Un asteroide de ochenta toneladas y cuatro metros de diámetro que cayó en el 2008 en el desierto de Nubia, en el norte de Sudán, procedía de un planeta perdido que se desintegró en los inicios del sistema solar, según una investigación de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) presentada el martes en la revista Nature Communications.

Los diamantes incrustados en el meteorito sólo pudieron formarse en el interior de un astro mayor que Mercurio y menor que Marte, sostienen los autores del trabajo. El descubrimiento sustenta la hipótesis de que había decenas de protoplanetas en órbita alrededor del Sol en los primeros diez millones de años del sistema solar, que muchos quedaron reducidos a escombros tras chocar entre ellos y que los cuatro planetas rocosos actuales –Mercurio, Venus, la Tierra y Marte– son los supervivientes de aquel pasado tempestuoso.

“Este estudio aporta pruebas convincentes de que el cuerpo [del que procedía el asteroide] era uno de estos grandes planetas per­didos antes de resultar destruido por colisiones”, concluyen los ­investigadores en Nature Com­munications.

El asteroide –llamado 2008 TC3– se precipitó en la atmósfera a 46.000 kilómetros por hora y estalló a 37 kilómetros de altitud, creando un fulgor tan brillante que fue visto desde aviones que volaban a 1.400 kilómetros del lugar. El astro había sido descubierto diecinueve horas antes, lo que permitió seguir la caída desde decenas de observatorios. Pudieron recuperarse unos 600 fragmentos que suman un peso total de 10,5 kilos.

La investigación confirma la hipótesis de que en el pasado hubo decenas de mundos alrededor del Sol

Los restos del asteroide fueron catalogados como ureilitas, un tipo de meteorito que tiene una composición atípica y que contiene agregaciones de diamantes diminutos.

La presencia de diamantes indica que un mineral ha estado sometido a presiones enormes, ya que de lo contrario los átomos no se ­alinearían igual. Gran parte de los diamantes de la Tierra, por ejemplo, se formaron en el interior del planeta a profundidades de entre 150 y 250 kilómetros. En el caso de los diamantes de origen extra­terrestre, como los del asteroide que cayó en Sudán, pueden ha­berse formado también en el in­terior de un planeta, o bien por otros mecanismos como coli­siones entre astros.

Los investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana observaron en el 2015 que uno de los fragmentos del asteroide contenía diamantes extrañamente grandes para tratarse de una ureilita. Tenían hasta 100 micras, o una décima de milímetro. Los investigadores argumentaron que no podían haberse formado en una colisión entre asteroides y propusieron –pero no llegaron a demostrar– que debían proceder del interior de un antiguo planeta.

El nuevo trabajo aporta las pruebas que faltaban. Utilizando un microscopio electrónico de transmisión, han descubierto que los diamantes contienen incrustaciones de moléculas que sólo pueden haber llegado allí en condiciones de presión extrema. Concretamente, contienen cromita, fosfato y sulfuros de hierro y níquel. “La composición y la morfología de estas inclusiones sólo pueden explicarse si la presión de formación era superior a 20 gigapascales”, afirman en Nature Communications, lo que equivale a unas 200.000 veces la presión atmosférica al nivel del mar.

De esta presión se deduce que el astro donde se formaron los diamantes tenía que ser mayor que Mercurio, lo que convierte a esta investigación en la primera que aporta una prueba sobre el tamaño de los primeros planetas del sistema solar interior.

“Estamos haciendo arqueología, mirando al pasado y tratando de descifrar la historia del sistema solar”, ha afirmado Philippe Gillet, director de la investigación, en declaraciones recogidas por The Guardian. “Observamos probablemente un objeto que fue uno de los primeros planetas que orbitó alrededor del Sol antes de chocar con otros para crear los planetas que tenemos en la actualidad”.

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