¿A quién no le gusta viajar? Adoramos emprender una nueva aventura para conocer rincones inhóspitos, paisajes espectaculares o ciudades llenas de vida. Proyectamos nuestras ilusiones en las vacaciones, sabiendo de antemano que llegarán a su fin, pero algunos viven el regreso con auténtico pesar.

Llegado el momento y teniendo en cuenta que la vuelta a la vida cotidiana es inevitable, lo más recomendable es afrontarla con el ánimo renovado. ¿Se te ha ocurrido cuántos motivos tienes para disfrutar al llegar a casa? Lo cierto es que son numerosos. Te apuntamos algunos, pero seguro que encontrarás muchos más.

Avión aterrizando en un aeropuerto Avión aterrizando en un aeropuerto (william87 / Getty Images/iStockphoto)

Volver a ver a la familia

Posiblemente una de las primeras cosas que sueles hacer al volver a casa es llamar a la familia y comunicarles tu regreso. Tras un viaje más o menos largo, reencontrarse con padres, hermanos, hijos o, tal vez, la pareja, suele ser motivo de alegría.

Explicarles experiencias, sensaciones y anécdotas vividas, mostrarles fotografías, obsequiarles con el souvenir más curioso o compartir velada y alguna especialidad típica alrededor de una mesa pueden convertir el regreso en un gran momento.

Reencontrarte con tu mascota

Aunque cada vez son más los que deciden emprender un viaje acompañados de su inseparable mascota, no siempre es posible ni conveniente hacerlo con un animal de compañía. A pesar de que sabes que en tu ausencia ha sido tratado con mimo, estás deseando verle de nuevo.

La sensación del reencuentro es formidable. ¿Recuerdas el último recibimiento que te dispensó tu perro? Ver como tu mascota se abalanza sobre ti y te llena de pelo significa que definitivamente has vuelto a casa.

Momento de reencuentro con tu mascota Momento de reencuentro con tu mascota (AleksandarNakic / Getty Images)

Cocinar un plato simple

Días de comidas fuera de casa, desayunos en copiosos bufetes de hotel, almuerzos y cenas a base de fast food, o platos indigestos o repletos de especias a los que tu cuerpo no está acostumbrado pasan factura.

¿Quién no desea al llegar a casa volver a la costumbre alimenticia habitual ? No hay nada más apetecible que una simple ensalada o una tortilla a la francesa. La rutina en la cocina se impone. ¡Es cuestión de salud!

Ponerte las zapatillas de estar por casa

En algunos hoteles -sobre todo de cierta categoría- es frecuente que te obsequien con un par de zapatillas, un detalle a agradecer, pero que en ningún caso podrá suplir a tus zapatillas de estar por casa.

Clásicas, de cuadros, estilosas o simplemente cómodas, te esperan y ponértelas de nuevo no negarás que se convierte en un pequeño gran placer.

Las zapatillas de estar por casa, aquellas que tanto deseamos calzarnos Las zapatillas de estar por casa, aquellas que tanto deseamos calzarnos (lolostock / Getty Images/iStockphoto)

No hacer nada

Tras un viaje agotador, reposar es un placer. Echarse en el sofá y no hacer nada que requiera un mínimo esfuerzo es una opción de lo mas apetecible. ¿Por qué no repasar recuerdos, organizar fotografías, echar mano de tu serie favorita, escuchar música o simplemente dormir? Se impone recuperar fuerzas.

Pasear por el barrio

Ya aposentado (y descansado), lo más probable es que desees andar y oír el ambiente y la vitalidad de tu propio barrio. Quieres caminar por esas calles que conoces tan bien, ansias por volver a comprar el pan, la verdura o simplemente saludar a la vecina que riega las plantas e impregnarte de este sentimiento con el que tanto te identificas.

Ver a los amigos

Ahora sí. Llevas días alejado de tu entorno y ya los echas de menos. Ha llegado el momento de reunirte con tus amigos. Sentarte en la terraza de siempre, explicarles tus experiencias, dejarlos boquiabiertos con tus aventuras y ¿por qué no? despertar en ellos un poco de envidia sana.

Reencuentro con los amigos Reencuentro con los amigos (Liderina / Getty Images/iStockphoto)

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