Las nuevas propuestas del sector aeronáutico encaminadas a reducir costes siempre llegan con polémica. La posibilidad de que las aerolíneas ofrezcan billetes a precios todavía más reducidos pasa invariablemente por optimizar el espacio y, en consecuencia, incrementar el número de butacas.

Compañías como Ryanair ya se apuntaron en el pasado a la propuesta de optar por asientos verticales. De hecho, su consejero delegado, Michael O’Leary, los comparó con taburetes y llegó a apuntar que, como en los autobuses, los cinturones de seguridad eran innecesarios ya que en caso de accidente no tendrían utilidad alguna. Por ello, el máximo responsable de la low cost irlandesa afirmó ya en 2009, que si la autoridad aeronáutica europea lo permitiera, estarían dispuestos a encargar nuevos aparatos adaptados.

Un año después, en 2010, una compañía italiana, Aviointeriors Group, presentaba el SkyRider (jinete del cielo), un diseño de butaca que se definía como el asiento más estrecho del mundo. La idea, aunque despertó cierto interés y, sobretodo, mucha controversia, no llegó a materializarse. Ocho años más tarde, la empresa ha descubierto en la Aircraft Interiors Expo de Hamburgo una versión actualizada.

Rebautizada como SkyRider 2.0 y en amarillo chillón en lugar del azul de la versión inicial, el diseño deja poco margen para la esperanza (y mucho menos para las extremidades inferiores). Y es que pretende meter un 20% más del aforo actual de las cabinas. Para hacerlo, propone una estructura que obliga al pasajero a sentarse en una posición casi vertical y reduce sustancialmente el espacio entre las piernas.

En concreto, y para hacernos una idea de la magnitud de la propuesta, la distancia entre asientos se reduciría de los 73,66 centímetros de EasyJet -la compañía que ofrece menos espacio en la clase económica- a 58,42 centímetros. Para el consuelo de los viajeros y por motivos obvios, Avioninteriors ha anunciado que este diseño se limitaría a vuelos cortos.

Para que iniciativas como esta se conviertan en una realidad, deberán superar numerosas exigencias de las autoridades de aviación civil

Según declaraciones de los diseñadores del SkyRider 2.0 al británico The Telegraph, “se trata de un asiento innovador, ya que permite que la cabina del avión asuma una densidad ultra alta aprovechando al máximo el espacio entre el piso y el fuselaje”, todo ello sin afectar “la comodidad adecuada”.

En el mismo rotativo, un bloguero especializado en viajes del portal norteamericano The Points Guy presente en Hamburgo contradice esta opinión al afirmar que probó el prototipo y permaneció “durante diez minutos en la butaca con las rodillas clavadas en el respaldo del asiento delantero”, algo que, a todas luces, “no resulta confortable”.

Más allá de opiniones contrapuestas, para que iniciativas como esta acaben convirtiéndose en una realidad, antes deberán superar numerosos obstáculos y exigencias por parte de las autoridades de aviación civil. El futuro todavía es incierto.

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