El gobierno de Francia ha denunciado los gritos racistas que recibieron varios de sus jugadores durante el partido del martes ante Rusia. Los futbolistas afectados fueron, sobre todo, Ousmane Dembélé y Paul Pogba, que fueron víctimas de varios insultos así como sonidos imitando a un mono cuando participaban en el juego.

El encuentro se disputó en San Petersburgo, una de las ciudades que acogerá el Mundial de fútbol entre el 14 de junio y el 15 de julio.Por ello, la actitud de los aficionados rusos ha preocupado a los franceses, que han pedido una actuación internacional para remediarlo. “El racismo no tiene lugar en los campos de fútbol. Tenemos que actuar de forma concertada a nivel europeo e internacional para acabar con estos comportamientos inadmisibles”, escribió la ministra de Deportes francesa, Laura Flessel, en su cuenta de Twitter.

Lamentablemente, no se trata del primer caso de racismo entre aficionados en Rusia. De hecho, en agosto la ONU advirtió del peligro de actos racistas durante el Mundial y pidió que el gobierno ruso tomara medidas para combatir estas actitudes.

Las autoridades han asegurado que los ultras serán controlados y reprimidos durante el Mundial, algo que ya hicieron durante la Copa Confederaciones, cuando no hubo incidentes destacables. Sin embargo, la FIFA ha abierto un expediente a la federación rusa y está investigando lo ocurrido en el Rusia-Francia del martes.

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