Nadie puede dudar de la calidad que atesora Gareth Bale, pero desde que llegó al Real Madrid, hace casi cinco años, sus virtudes se han dejado ver casi a la par que sus defectos. Apostar por el galés en un partido importante es como lanzar una moneda al aire. En Las Palmas a Zinedine Zidane le salió cara pero en Turín contra la Juventus, donde realmente se juegan la temporada, la decisión se presenta mucho más compleja.

En el Estadio de Gran Canaria el delantero fue el líder de los blancos en ataque, logrando dos goles y formando parte de prácticamente todas las acciones ofensivas. Cierto es que el rival y el escenario de partido, con una defensa despoblada y muchos espacios en la espalda de la zaga, se presentaba muy propicio para su principal virtud: La velocidad. Muy diferente, en cambio, será contra el cuadro bianconero.

Contra Las Palmas, Bale fue el líder de los blancos en ataque, logrando dos goles y formando parte de prácticamente todas las acciones ofensivas

El británico ha ido perdiendo protagonismo en el conjunto blanco este año. Al principio fueron sus innumerables lesiones y con el paso de los meses, Zidane comenzó a perder la confianza en uno de sus intocables miembros del trío atacante. El técnico ha pasado de asegurar que “si la BBC está bien, jugará siempre” de hace justo un año, a un escueto “ya lo verás el martes”, cuando fue preguntado, tras jugar contra los amarillos, por la posible titularidad de Bale ante los italianos.

Prueba de ello fue la suplencia del extremo en la trascendental eliminatoria contra el PSG. Primero superado por Isco y en el Parque de los Príncipes por Marco Asensio. Hasta la fecha lleva 14 goles y cinco asistencias en 30 partidos jugados, sumando todas las competiciones . Una estadística aceptable pero que, sobre todo, se ha engrosado en encuentros de menor trascendencia.

Zidane respondió con un escueto “ya lo verás el martes” cuando fue preguntado por la posible titularidad de Bale ante la Juventus

Desde fuera, Bale parece menos comprometido con la causa merengue. Su manera de jugar, que requiere vértigo, choca en ocasiones con el entendimiento del juego blanco. No siempre se puede buscar el esférico al espacio, como ayer le hizo saber Luka Modric antes de servirle una asistencia magistral para el primer gol del galés.

Quizá su falta de comunicación, ya que aún no habla español, y, en ocasiones, su aparente desgana con el fútbol, llegando a asegurar que prefiere el golf, han precipitado su desgaste en las filas blancas, aumentando aún más los rumores que auguran su retorno a las islas británicas de la mano del Manchester United. Pero eso, siguen siendo castillos en el aire, y lo único real es su notable rendimiento en Las Palmas. En las Canarias salió cara, pero veremos si en Turín Zidane lanza la moneda.

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