Jordi Amat (Barcelona, 1978) acabará convirtiéndose en uno de los mejores biógrafos de la política catalana. Su obra rebusca en la condición humana para dar una explicación a los acontecimientos políticos. Ya es una voz relevante para entender dónde estamos y quién nos ha traído hasta aquí. De ahí su último trabajo: La confabulación de los irresponsables (Anagrama. Nuevos cuadernos. 100 páginas).

Sugiere usted que los males que nos aquejan proceden de no menos de tres errores, de tres irresponsabilidades.

Sí. Si no recuerdo mal, señalo el momento elegido para iniciar la reforma del Estatut. [El tripartito de Pasqual Maragall promovió la reforma en el 2003]. En segundo lugar el recurso y la sentencia del Constitucional [El grupo parlamentario del PP interpuso el recurso en el 2007 y la sentencia es del 2010] y por último la noche electoral del 27 de setiembre [en el acto de Junts pel Sí en Barcelona, en septiembre del 2015 en el Born] cuando los independentistas no leyeron bien los resultados de las elecciones y decidieron iniciar su escalada.

Sorprende que alguien cuyo trabajo se ha centrado en resaltar la huella humana de la política haga un libro tan poco transigente con los errores de los políticos

Entiendo la idea. Tal vez. Los políticos son tan humanos como cualquiera. Pero yo creo que los que nos dedicamos a analizar la política no hemos sido suficientemente exigentes en la demanda de responsabilidades ante esos errores.

Ergo, también los intelectuales han fallado en el proceso.

Tengo la impresión de que no lo hemos hecho por miedo a alejarnos del discurso instalado. Nuestra función es explicar lo nos parece incorrecto, naturalmente eso no significa que quien diagnostica no se pueda equivocar. Esto está escrito cuando está escrito, con la sensación de que nos vamos a caer por el barranco.

Así pues es un texto elaborado… digamos que en una situación de urgencia

Sin duda. La primera versión del texto la leí el 6 se septiembre en una conferencia que me encargó Marc Andreu. Hacer un diagnóstico crítico no vengativo del proceso es una condición necesaria para encontrar la solución.

Este panfleto como usted lo llama impugna a toda una generación política ¿se da cuenta? La que emerge en el declive del pujolismo y que ahora empieza a acabar su trayectoria. El mensaje es: hay que ir a por otra cosa.

Si, hay que ir a por otra cosa. Porque ¿de qué nos hace tomar consciencia esta generación? Del agotamiento del modelo. Con su proyecto fallido cierran un ciclo que se desarrolló gracias a una ambigüedad en muchos ámbitos, en el ámbito interno catalán y en la relación con España. Esa ambigüedad prevaleció gracias al progreso. En un contexto de declive económico como el actual se ha intentado dar una respuesta con una propuesta que no ha funcionado pero que tiene la virtud de acabar con la ambigüedad y nos lleva, nos ha de llevar , a un nuevo modelo. Es ahí donde estamos.

Esa es una virtud. Algo hemos aprendido entonces.

Si, claro que sí. Y lo que sí sabemos es que nadie está haciendo ahora una nueva propuesta inclusiva. Algo que sí existió antes, fruto de la sabiduría de la anterior generación, que fraguó en la situación de injusticia social enquistada que fue el franquismo. No se trata de mirar con nostalgia hacia atrás pero no hemos sabido regenerar aquel modelo de éxito. ¿Eso es una irresponsabilidad? Sí, si consideramos que aquellos criterios rectores de la política catalana representaban un ochenta por ciento de la población de Catalunya y al noventa por ciento del arco político, desde CDC hasta el PSUC. Aquel modelo de consenso se ha acabado y lo que emerge son dos culturas políticas que conviven en la confrontación prácticamente permanente.

Le corrijo: dos culturas políticas que viven de la confrontación

En efecto. Yo creo que eso nos obliga a pensar y a reflexionar sobre de qué manera nueva encontramos un marco político de convivencia.

Convivencia, esa será una palabra importante en el futuro

Si, la cuenta de resultados del proceso es un desastre en este sentido. Y ninguna de las propuestas para el día 21 (esta entrevista se hizo el día 19) parecen orientadas a dar una solución a esta cuestión. Todo lo contrario.

¿No le preocupa hacer un juicio tan crítico en la actual situación?

Admito que la intensidad emocional en la que está instalada nuestra política hace muy difícil hacer este juicio crítico. De hecho, lo que intento hacer tiene un punto de amoral. Cuando haces una crítica al proceso habiendo gente en la cárcel te situas en una posición desde el punto de vista ético ciertamente incómoda porque esa gente está pagando un precio que yo creo que no deberían estar pagando.

Pero esta situación desgraciada no debería ser una limitación intelectual

No, y no lo es. No recuerdo cuándo terminé exactamente de escribir este libro. Pero sé que está escrito en esos cincuenta días brutales en los que vivimos cosas inauditas. Hablabas con amigos que lloraban. De pronto el mundo de seguridades en el que vivimos y crecimos había desaparecido.

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