El año 2016 fue un año seco. Al despedirlo teníamos las reservas de agua cuatro puntos por debajo de la media y en la mayoría de las comunidades ya se habían disparado las alarmas por sequía. Pero lo más inquietante era que las previsiones apuntaban a que 2017 podría ser peor. Y se cumplieron.

En 2017 ha llovido la mitad que en 2016. No solo ha sido el año más seco del presente siglo sino uno de los más secos del último siglo. Como resultado arrancamos 2018 con los embalses casi veinte puntos por debajo de la media.

Las reservas de agua están al 38% a nivel estatal, y en muchas comunidades están al límite. En La Rioja, Castilla-La Mancha y Región de Murcia los pantanos apenas alcanzan el 18% de su capacidad. En la Comunidad Valenciana no llegan al 24%. En Castilla y León llevan meses por debajo del 30%. Y lo más inquietante es que, según todos los pronósticos, el año próximo podría ser otra vez peor.

Por todo ello deberíamos dejar de mirar al cielo con los dedos cruzados y aprovechar algunas oportunidades de abastecernos de agua potable que estamos desestimando. Como por ejemplo la que nos ofrecen las estaciones depuradoras de aguas residuales.

La recuperación de las aguas residuales para incorporarlas de nuevo al abastecimiento urbano no es ninguna novedad. En algunas de las ciudades más avanzadas del mundo, como Los Ángeles o Singapur, llevan años aprovechándolas. Es el agua regenerada: una opción que permite cerrar el ciclo del consumo facilitando un uso circular del recurso que garantice el abastecimiento.

En El Prat de Llobregat se encuentra la depuradora del Baix Llobregat, la más grande de España y una de las más avanzadas de Europa. Equipada con la última tecnología, presta servicio a la gran Área Metropolitana de Barcelona y puede tratar 420 millones de litros al día, el equivalente a las aguas residuales de dos millones de habitantes.

Gracias a su sistema de tratamiento terciario el agua es microfiltrada y desinfectada por lo que, al estar libre de patógenos, puede ser reutilizada para todo tipo de usos. Pero es que además, la planta cuenta desde hace unos años con un sistema cuaternario que la somete a un filtrado todavía más exhaustivo y a un tratamiento de ósmosis que la convierte en un agua regenerada de alta calidad, desde luego muy superior a la que entra en las potabilizadoras para abastecer nuestros grifos.

Sin embargo estamos desaprovechando todo ese potencial, todas esas reservas. La instalación tiene actualmente una capacidad de regeneración de más de 300.000 millones de litros diarios, pero solo se están regenerando 60 millones de litros que se quedan en la propia planta. La pregunta es ¿a qué estamos esperando para reaprovechar toda esa agua?

Uf, beber agua de depuradora, no sé yo -pensarán muchos-. Pero es que no se trata de eso. En el caso de la depuradora del Baix Llobregat el agua regenerada puede ser conducida por unas tuberías (ya construidas y actualmente llenas de telarañas) hasta 15 kilómetros aguas arriba del río, a la altura de Molins de Rei, para verterlas allí al cauce. Una vez mezcladas con las aguas del río ya no existen diferencias.

Luego esa agua del río a la que hemos añadido el agua regenerada es captada por la potabilizadora que hay corriente abajo, en Sant Joan Despí donde, tras ser potabilizada, se incorpora a la red de abastecimiento que llega a nuestros grifos. Círculo cerrado.

En el caso de los acuíferos, inyectarles el agua regenerada de la depuradora puede ayudar a prevenir una de las mayores amenazas en época de sequía: la filtración de agua de mar, que echaría a perder sus reservas.

Si los pronósticos se cumplen, la sequía persiste y nuestros embalses siguen menguando, va a ser necesario recurrir al comodín de las depuradoras para que, una vez regeneradas, sus aguas puedan proveer a las potabilizadoras y convertirse en agua de boca.

Si lo logramos, si cerramos ese círculo, daríamos un gran paso para evitar las restricciones. ¡Ah! y a un coste tres veces inferior al que nos cuesta tratar el agua de mar en las desalinizadoras.

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