Los bastidores de la alta diplomacia mundial rara vez salen a la luz tan pronto y mientras algunos de los protagonistas aún ocupan sus cargos. Quizás sea este el aspecto más sorprendente de Les leçons du pouvoir , un relato de los cinco años pasados por François Hollande en el Elíseo. El libro del expresidente francés incluye sabrosos retratos, irónicos comentarios e interesantes análisis de las situaciones que le tocó vivir.

Vladímir Putin sale malparado. Hollande habla con chocante franqueza del líder ruso, a quien describe como “un hombre todo músculo y misterio, que puede ser tan caluroso y atento como glacial y brutal”. En febrero del 2015, en una cumbre en Minsk para tratar sobre la crisis de Ucrania, Putin casi hizo perder los nervios a Hollande y a la canciller Angela Merkel con sus tácticas dilatorias –incluso se fue a dormir dos horas– para favorecer la estrategia militar de los separatistas de las regiones rusófonas. Según el expresidente francés, Putin sabe combinar los halagos y las amenazas, y no duda en usar la intimidación psicológica, como cuando recibió a Merkel en Sotchi, acompañado por sus perros, sabedor de que a la canciller no le gustan…

Una de las reflexiones más duras de Hollande es aquella en la que dice que Putin ve a sus homólogos mundiales “con una mezcla de condescendencia y de curiosidad”. Piensa que, al contrario que él, los otros están “de paso” en el poder, son “vulnerables” a las presiones políticas y mediáticas internas y, por tanto, “pusilánimes”. Su cínica estrategia de hechos consumados, en Ucrania, Siria y otras crisis, tiene en cuenta, pues, esa visión de las democracias occidentales.

El expresidente habla con pudor y elegancia de sus exmujeres y agradece el “tierno afecto” de Julie Gayet

Entre las anécdotas vividas, recuerda el día en que Putin se presentó en el Elíseo con una bolsa isotérmica en la mano y una botella de vodka en su interior, para brindar por la amistad entre los dos países y la victoria frente a los nazis. Era junio del 2014, en el 70 aniversario del desembarco de Normandía. En otra ocasión, en Moscú, el jefe del Kremlin obsequió a Hollande con un paquete que contenía una carta de Napoleón durante la campaña de Rusia. Putin dijo haberla comprado él mismo a un coleccionista.

Las alusiones a otros líderes son mucho más benévolas. Hollande rememora un encuentro en La Habana con un anciano Fidel Castro que, en lugar de hablarle de su heroica lucha en Sierra Maestra, se explayó en cómo un botánico francés, el padre Léon, contribuyó a optimizar el cultivo de verduras en Cuba y eso ayudó al país a sobrellevar el embargo estadounidense.

Hollande elogia el verbo y la inteligencia de Obama, aunque advierte que en las distancias cortas es muy reservado y no muestra sus sentimientos. El expresidente estadounidense “no se acaba nunca los postres” porque “cuida su línea”, observa Hollande. Sobre Merkel habla siempre en positivo. Subraya su minuciosidad al analizar personalmente los textos que deben firmarse y su capacidad para vencer el sueño en las cumbres.

El capítulo dedicado a su vida sentimental, al “jardín secreto de mi intimidad”, está escrito con pudor y elegancia, sin ajustes de cuentas. Deja muy bien a Ségolène Royal, con la que tuvo cuatro hijos –aunque la pareja nunca se casó– y es suave con la periodista Valérie Trierweiler, su compañera cuando ganó las elecciones, de la que se separó de manera traumática y con gran escándalo público al descubrirse su relación con la productora y actriz Julie Gayet. Según Hollande, “el tierno y delicado afecto de Julie fue un inestimable apoyo en los tres últimos años” y le hizo “la vida más dulce” en el Elíseo.

Un intento de rehabilitación

François Hollande intenta con su libro, de más de 400 páginas y escrito en un estilo directo y ameno, reivindicar su presidencia, de la que se han distanciado hasta sus propios correligionarios socialistas. Admite que cometió errores pero asegura que la actual recuperación económica es una herencia de sus políticas. El expresidente se muestra orgulloso de operaciones como la lanzada en Mali para frenar el yihadismo. Explica entresijos de decisiones difíciles como ataques con misiles contra presuntos terroristas en los que se corría el riesgo de que murieran civiles inocentes. “Una decisión tomada en cuestión de minutos en un salón dorado del Elíseo cambia el destino de un pueblo y significa una victoria de la democracia sobre la barbarie”, escribe Hollande, quien insinúa cierta incomodidad con los poderes constitucionales tan amplios –superiores a los del presidente de EE.UU.– que tiene el jefe de Estado en Francia. En varias entrevistas para presentar el libro, Hollande ha sido crítico con Emmanuel Macron, que fue su ministro de Economía, por unas políticas que, a su entender, fomentan las desigualdades sociales. Hay amargura en sus palabras. No le han gustado a Hollande algunos gestos y comentarios del nuevo presidente hacia su persona.

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