EL POLITIKO

SIN CENSURA

La agridulce tranquilidad del PP valenciano

El PP valenciano lleva años queriendo dejar de ser noticia; no sólo en los informativos de los medios de comunicación de ámbito estatal, también en la dirección del partido, que estableció un “cordón sanitario” con el caso de los trajes de Francisco Camps. Diez años de casos de corrupción y múltiples afectados – imputados, procesados, encarcelados – son un lastre que hace difícil identificar a esta formación con algo más que no sean instrucciones, investigaciones o sentencias. Incluso hace unos meses, cuando todo parecía tranquilizarse, llegó Ricardo Costa para subrayar ante la Audiencia Nacional lo que ya era un relato alimentado y machacado durante una década.

El reciente cónclave de Sevilla del PP español ha confirmado que ahora esta fuerza, hegemónica en el pasado, tiene otras y graves cuestiones de las que preocuparse fuera de la Comunidad Valenciana. Realidad que encuentra su correspondencia en la atención de los medios de comunicación, focalizados en, principalmente, destapar las miserias del inexistente master de Cristina Cifuentes y en recordar que la justicia alemana le ha dado, por decirlo suavemente, un fuerte correctivo a la justicia española en el caso Puigdemont. Con no pocas connotaciones en la línea política del Gobierno Español respecto al independentismo catalán.

El PP valenciano ha dejado de ser noticia, de momento, por los problemas de la matriz nacional

No son las únicas razones de esta aparente tranquilidad o relajación, tras años de dura travesía del desierto, del PP valenciano. El auto de la juez valenciana que ha investigado las cuentas del PSPV y del Bloc en las campañas del 2007 y 2008 clarifica algunos márgenes de todo lo divulgado por El Mundo , y sigue ofreciendo muchas sombras del pasado. Tantas, que más allá de las declaraciones políticas de los líderes de ambos partidos, la inquietud es intensa; y alcanza al Gobierno del Botànic. El tercer socio, Podemos, observa el caso tanto como un problema como una oportunidad para marcar distancias. Las elecciones del 2019 están cada vez más cerca.

Porque en el ecosistema político valenciano los términos del debate han variado, y mucho. Ahora se hace difícil a algunos líderes del PSPV y de Compromís esbozar la corrupción del PP con la misma seguridad que hace unas semanas. Lo que no debería infravalorarse, porque ha sido principal argumento de combate de la izquierda: “nosotros somos honrados”, es el mensaje que sirvió para contrastar proyectos políticos en el 2015. Esa “honradez” es, como ya se apuntaba en esta sección, el principal valor de una izquierda para mantener acotada en la oposición a la derecha. Defenderla, es decir, aclarar pronto las cosas y ser contundentes ante las evidencias, es fundamental, para el PSPV y para el Bloc.

Ahora se hace difícil a algunos líderes del PSPV y de Compromís esbozar la corrupción del PP con la misma seguridad

Isabel Bonig y Eva Ortiz pueden ahora ganar un poco de espacio en la política valenciana, aunque eso no signifique que la formación que gestionan tenga grandes posibilidades de recuperar el capital electoral perdido en el 2015. La crisis de Cifuentes daña tanto la marca en España como en València (al respecto, las siglas del PP parecen cada vez más deterioradas). Una debacle de los populares en Madrid, por la incapacidad de este partido para gestionar la crisis de la presidenta autonómica, puede acabar empujándolo a los márgenes de la oposición, o entregándolo a los objetivos de Ciudadanos, no sólo en esta comunidad, también en España.

Ocurre que mientras todo esto sucede, en el PP español lo que menos preocupa ahora, y tal vez durante un tiempo, es lo que necesita la marca en València. Un buen conocedor de la cocina popular valenciana me reconocía que “somos un partido sometidos a los caprichos del PP mesetario”. Hay, en este sentido, temor a que se alargue en exceso la elección de un candidato o candidata a la alcaldía de València, a formar equipos en otras grandes ciudades, para recuperar el voto urbano que parece decidido a apostar por Ciudadanos. Y es justamente Ciudadanos la mayor incomodidad de un PP valenciano que ya elabora, con excesivo optimismo, escenarios futuros de posible recuperación de las instituciones con el concurso del partido de Albert Rivera.

La crisis de Cifuentes daña tanto la marca en España como en València (al respecto, las siglas del PP parecen cada vez más deterioradas)

Pero todo esto, de suceder, será dentro de unos meses. Ahora, el PP valenciano, si no acaba siendo víctima de su propia estrategia en el caso de los papeles del PSPV y Bloc, puede sentirse un tanto aliviado al sufrir menos presión de la opinión pública y de su propio partido. Situación balsámica que puede llevar a la confusión: el partido está con grave riesgo de sufrir una fuerte debacle en el 2019.

En este último trayecto, Isabel Bonig tiene, eso sí, algún material inflamable para encender su espontánea vehemencia (muy controlada en el último pleno de las Cortes Valencianas). Pero para reconquistar instituciones hará falta mucho más a un partido que debe comenzar a entender que la sociedad valenciana, como la española, está cambiando a una velocidad de vértigo, y que lo que más desea es recuperar una calidad de vida perdida en paralelo a cómo estallaban los casos de corrupción del PP. En ese terreno, los partidos del Botànic aún tienen mucha ventaja, de momento.

El PP valenciano mira de reojo a Ciudadanos y entiende que si puede recuperar alguna institución será con el partido de Albert Rivera

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