En España se registran anualmente una media de 10 episodios graves por inundaciones con severas consecuencias personales y económicas: en los últimos veinte años 312 personas han fallecido por esta causa y los daños materiales ascienden a más de 800 millones de euros al año, según datos del Consorcio de Compensación de Seguros y la Dirección General de protección Civil.

Más de 3 millones de españoles viven en zonas consideradas de alto riesgo de inundación, relata el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. De ahí la importancia del desarrollo de la directiva europea 2007/60/CE que obliga a la implantación de Planes de Gestión del Riegos de Inundación (PGRIs) en todos los paises. Aprobados en su mayoría entre enero y abril de 2016 para 16 demarcaciones hidrográficas españolas, los planes de la cuenca fluvial de Cataluña se aprobaron el mes pasado a través del Real Decreto 126/2018 de 9 de marzo. Su vigencia llega hasta el año 2021 y recoge los convenios estatales del Consorcio de Compensación de Seguros (CCS) y la Entidad Estatal de Seguros Agrarios. Queda pendiente el plan para las Islas Canarias previsto para este año, según informa el propio ministerio.

Entre los objetivos de estos PGRIs de lucha contra las inundaciones destaca fomentar el “incremento de la percepción del riesgo de inundación y de las estrategias de autoprotección en la población, los agentes sociales y económicos”. Por tanto, la pretensión de la Administración es divulgar los efectos que causan estos daños extraordinarios y formar a la ciudadanía para protegerse ante inundaciones en general y también a nivel local.

El sector asegurador español blinda la protección ante las inundaciones a través de la cobertura de riesgos extraordinarios encomendada al CCS. Este organismo oficial cubre “riesgos de la naturaleza: terremotos, maremotos, tsunamis, inundaciones extraordinarias, erupciones volcánicas, tempestades ciclónicas atípicas (tornados o rachas superiores a 120 km/h) y caía de cuerpos siderales o aerolitos”.

El CCS detalla las inundaciones como el riesgo que “concentra la mayor parte de la siniestralidad en España” (un 70% del total de las indemnizaciones) y las entiende, a efectos de cobertura del seguro, como “el anegamiento del terreno por acumulación o escorrentía de aguas de lluvias o procedentes de deshielo, o por aguas procedentes de lagos, ríos o rías” así como también “el embate del mar en las costas, aunque no haya anegamiento”.

inundaciones

La Guía para la Reducción de la Vulnerabilidad de los edificios frente a las inundaciones editada por el CCS presenta “medidas de autoprotección y reducción del riesgo”, según exponen sus redactoras Silvia Cordero, Sonsoles González y Elena Martínez del departamento de Hidrología e Hidráulica del Grupo INCLAM, y ofrece un abanico de alternativas para:

EVITAR la inundación, que consiste en impedir que el agua alcance el edificio, con las siguientes medidas:

  • Diques, muros estancos y barreras permanentes con la instalación de medidas de protección permanentes, exteriores o interiores.
  • Terraplenes y movimientos de tierra integrados en el paisaje con proyectos de explanación, terraplenado, pendientes, caminos, jardines y paisajismo.
  • Barreras anti-inundación temporales que impiden que el agua alcance al edificio: sacos de arena, las vallas de madera o tapiado mediante ladrillos o placas cerámicas a los sacos de materiales absorbentes e hinchables, las barreras metálicas anti-inundación, los diques hinchables.

RESISTIR, que consiste en impedir que el agua entre en el edificio, una vez que ha llegado al exterior del mismo, con soluciones como:

  • Sellado de las paredes exteriores del edificio mediante recubrimientos impermeables, como membranas, paneles, enfoscado, etc.
  • Solado mediante hiladas de ladrillo a prueba de humedad o bien de hormigón con una membrana impermeable.
  • Elevación de los umbrales de puertas y ventanas mediante medidas de protección automáticas o manuales, permanentes o temporales. En algunas viviendas es posible conseguirlo de forma permanente colocando un escalón a la entrada o instalando barreras anti-inundación en ventanas o puertas que aseguren su estanqueidad.
  • Protección de los huecos de aireación o similares.
  • Revisión de la cimentación, su impermeabilización y sistema de drenaje, lo que requerirá el análisis de subpresiones.
  • Impermeabilización de la planta baja o sótano en forma de “caja hermética”. Los sótanos son propensos a las inundaciones, por lo que requieren de un cuidadoso análisis del problema, un buen proyecto y una buena construcción.
  • Revisión de desagües y tuberías: instalación de válvulas anti-retorno de los desagües, lo que evitará que las aguas residuales retornen hacia la propiedad a través de las tuberías del saneamiento a las que conectan los inodoros, las duchas, los lavabos, los desagües de la lavadora y el lavavajillas de la planta baja.
  • Revisión de las fosas sépticas y pozos negros. Si están bien construidos no deberían causar problemas, aunque éstos surgirán posiblemente cuando suba el nivel freático, lo que pondrá a prueba la integridad de la estructura. Con pequeñas fugas quizás se llene el depósito. Cabe plantearse incluir una bomba en la salida para aguas residuales.
  • Utilización de materiales resistentes.

TOLERAR, que consiste en admitir la entrada del agua en el edificio, ya que no es posible lo contrario, pero tomando medidas para limitar el daño

  • Revestir las paredes con materiales resistentes hasta la línea base de protección (por ejemplo, azulejos) e instalar un sistema de drenaje especial en las paredes.
  • Solar con materiales resistentes, por ejemplo, baldosas (evitar madera). No poner moquetas, en su lugar utilizar alfombras (que en caso de inundación habrá que salvaguardar previamente).
  • Instalar un zócalo o rodapié resistente al agua.
  • Instalar carpintería metálica resistente a la corrosión o de PVC.
  • Adaptar las puertas interiores instalando puertas sintéticas o enceradas o asegurando que las puertas de madera sean fáciles de quitar antes de una inundación.
  • Adaptar los accesos, construyendo con materiales resistentes al agua.
  • Instalar un sistema de drenaje en la planta baja o sótano y cambiar de uso, evitando pérdidas o daños importantes.
  • Revisar la cimentación, su impermeabilización y su sistema de drenaje, lo que requerirá el análisis de subpresiones.
  • Revisar las fosas sépticas y pozos negros, análogo a lo citado en la actuación RESISTIR.
  • Utilizar en general materiales resistentes al agua o usar materiales reemplazables con facilidad o poco alterables.
  • Como medida complementaria, disponer de una bomba de achique, un Sistema de Alimentación Ininterrumpida (SAI).

RETIRAR, que consiste en demoler y/o abandonar el edificio, en aquellos casos en los que el riesgo es demasiado elevado

Cuando el edificio ha sufrido inundaciones severas que han causado daños estructurales importantes, esta actuación probablemente sea la más práctica.

Las indemnizaciones por estos riesgos considerados legalmente “riesgos extraordinarios” no cubren todos los daños. Únicamente son indemnizables por el CCS “aquellos daños que afectan a personas o bienes sobre los que se ha contratado un seguro en cualquier compañía de seguros autorizada, y siempre que la póliza esté vigente en el momento de producirse los daños y el asegurado se encuentre al corriente del pago de la prima”. A la hora de indemnizar, el CCS sólo atiende “los mismos bienes, el mismo capital asegurado y resto de condiciones (primer riesgo, límites de indemnización, etc.) establecidos en esa póliza de seguro”. Y es que, como precisan fuentes del Consorcio, el papel del “CCS es resolver reclamaciones de asegurados afectados” por este tipo de desastres.

Entre los años 1971 y 2015, el valor total de las indemnizaciones del CCS sumó más de 5.500 millones de euros a razón de una media de 10.000 euros de coste indemnizado a lo largo de todo este período.

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