Tras una vida trabajando como guarda fronterizo, el pensionista noruego Frode Berg había puesto grandes expectativas en su jubilación. Pero el pasado 5 de diciembre sus planes se fueron al traste. Se hallaba en Moscú realizando un supuesto viaje de placer cuando las autoridades rusas le arrestaron, acusándole de espionaje.

El caso despierta muchas dudas. No sólo por el perfil poco común del acusado, de aspecto bonachón y aparentemente inofensivo. Sino también por la amplia y sesgada cobertura mediática que su detención ha recibido en Rusia. Tras su arresto, el propio Putin habló de un considerable aumento del espionaje extranjero en el país, detallando que, el año pasado, 469 individuos fueron acusados con estos cargos, 30 más que el año anterior.

En el lado occidental, en cambio, gana terreno la teoría de que el servicio de contraespionaje ruso podría haber fabricado algunos de estos casos a fin de aumentar la tensión y volver a instalar un clima propio de la guerra fría.

En cuanto a Berg, concretamente, quienes le conocen sospechan que podría haber caído en una trampa. Los rusos le arrestaron cuando se disponía a mandar por correo un sobre lleno de dinero. Según la acusación, el paquete iba dirigido a una espía apodada Natalia y también contenía información sobre la flota naval rusa.

Él, sin embargo, sostiene que sólo quería hacer un favor al amigo de un conocido noruego que le dio 3.000 euros para que se los mandara a la tal Natalia desde Rusia. Accedió porque enviar dicha cantidad es completamente legal.

Berg lleva ya cuatro meses aislado en la cárcel de alta seguridad de Lefortovo y se niega a revelar la identidad de sus contactos.

Frode Berg fue arrestado en Moscú cuando mandaba un sobre con dinero para una tal Natalia

En un artículo publicado a principios de febrero, el diario estadounidense The Washington Post señalaba que su abogado está intentando averiguar si dichas personas estarían ­realmente conectadas con los servicios de inteligencia noruegos o si, por el contrario, podrían formar parte de un plan ruso para arrestarle y provocar un incidente internacional.

Kirkenes, la pequeña localidad del norte de Noruega donde vivía el jubilado “está bajo shock y muy entristecida”. Lo asegura a La Vanguardia Michael Miller, de Pikene på Broen, una asociación que se dedica al intercambio artístico y cultural entre Rusia y Noruega y a la que pertenece el propio Berg.

Miller, que trabajaba con él y le conoce personalmente, considera “surrealista y muy extraño” lo ocurrido. “Frode estaba muy implicado en la vida del pueblo. Era una pieza clave en la organización de nuestro festival y se encargaba de muchos aspectos logísticos. En la edición de este año, que se celebró en febrero, le hemos echado mucho de menos”, señala.

En Kirkenes todo el mundo ha seguido el caso con incredulidad. Amigos y familiares han puesto en marcha un grupo de apoyo para recoger fondos y ayudarle a cos­tear los gastos legales o la estancia de sus allegados en Moscú. Se han organizado manifestaciones e incluso una exposición sobre él.

Este pueblo fronterizo de poco más de 3.500 habitantes se halla a sólo 15 kilómetros de Rusia. Berg llegó en 1975, en plena era soviética, como oficial del ejército. Tras la caída del muro, pasó a formar parte del cuerpo de guardas de frontera, para el que trabajó durante 24 años hasta que en el 2014 se jubiló.

A partir de entonces, se había mostrado muy activo en distintas asociaciones humanitarias y culturales. Presidía el consejo de la iglesia luterana local, colaboraba con la Cruz Roja y muchos evocan el entusiasmo con que trabajaba para construir puentes con Rusia.

Quizá su interés por el país vecino fue lo que le convirtió en presa fácil para una misteriosa operación de espionaje. O quizá, simplemente, Berg no era quien parecía ser.

En cualquier caso, su situación podría verse perjudicada por la decisión de Noruega de expulsar un diplomático ruso en protesta por el reciente envenenamiento del doble agente Serguéi Skripal y su hija en el Reino Unido. Para la ministra de Exteriores, Ine Eriksen Søreide, este nuevo episodio no debería interferir en la causa contra el jubilado. Aunque la familia de éste no lo tiene tan claro.

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