La campaña de la renta de 2017 obliga a todos los contribuyentes a presentar la declaración a la Agencia Tributaria. Ciertos niveles de renta, ingresos y rendimientos eximen a algunos a pasar por el trámite.

A pesar que no se esté obligado a declarar en alguno de los casos siguientes, si el contribuyente tiene derecho a recibir una devolución deberá confirmar el borrador o presentar la declaración. En la mayoría de los casos, los contribuyentes tienen gastos deducibles, pérdidas patrimoniales u otras circunstancias que pueden influir en el resultado final de la declaración y está les puede salir a devolver. Y si no se presenta, Hacienda se queda con ese dinero.

Hacer el borrador no implica presentarlo

En estos casos, lo más recomendable es pedir el borrador y revisarlo. Hacerlo no implica obligación alguna de presentar la declaración. Habrá que cotejarlo como cualquier otro contribuyente y ver si el resultado es favorable o no. En el primer caso, presentarla. En el segundo, olvidarse.

Según la Agencia Tributaria, quedan exentos de la declaración los trabajadores con una nómina menor de 22.000 euros anuales siempre y cuando sus ingresos vengan de un solo pagador. Si hay más de un pagador, el límite continuará en los 22.000 si la fuente de ingresos secundaria no supera los 1.500 euros.

El límite si hay más de un pagador

En el caso de superar los 1.500 euros de pagadores secundarios, el límite descenderá a 12.000 euros, cuantía a partir de la cual se deberá presentar la declaración. Del mismo modo, el límite de 12.000 euros también se fija cuando el pagador no esté obligado a retener o cuando se perciban rendimientos íntegros del trabajo sujetos a tipo fijo de retención.

Los rendimientos que vengan del capital mobiliario y ganancias patrimoniales que están sometidos a retención o ingreso a cuenta deben declararse en el caso de superar, en conjunto, los 1.600 euros anuales.

Más contribuyentes exentos de la declaración

No están obligados a presentar la declaración aquellos que obtengan rendimientos íntegros del trabajo, de capital o de actividades económicas, y ganancias patrimoniales y no alcancen 1.000 euros anuales. Tampoco aquellos con pérdidas patrimoniales menores a 500 euros.

Si los rendimientos del trabajo vienen de prestaciones pasivas como por ejemplo pensiones de la Seguridad Social, planes de pensiones, seguros, mutualidades o prestaciones de seguro de dependencia, no se declarará si no se alcanzan los 22.000 euros anuales.

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