La decisión de Sánchez de imponer un solo debate abre una grave crisis en TVE y lo sitúa a la defensiva en la campaña

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El presidente del Gobierno y candidato socialista, Pedro Sánchez, ha diseñado una campaña plana, sin sobresaltos, para que sean los demás candidatos los que cometan errores en un contexto que le es favorable. El plan consiste en mantener esa primera posición que le auguran todas las encuestas y que sean sus rivales de la derecha -y el precedente de la abstención en Andalucía- los que contribuyan a movilizar a su electorado. El guión se había seguido a rajatabla durante los primeros días de la campaña en que dirigentes del Partido Popular y de Vox lanzaron durísimos ataques contra el candidato socialista, que evitó entrar al barro, enfundado en su traje de presidente, también en los mítines. 

Así transcurrió también el primer debate electoral, en el que participaron los segundos espadas de los partidos, emitido el pasado martes en TVE y en el que el PSOE, a través de su candidata María Jesús Montero, evitó confrontar con quien ve como socio prioritario, Unidas Podemos, representada en ese debate por Irene Montero.  

Siguiendo esa filosofía de adoptar un perfil bajo que según los trackings internos le hacía incrementar su ventaja sobre sus rivales, Sánchez había elegido participar en un único debate televisado que retratase juntas a las tres derechas: PP, Ciudadanos y también Vox. Fue el formato que propuso Atresmedia, del grupo Planeta, que concentra a las televisiones Antena 3 y La Sexta. El candidato socialista tenía también una oferta de Televisión Española, que desechó, para un debate a cuatro en el que no estaba la extrema derecha.

Todo eso cambió este miércoles con la decisión de la Junta Electoral Central. Los ocho magistrados del Tribunal Supremo y cinco catedráticos que ejercen de vocales decidieron que Santiago Abascal no podía sentarse en ese plató porque su partido no dispone de representación. Tras la negativa de la Junta Electoral, el organismo que trata de garantizar la transparencia y objetividad en tiempos de campaña, el grupo Atresmedia planteó un nuevo formato con cuatro candidatos, el mismo día que ya tenía previsto el otro debate, el martes 23. TVE, por su parte, mantuvo su oferta con los cuatro líderes el día 22, tal y como había planificado.

Y ahí, ante dos formatos idénticos, el presidente del Gobierno eligió el de la televisión pública, mientras el resto de líderes lo presionaban para celebrar dos debates consecutivos, el próximo lunes y martes. El líder socialista se comprometió a acudir al de TVE pero cambiándolo de fecha, pasándolo del lunes al martes, según su versión porque este era el día que los partidos y también su equipo habían reservado para el debate original. 

Este miércoles, TVE explicó que su fecha prevista era el 22, pero que podía celebrarlo en fechas posteriores si los partidos lo acordaban. Pero este jueves por la mañana, la dirección de RTVE sacaba un comunicado público en el que se ofrecía a acoger el debate el martes 23, la fecha elegida por Sánchez, la misma que había señalado desde el principio Atresmedia. 

Tanto Partido Popular, como Ciudadanos y Unidas Podemos salieron en tromba a criticar a la televisión pública alegando que nadie desde TVE les había consultado el cambio de fecha y que ese movimiento de la televisión pública demostraba que se había puesto al servicio del PSOE. Tanto Pablo Casado como Albert Rivera y Pablo Iglesias se habían comprometido a participar en el formato de Atresmedia según ha informado La Sexta, con la condición de que o participase Sánchez o se dejase su atril vacío, nunca con otro representante socialista.

En esas estábamos este jueves cuando irrumpieron los Consejos de Informativos de RTVE, los comités profesionales que velan por la independencia de la televisión y la radio pública, para criticar a la dirección por el cambio de fecha. «RTVE debe apostar por la imparcialidad y no ajustar su programación a la propuesta de un único partido político, sea el que sea», señala esa nota que apunta directamente a la presidenta de la corporación, la periodista Rosa María Mateo. 

El presentador del último debate electoral celebrado el pasado martes y director de Los Desayunos, Xabier Fortes, también salió públicamente a criticar la decisión de Mateo a través de un tuit en el que lamentaba que su decisión pusiera en duda «la independencia» de los medios públicos.

También el presentador de la segunda edición del Telediario, Carlos Franganillo, estos días de vacaciones, se mostró muy crítico en Twitter con la decisión de cambiar la fecha del debate. 

Los programas de noticias de TVE emitieron durante todo el día la noticia de la protesta de los Consejos de Informativos contra la decisión de la dirección del ente. Y en la segunda edición del telediario, la editora adjunta y presentadora, Ana Roldán, informó de que «la dirección de informativos se desvincula de la decisión de la administradora única [Rosa María Mateo] de cambiar la fecha del debate».

El asunto ha abierto un grave cisma en la corporación de medios públicos y deja a  Mateo en una situación muy delicada cuando faltan 10 días para las elecciones generales.  

La polémica sirvió a Pablo Casado para equiparar la situación de España con Venezuela. Mientras, desde Ciudadanos y Unidas Podemos, cargaban contra el uso partidista de la televisión pública. Pablo Iglesias pidió a Rosa María Mateo que rectificase. 

Los informativos de Atresmedia arremetieron contra la decisión de Sánchez de elegir la misma fecha para debatir pero en la cadena pública. Los periodistas que dirigirán el debate de Atresmedia, Vicente Vallés y Ana Pastor, invitaron en el programa Al Rojo Vivo al presidente a acudir a su formato y a cualquier otro que se pueda plantear. «Sorprende que los otros partidos que no son el PSOE no hayan sido consultados por TVE», ha recalcado Pastor.

Sánchez insistió durante toda la jornada en que él acudirá al debate que programa TVE el día 23, y que corresponde al resto de partidos decidir si eligen la cadena pública. Lo dijo incluso en una entrevista en Onda Cero, la radio del grupo Atresmedia, durante la tarde del jueves.

«Sabéis que nosotros siempre hemos querido participar en todos los debates, lo que no puede ocurrir es que primero se desprecie una televisión pública y después se utilice como un apéndice del Gobierno», dijo la número dos de Unidas Podemos, Irene Montero. En la misma línea, Albert Rivera, calificó como «un escándalo que Sánchez use a la televisión pública para salirse con la suya». Casado replicó al presidente del Gobierno: «Esto no es Venezuela…conmigo que no cuenten, iré el 22 a TVE y el 23 a Antena 3, a mí no me marca la agenda el señor del Falcon». Desde el partido de Santiago Abascal aprovechan la ausencia del debate, que sus dirigentes celebran en privado como una buena noticia, para alentar su victimismo sobre la «exclusión de Vox» y programar mítines a la hora del debate. 

La polémica sobre el debate ha cambiado el guión de la campaña, ha roto los bloques -izquierda y derecha- y por primera vez sitúa a Sánchez a la defensiva, acuciado por la presión de los otros tres candidatos que mantienen su idea de acudir al debate de Atresmedia, los trabajadores de TVE y el propio grupo Atresmedia, que amenaza con dejar su escaño vacío si el candidato socialista no acude o decide enviar a otro dirigente del partido. En una situación similar, en 2015, en la que Mariano Rajoy decidió no participar, Atresmedia invitó a Soraya Saénz de Santamaría. 

En las filas socialistas admiten cierta preocupación ante esta situación y temen que se les acabe por volver en contra, aunque defienden la posición que han mantenido hasta ahora. «No tiene sentido hacer dos debates consecutivos -reflexiona un destacado dirigente-. Nos dan palos por no ir a la pública y ahora esos tres se van a la privada».

La presencia de Sánchez en los debates generó discusión entre Ferraz y Moncloa entre quienes eran partidarios de dejar fuera a Vox y optar directamente por la cadena pública en el debate a cuatro -el núcleo duro de Sánchez en el partido- y los que apostaban por introducir a Santiago Abascal para escenificar a las tres derechas de la foto de Colón contra Sánchez -su jefe de gabinete, Iván Redondo-. Se impuso la tesis de este último hasta que llegó la decisión de la Junta Electoral Central. 

Algunas fuentes socialistas consultadas muestran su malestar, además, con la actuación de Atresmedia, por la presión que ejerce sobre Sánchez y a la que se han sumado los tres rivales. «Ya lo tuvo en contra en las primarias -recuerda un dirigente próximo a Sánchez sobre la posición del Grupo Planeta- y no le fue nada mal». En las filas socialistas otros dirigentes tratan de restarle importancia a la polémica: «No creo que haya muchos votos que dependan de esto».



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