Rosa María Miras aún hoy se arrepiente del desafortunado comentario que publicó sobre Inés Arrimadas. Esta badalonesa de 42 años deseó en un momento de ira que “violaran en grupo” a la líder de Ciutadans. Esas palabras escritas en Facebook tuvieron una gran repercusión cuando la candidata a la Generalitat las denunció públicamente. Ahora ha salido a la luz la condena después de que aprobada antes de Navidad.

En la sentencia, previo pacto entre las partes, se dictamina que Rosa María acepta la pena de cuatro meses de cárcel, aunque queda en suspensión a condición de que no cometa ningún delito en los próximos dos años. “Hasta por una simple multa de tráfico podría entrar ahora en prisión”, cuenta esta catalana a La Vanguardia. “Nunca había escuchado un condicionante así la verdad”.

Rosa María acepta la sentencia

Además, a consecuencia de la “burrada” que escribió – ella misma la definió así cuando se disculpó públicamente en este diario– deberá hacer un curso de 30 horas. “Se supone que me enseñarán a aceptar a los que no piensan como yo y ya está”, comenta.

Acepta y le parece bien la sentencia, pero Rosa María cree que no se hubiera llegado a esta pena de cárcel de no haberse tratado de un ataque a un personaje público. “Otros han hecho cosas como la mía o peores y no ha pasado nada. Ni llegan a los medios ni tienen repercusión como tuvo lo mío”, opina esta catalana.

Inés Arrimadas hizo público en sus redes sociales el comentario donde la insultaban y le deseaban una violación grupal Inés Arrimadas hizo público en sus redes sociales el comentario donde la insultaban y le deseaban una violación grupal (Twitter)

Se arrepiente de aquel desagradable comentario y trató de disculparse personalmente con Inés Arrimadas. No pudo ponerse en contacto con ella, pero sí que conversó con su jefa de gabinete. “Le pedí perdón –afirma Rosa María- y me dijo que lo aceptaban y lo tendrían en cuenta, pero luego cuando llegó la hora de ratificar la denuncia la ratificaron”.

Por aquel incidente perdió su trabajo en una compañía que la contrató a través de una Empresa de Trabajo Temporal (ETT). Desde entonces no ha vuelto a trabajar, pero parece que el calvario llega a su fin y ya ha tenido su primera propuesta laboral.

Otra consecuencia de sus desafortunadas palabras fue las amenazas que le llegaron por las redes sociales. Ella optó por desaparecer de internet, pero aún así tenía miedo de que le pudiera pasar algo a ella o a su familia al ir por la calle. “Gracias a Dios eso acabó. Ni me agredieron ni nada, el tema se calmó sin incidentes y no presenté ninguna denuncia por las amenazas. Lo dejé estar porque no quería removerlo más”, sentencia Rosa María, que quiere olvidar cuando antes la que fue su última publicación en Facebook.

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