La prodigiosa historia de Albert von Filek, un químico austriaco que se ganaba la vida como estafador y que consiguió engañar al mismísimo Franco con su fantasmagórico descubrimiento de un combustible sintético –a base de agua, plantas y mi­nerales– que iba a sustituir a la ­gasolina y que le ofrecía a España en exclusiva, es el eje del nuevo ­libro de Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960), Filek (Seix ­Barral), que se pone hoy a la venta, una investigación a caballo entre la historia y el periodismo que ha ­hecho que su autor se recorra ­archivos y hemerotecas de media Europa para arrojar algo de luz ­sobre un personaje que, hasta ahora, era una nota a pie de página.

¿Ha resistido la tentación de novelar, de inventarse cosas?

No la he tenido. A veces aparezco yo haciendo mis conjeturas, pero me prohíbo inventar. Hay muchos vacíos pero también dejó muchas huellas en los archivos públicos, un tío que pasó por tantas cárceles…

¿Cuál fue su mayor estafa?

Convencer al gobierno de Franco de que había inventado una gasolina milagrosa, la filekina, capaz de sacar a España de la postración. El BOE le apoyó: la suya fue la primera empresa declarada de interés nacional… y él aprovechó eso presumiblemente para ir consiguiendo dinero de inversionistas. Mucha gente en las altas esferas del régimen estuvo convencida de las verdades de este combustible que les vendía un estafador de chica y nabo que en los años 30 ya timaba a viudas diciéndoles que podían hacer una gasolina al baño maría.

Todo parece de novela: en la cárcel se encuentra a otro timador que vendía un combustible como él…

Sí, Suñén, pero a este se lo llevan a Paracuellos y lo matan. Filek salvó su vida de milagro varias veces. En la cárcel conoció también a Ramón Serrano Suñer, el Cuñadísimo, cuya amistad utilizó para acercarse a los mandamases del franquismo.

¿Cómo los engatusaba?

Era un seductor, mujeriego, muy persuasivo, se metía en el bolsillo a las víctimas, se ganaba su confianza y luego les sacaba el dinero. El nieto de un matrimonio de estafados me dijo que su abuela murió creyendo aún que habían dejado escapar la oportunidad de su vida al no seguir dándole dinero.

Se pasó más de dos años en la cárcel, volvió a ser encerrado en varias etapas, casi lo matan, no recopiló ninguna gran fortuna… En el fondo, es un perdedor ¿no?

Su momento de esplendor duró poco más de un año, antes había vivido a salto de mata con estafas de poca monta. No me puede caer simpático porque estafó a un padre más de 2.000 pesetas diciéndole que podía conseguir que liberaran a su hijo de un campo de concentración. Hasta la policía franquista lo califica de “indeseable en todos los órdenes”, lo veían como “la hez de los delincuentes”.

Su conducta es temeraria.

¡Claro! Primero intenta timar a un ministro republicano, lo calan y lo detienen y luego, al poco, se va al mismo ministro de los franquistas, se expone de modo inocente, era evidente que tendrían sus datos.

Hay escenas puramente kafkianas, todo el funcionamiento del Estado…

Había consejos de ministros que eran como tertulias de bar de pueblo. No tenían ni idea de economía, un ministro se empolló un manual poco después de ser nombrado, solo sabían que España tenía que ser autosuficiente en materias primas, y para ello solo les faltaban las fuentes de energía… entonces les aparece este tipo, el regalo de la providencia para sacar a España de la miseria. En seis meses decidieron construir una planta para producir este combustible, el triple de la cantidad que necesitaban para el consumo español, con lo que podrían exportar y convertir a España en la primera potencia mundial. Es una historia con elementos muy humorísticos, de gran chapuza que sin embargo sale adelante.

Y, al final, una vez descubierto y vuelto a encarcelar, consigue salir de España…

Fue repatriado como supuesto nazi, cosa que tampoco era, pero le vino bien al Gobierno hacerlo pasar por tal para sacárselo de encima. Lo enviaron a Hamburgo, junto a su esposa granadina. Y allí murió.

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