Pozos descubiertos el pasado jueves dentro de un cráter cerca del polo norte de la Luna podrían ser cruciales para la creación de una colonia humana en la superficie lunar, según las últimas investigaciones

Este nuevo hallazgo en el suelo del cráter Philolaus es de gran interés, no solo por su relativa corta edad, que permitiría estudios sobre la evolución reciente de la Luna, sino que abriría la puerta a la extracción de hielo subterráneo lunar a futuros exploradores, que podrían proveerse de agua. 

Científicos del Instituto SETI y del Mars Institute, organizaciones sin fines de lucro que investigan los orígenes de la vida en el universo, están explorando la teoría de que los pozos lunares son realmente entradas a una red subterránea de tubos de lava. En el interior, el equipo cree que podría haber grandes depósitos de hielo, que los futuros exploradores podrían algún día extraer en lugar de tener que cavar a través de la superficie de la Luna.

“Las imágenes de mayor resolución no permiten que los pozos se identifiquen como ‘tragaluces’ de tubo de lava con una certeza del 100 %, pero estamos considerando su tamaño, forma, condiciones de iluminación y configuración geológica”, explicó Pascal Lee, científico planetario del SETI y Mars Institute, acerca de las imágenes recientemente publicadas.

Durante su investigación, los científicos descubrieron que muchos de los pozos están ubicados a lo largo de un camino de canales subterráneos, conocidos como franjas sinuosas, que atraviesan el suelo del cráter, túneles que se cree que se formaron durante antiguos flujos de lava basáltica.

Foto ilustrativa

Lee espera que una exploración más profunda pueda ayudar a verificar si estos pozos son verdaderos ‘tragaluces’ de lava, y si realmente contienen hielo. “Es una posibilidad emocionante que una nueva generación de astronautas de espeleología o espeleólogos robóticos podrían ayudar a resolver”, comenta el experto.

“Este descubrimiento es apasionante y oportuno, mientras nos preparamos para regresar a la Luna. También nos recuerda que nuestra exploración de los planetas no se limita a su superficie, sino que debe extenderse a sus misteriosos interiores”, comenta Bill Diamond, presidente del Instituto SETI.

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