Es noche de trivial feminista en casa. Nos lo regalamos por reyes y resulta que en lugar de los típicos “quesitos” hay que ganar reinas –aunque le joda a la Cope– pero reinas del feminismo: Angela Davis, la reina de la calle;  Frida Khalo, la de la cultura; Simone de Beauvoir, la de la academia; Valentina Tereshkova, la de la historia; Judit Butler, la de los cuerpos y Olympe de Gouges, la de los derechos. No sé si ganar en el trivial feminista te hace más feminista o te da derecho al carnet vitalicio pero espero que no, porque mi cultura no solo es patriarcal, también es limitada, y encima digo esto porque soy mujer y como mujer la sociedad machista me ha enseñado a mostrarme insegura en todo lo que hago y digo. Con ese espíritu perdedor empiezo a jugar. En realidad, parafreaseando y distorsionando a una de nuestras reinas de corazones, no se nace feminista, llega una a serlo. Así que no se trata de todo lo que conocemos, sino de todo lo que estamos dispuestas a conocer. Si recordamos esto, ganaremos.

Hasta para tirar los dados hay que revisarnos. Por ejemplo, las ansias de conseguir ese full de reinonas, sobre todo a las racializadas, ha despertado mi lado más competitivo, que en realidad nunca estuvo dormido. De hecho, mi compañera me lo recuerda cuando no quiero aceptar que no hayamos conseguido la tarjeta de Simone por no acertar una pregunta que no era difícil: “Siempre quieres ganar a toda costa, Gabriela”, me dice delante de todas. No sé cómo lo sabe. ¿Se me nota? En fin, yo encajo bien la crítica feminista pero también le recuerdo que somos del mismo equipo, como se lo vengo diciendo a todas las feministas últimamente. ¿Podemos resolverlo internamente antes de soltarlo en Twitter? La verdad es que siempre he querido ganar en las discusiones y en los juegos de mesa, es una patología, y más joven, cuando podía mentirme a mí misma sin mayor descalabro, hice trampa a mansalva, escondiendo cartas o tirando el dado fraudulentamente. ¿Se puede hacer trampa en un juego feminista? Claro que no, en el Monopoly, sí –tengo una amiga que okupaba casas y hoteles cuando jugaba con mi hija–, pero se da por entendido que alrededor de este tablero las jugadoras debemos estar a la altura de nuestros valores feministas. ¿De qué sirve saber en qué año aprobó el Parlamento Británico la ley de igualdad salarial entre hombres y mujeres si luego no sabes perder al lado de una amiga? Si se nos graba esto, ganaremos.

Debo admitir, además, que mi compañera es la más ilustrada de todas nosotras. Por eso, como cuando nadie me escogía en el colegio para los equipos de vóley, apenas expandimos el tablero corrí a sus brazos gritando “yo contigo”. Como bien dijo mi hija en uno de sus dardos habituales: “Mamá, ella no te necesita a ti, tú la necesitas a ella”. Todas nuestras ignorancias y nuestras fortalezas juntas recorren el tablero a ritmo de los dados, tan distintos son nuestros bagajes como nuestros feminismos. Por eso el juego se llama ‘Feminismo reunidos’. Yo tiro bien el dado, con fuerza, y contesto la de las esterilizaciones forzadas de Fujimori, pero ella sabe en qué calle de Malasaña estaba situada antes la Asamblea Feminista de Madrid. Si aprendemos esto, ganaremos.

Como pueden haber notado, las 1.200 preguntas del trivial feminista no son las normales de un juego que en su versión mainstream o sea, macha, te hacía creer que la historia de la humanidad la habían hecho solo unos tíos de sombrero y corbata. No por nada el lema de este trivial creado por el colectivo feminista Sangre Fucsia es “La revolución empieza en tu salón”. La mayoría de preguntas te abren los ojos, son necesarias, reveladoras, sorprendentes, visibilizadoras, desquiciantes, descacharrantes: ¿Qué práctica era habitual entre las mujeres piratas para no destacar entre la tripulación masculina del barco? ¿A qué personaje de la mítica serie Verano azul, le viene la regla por primera vez durante las vacaciones en la playa? ¿Qué es el dental dam? ¿Qué elemento químico causó las enfermedades de las trabajadoras  que por primera vez lograron que un tribunal reconociese la responsabilidad de la empresa? Completa el lema: “La calle y la noche…”.

Saber qué edad tenía Tavi Gevinson cuando empezó como bloguera de moda da un puntito de rubor. Saber quién fue Concepción Arenal da como una alegría extraña, como cuando te retuitea Barbijaputa. Alguien lee la siguiente pregunta: “¿Qué autora peruana escribió un libro de no ficción sobre la maternidad titulado Nueve Lunas?” Mis ojos brillan como si ya hubiera ganado. ¿En serio? ¿En serio?, musitan todas. Pero ella rompe a reír y todos con ella. Desgraciada, se lo ha inventado. Una lágrima casi cae de mi ojo seco. ¿Quién asesinó a Diana Quer? ¿Quiénes a las niñas del Alcàsser? ¿A cuántos años fueron condenados los de la Manada? No encontrarán esas preguntas en este juego. Los crímenes de violencia de género darían para otra edición del trivial feminista, pero en lugar de jugar nos pondríamos a llorar, porque con eso no se juega. Esa guerra también la ganaremos.

El único tío que juega esta noche se ha ido a dormir al niño –el juego es un desafío feminista pero lo es más todo lo que rodea al juego– y al incorporarse suelta apresurado, y sin consultarle a su compañera, una respuesta de la que está seguro. Ya saben, esa seguridad que solo te la da el privilegio. Pero, claro, está equivocado. Unos segundos después dice la respuesta correcta pero ya es tarde. Tolerancia cero. “Lo siento –dice– el patriarcado nos ha jodido, pero estoy revisándome ¿eh?”. Con eso no vas a ganar la partida, eh, le digo. Y, sin embargo, dos horas después, gana. Su equipo, el único mixto, gana la partida y no puedo evitar entonces que emerja la mala perdedora que hay en mí, ¿la mala feminista? y dirigiéndome a su compañera le espeto: “Aunque ganes siempre habrás ganado con un hombre”. Un exabrupto. A pesar del cual, ganaremos.

Pero para todos, el equipo que realmente ganó fue el de las dos preadolescentes en cuestionamiento de género con las que jugábamos. No supieron contestar qué es “anarquía relacional” o el concepto de “interseccionalidad”, pero sí quiénes son Gloria Fuertes y Harley Quinn. Y de lo que más dieron cátedra es de feminismo, pasando de nuestro maternalista ofrecimiento de hacer grupos intergeneraciones y defendiendo que tiene mucho más mérito la victoria si van juntas, y también la derrota. Lección feminista sub 15. Y eso que su única reina la ganaron gracias a Disney. “Por Frozen a Frida” se convirtió en algo así como el lema de la noche. Ganaremos.

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