El mapa electoral de España se rompe. Y es posible que, una vez más, Catalunya tenga mucho que ver en ello. No en vano, el partido que ha venido experimentando un mayor avance en sus expectativas de voto –ya incluso antes de su éxito en las autonómicas del 21 de diciembre– es Ciudadanos, la formación liberal nacida en Catalunya como principal antagonista del catalanismo y el nacionalismo. Sin embargo, lo más relevante de la deriva que reflejan las últimas estimaciones de voto del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), realizadas a lo largo de este otoño, es el incremento de la fragmentación electoral y parlamentaria a costa del retroceso o el estancamiento de los dos grandes partidos tradicionales: PP y PSOE. Paralelamente, y aunque a través de un deterioro muy lento, también pierde gas uno de los partidos revelación del 2015, Podemos (ahora Unidos Podemos tras su coalición con IU), que cede casi tres puntos en cuota electoral y un mínimo de 12 escaños (que podrían llegar a 16 según como se resolvieran los restos en varias provincias). Es decir, en línea con su descenso en Catalunya.

El CIS refleja el estancamiento de PP y PSOE

Ahora bien, es el espectacular avance de Cs lo que altera profundamente el mapa parlamentario español. La formación que capitanea Albert Rivera mejoraría hoy su resultado del 2016 en más de cuatro puntos, lo que podría traducirse en un incremento de entre 24 y 27 escaños (ver gráfico). El “extremo centro españolista” que encarna Cs se pondría a la par que la izquierda radical de Unidos Podemos, que cosecharía menos de 60 escaños. Y lo más destacado: el crecimiento de Ciudadanos –en votos y diputados– se produciría a costa del Partido Popular. Los populares –que parecían volver al cielo hace un año cuando la proyección del CIS los situaba en torno a los 150 escaños– perderían ahora entre 20 y 25 asientos con relación a los que obtuvieron en junio del 2016. Es decir, más del 80% de los que sumaría Ciudadanos y un eco amortiguado del naufragio popular en el escenario catalán.

La izquierda, por su parte, vería reducido su capital parlamentario hasta poco más de un total de 150 escaños. La tímida recuperación del PSOE (incluso aunque fuese algo superior a la del PSC el 21-D o a la que le brinda la estimación oficial del CIS y que podría situar al socialismo por encima del 25% de los sufragios) apenas le serviría para mejorar su resultado del 2015 (sólo entre tres y seis escaños más, aunque supondrían entre ocho y 11 más que en los comicios del 2016, pero sin superar en ningún caso la barrera de los cien diputados).

El espectacular avance de Cs se contrapone al estancamiento de la izquierda

De hecho, los socialistas se limitarían a absorber gran parte de las pérdidas de Podemos, aunque Cs lograría arañar también alguno de los escaños perdidos por la formación morada. De ese modo, la actual correlación entre centro derecha e izquierda (con 169 diputados para PP y Cs, y 156 para PSOE y Podemos) podría verse sustituida por una mayoría reforzada (absoluta incluso) de populares y Ciudadanos. PP y Cs sumarían hasta 177 escaños (aunque su cómputo total podría quedarse por debajo de los 174) frente a los entre 148 y 155 que reunirían Sánchez e Iglesias.

En cualquier caso, junto al pírrico avance del PSOE y la contracción de la izquierda en su conjunto, el factor que completa la imagen de fragmentación del mapa parlamentario español lo generaría el retroceso del PP. Con un descenso de 5,3 puntos (que podrían ser casi seis según otro “cocinado” del voto directo del CIS), el partido de Rajoy se movería en una horquilla en torno a los 117 escaños, con un máximo de 120 pero un mínimo de 112. Es decir, en ese escenario los populares podrían perder incluso su capacidad de vetar una reforma constitucional en el improbable supuesto de que el resto de la Cámara se pusiera de acuerdo en una propuesta.

Sólo el avance del espacio de centro derecha a través de Ciudadanos conjuraría el fantasma de la ingobernabilidad

En consecuencia, sólo el avance del espacio de centro derecha a través de Ciudadanos (cuyo porcentaje de voto podría crecer hasta seis puntos según otra estimación del mismo sondeo) conjuraría el fantasma de la ingobernabilidad. Eso sí, a un precio políticamente muy elevado.

Por un lado, el viraje de Cs hacia el centro derecha y su inocultable ambición de disputarle la primacía al PP en ese espacio, alejan la posibilidad de una alternativa de centro e izquierda, con el PSOE como socio (tal y como ya ensayaron Pedro Sánchez y el propio líder de Cs en la primavera del 2016). Es decir, el liberal Rivera se ha condenado a apoyar a los populares, aunque los réditos facturables de ese respaldo pueden crecer en la misma medida en que Ciudadanos se convierta en único socio posible del PP (y competidor directo) para sumar la mayoría absoluta en el Congreso.

Finalmente, y por otro lado, el inaplazable diálogo territorial (con Catalunya como principal asignatura pendiente) podría verse dificultado si un partido neocentralista como Ciudadanos se convirtiese en la única llave de la mayoría absoluta. Sobre todo si, como parece, la formación de Rivera explota los conflictos territoriales para arrebatarle votantes al PP por el flanco más españolista.

EL VOTO DECLARADO, CIS OCT 2017 EL VOTO DECLARADO, CIS OCT 2017 (Josep Ramos)

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