Si el Director General de Tráfico puede trabajar desde su casa el día de Reyes, en plena operación retorno de Navidad, en medio de un temporal de nieve que el propio gobierno ha calificado como excepcional y además ponerse chulo, entonces, amigos, el cielo es el límite.

Desde hoy mismo ni un solo funcionario español debería sentirse obligado a acudir presencialmente a su puesto de trabajo, salvo que lo haga voluntariamente.  Dicen el director general y la versión doblada de My Fair Lady que internet y la lluvia en Sevilla son pura maravilla, pero seguro que todos nuestros funcionarios viven en ciudades igual de maravillosas, donde también funcionan internet y el teléfono y en cualquier momento pueden llamar al Ejército para que se ocupe de hacer todo aquello que no se pueda hacer por teléfono o por internet.

El salto de gigante que acaba de dar en la función pública española el derecho a conciliar la vida laboral y familiar, gracias a la gracia y el desparpajo sin par de Gonzalo Serrano, será enseñado y celebrado en las clases de historia como un hito histórico para el progreso de los derechos sociales; uno de esos momentos que marcan un antes y un después, como el final de la esclavitud en España o la invención del pan de molde en rebanadas.

Mientras el director general, previsoramente, pasaba el día de Reyes con un ojo en el roscón y otro en Twitter y Facebook, dispuesto a limpiar las autopistas a paladas con su propio Smartphone si fuera necesario, miles de ciudadanos irresponsables se lanzaban a colapsar carreteras y autopistas sin la mínima previsión de llevar cadenas o hacerse followers del infatigable Serrano, el hombre que nos ha enseñado cómo conjugar a la perfección el liderazgo familiar con el liderazgo político y gubernativo.

Tampoco el mercado laboral o el teletrabajo volverán a ser lo mismo tras esta decisiva contribución del jefe de la DGT. Otro hito rompedor en una carrera desde siempre marcada por la innovación más audaz, pero también por la injusticia y la incomprensión.

Queda ya para la Historia su malogrado avance para el interiorismo en la función pública cuando, con el único objetivo de dignificar el derecho a la vivienda en la administración, se disponía a ocupar un piso en un cuartel de la Guardia Civil, recién reformado por la módica cifra de 50.000 euros, y tuvo que desistir porque en este país hay mucha envidia y mucha ignorancia frente a todo lo nuevo.

No hay justicia en España para los pioneros como Gonzalo Serrano. Parece mentira que aún existan dudas sobre quién tiene más culpa y quién debería asumir las verdaderas responsabilidades por el caos del tráfico. No sé a qué esperan los ciudadanos para dimitir y los conductores atrapados a pedirle disculpas al director general por joderle así el día de Reyes;.Y aún se sorprenden algunos que estuviera en su casa, en Sevilla; como si le hubiéramos dejado otra opción después de joderle el pisito en Madrid.

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