuales. “Un cable común recorre todos los pasillos del parking y queda listo para que los vecinos se conecten a él de forma fácil y económica si adquieren un vehículo eléctrico, con lo que se ahorra hasta un 40% respecto a una instalación individual”, destaca el director general de AparCar, Miquel Castro. Si bien el resultado final es que sólo paga quien consume, esta opción comporta un gasto inicial en la comunidad que no todos los vecinos están dispuestos a asumir.

A la disputa por la renovación del ascensor o las obras de mejora de la fachada, se incorporan las rencillas en las comunidades de vecinos por los puntos de carga. Administradores de fincas reconocen que es una inquietud creciente. Pese a las discusiones, lo cierto es que la ley ampara a los vecinos que quieran instalar un punto de carga en su plaza de parking, simplemente es necesaria una comunicación previa a la comunidad de propietarios.

Igual que con las fachadas o los ascensores, las ayudas públicas pueden ser el factor que incline la balanza hacia los favorables a la instalación eléctrica. La Generalitat, a través del plan estratégico para el despliegue de infraestructura de recarga para el vehículo eléctrico en Catalunya (Pirvec) financiaba el año pasado hasta el 75% de cada punto, con 1.000 euros como máximo por punto vinculado y hasta 2.500 euros en el caso de que fuese una preinstalación para futuros puntos en un garaje comunitario. El objetivo del gobierno catalán es que a finales del año que viene haya 25.000 enchufes funcionando. Fabricantes automovilísticos como Nissan también ofrece la instalación gratuita del punto de carga en el domicilio, ya que han detectado que la infraestructura de carga es uno de los aspectos que echan atrás a posibles interesados en dar el salto al vehículo eléctrico.

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