Si el próximo 21-D se confirman las encuestas, en las que de forma unánime dan una subida al PSC en votos, escaños y porcentaje global, el resultado supondría la primera subida electoral del PSOE en las dos etapas en las que este partido ha estado dirigido por Pedro Sánchez.

Los sondeos otorgan al partido que lidera Miquel Iceta una horquilla de diputados de entre 18 y 26 (actualmente tiene 12); un porcentaje de voto que va entre el 16% y el 19% (logró sólo un 12,7% en 2015) y un número de votos que superará con creces los 600.00 sufragios, frente a los poco más de 520.000 que obtuvo en las dos últimas elecciones.

Desde que el actual secretario general del PSOE ganó la primaria a Eduardo Madina en julio de 2014, los socialistas han retrocedido electoralmente en las 20 convocatorias electorales que ha habido desde entonces, no consiguiendo en ninguna de ellas subir a la vez en diputados, votos y escaños en comparación con los comicios que se habían celebrado anteriormente, cuando estaba al frente del partido Alfredo Pérez Rubalcaba.

En las elecciones generales de 2015, con Sánchez ya de candidato, el retroceso fue muy severo. El PSOE perdió 20 diputados y más de un millón y medio de votos, llegando a un porcentaje de 22,01%, seis puntos más bajo que en 2011. Un año después, en las generales de 2016, el PSOE perdió cinco diputados y otros 100.000 votantes, aunque mantuvo el porcentaje total: un 22,06%.

Sin embargo, la sangría mayor fue en las elecciones autonómicas de 2015, donde los socialistas perdieron un total de 50 diputados en los 13 parlamentos que se renovaron, y la confianza de más de 530.000 votantes, que sí habían depositado la papeleta del PSOE en 2011.

La pérdida de votos fue brutal en comunidades como la de València (más de 180.000 votos), en Castilla-La Mancha (110.000) o en Castilla y León (70.000). En esta convocatoria sólo hubo dos pequeñas excepciones: en la Comunidad de Madrid, donde el PSOE ganó un diputado y más de 20.000 sufragios; y en Murcia, donde hubo 4.000 votos socialistas más. No obstante, en ambas comunidades bajó el porcentaje sobre el total de los votos emitidos.

La sangría fue aún mayor en las comunidades autónomas históricas. En el País Vasco, con respecto a las elecciones de 2012, el PSE perdió cerca de 90.000 votos y, en Galicia, otros 40.000 ciudadanos dejaron de confiar en el PSdeG. En ambos parlamentos menguó la presencia de diputados socialistas, y en porcentaje de votos quedaron muy lejos del 20% del total.

Incluso en Andalucía, pese a la victoria electoral de Susana Díaz, los socialistas perdieron 115.000 papeletas, bajando cuatro puntos en el porcentaje total de votos y sólo igualando el número de diputados que había conseguido José Antonio Griñán en las últimas autonómicas, que fue el más bajo de toda la historia.

En las municipales, el fracaso fue similar. Los socialistas sacaron casi un millar de concejales menos que en 2011 (20.823 frente a 21.767), se le fueron más de 600.00 votantes (5.603.823 frente a los 6.276. 087 que alcanzaron en 2011) y consiguieron un 25,02% de porcentaje de votos, casi tres puntos menos que cuatro años antes (27,79%). 

Pedro Sánchez vota en las elecciones generales de 2016. EFE

Pedro Sánchez vota en las elecciones generales de 2016. EFE

Es evidente que en toda esta debacle electoral hay que tener en cuenta que ha sido en la etapa de Sánchez cuando aparecieron con fuerza en la escena política partidos como Podemos y Ciudadanos, que eran irrelevantes en la época de Alfredo Pérez Rubalcaba, hasta que emergieron en las elecciones europeas de 2014, junto antes de la victoria en las primarias del actual secretario general del PSOE.

Por tanto, serán en estas elecciones catalanas, ya consolidadas las nuevas formaciones políticas, cuando se sabrá si el periodo de declive de la etapa de Sánchez ha tocado suelo y consigue mejorar los resultados con respecto a las anteriores elecciones. Los sondeos, a falta de poco más de una semana de la cita electoral, así lo apuntan.

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