Se llama Puerta Cerrada porque solía estar cerrada. Antigua entrada a Madrid por la muralla que la rodeaba, donde resistían los cristianos en su larga guerra contra los árabes, si lo estaba es porque por allí no andaban precisamente los elementos más recomendables de la sociedad madrileña de la época y la zona era conocida por sus maleantes y tunantes. Al parecer, esperaban a los incautos que salían por allí para tomarles el pelo.

En la encrucijada entre la calle Cuchilleros, Segovia y al arranque de la Cava Baja, la imponente cruz es un vestigio con varios siglos a sus espaldas porque allí sigue desde el siglo XVI. Fue la única que sobrevivió al edicto de 1805 promulgado por el alcalde José de Marquina Galindo, en el que ordenaba retirar todas las cruces de la ciudad. No lo hizo por un espíritu laicista sino porque de esta manera quiso evitar que fueran profanadas.

La cruz fue levantada al derribarse las murallas

La propia cruz es un pedazo escultura de varios metros que por lo visto fue levantada al derribarse las murallas. Un grabado del siglo XVI de Antonio de Wyngaerdae sitúa una puerta con forma de arco de medio punto y flanqueada por dos torreones. Cuando cayó, se erigió esa cruz, como había muchísimas por toda la ciudad. Al parecer, si se salvó de la destrucción masiva de cruces, fue porque servía como abrevadero y fuente y era necesaria.

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