Los misiles empezaban a caer sobre Siria cuando Donald Trump, en una declaración solemne desde la Casa Blanca a las nueve de la noche del viernes –tres de la madrugada en España– anunciaba “una operación militar combinada con las fuerzas armadas de Francia y el Reino Unido” en respuesta al supuesto ataque con armas químicas del pasado domingo en la ciudad de Duma, atribuido a Bachar al Asad.

El ataque afectó a instalaciones de fabricación e investigación de armas químicas, anunció el presidente de Estados Unidos, y pretende “disuadir” a Damasco de su fabricación y uso. “Estamos preparados para mantener esta respuesta hasta que el régimen sirio deje de usar estos agentes químicos prohibidos”, aseguró Trump, que al mismo tiempo reiteró que Estados Unidos no busca tener “una presencia indefinida en Siria”. “Intentaremos que las cosas mejoren” pero, dijo, “no hay sangre americana suficiente ni tesoros bastantes para llevar la paz a Oriente Próximo”.

Una hora más tarde del anuncio del presidente, el jefe del Estado mayor del ejército estadounidense, el general Joe Dunford, anunció desde el Pentágono que el ataque perpetrado de manera conjunta por las fuerzas aéreas y navales de los tres países había terminado.

El secretario de Defensa, James Mattis, indicó que se trataba de “ataques puntuales” dirigidos contra objetivos concretos (uno cerca de Damasco y otro en Homs) y aclaró que por ahora “no hay más planeadas más” intervenciones. El ataque ha tenido lugar días después de que el nuevo consejero de Seguridad Nacional de Trumo, John Bolton, que siempre ha defendido una respuesta más contundente por parte de Estados Unidos a la influencia de Irán en la región, tomara posesión de su puesto.

Después de siete años de guerra, con Bachar al Asad habiendo recuperado prácticamente todo el control del territorio sirio, el país es más que nunca el tablero de juego potencias regionales y globales. Trump aludió directamente a las implicaciones para quienes apoyan a Bachar al Asad. “A Irán y Rusia les pregunto: ¿Qué tipo de país quiere verse asociado con un asesino en masa de hombres, mujeres y niños inocentes?”, planteó en una intervención de ocho minutos más institucional y precisa que de costumbre.

“A las naciones del mundo se las juzga por los amigos que mantiene”, añadió antes de acusar al presidente ruso, Vladimir Putin, citándolo por su nombre, de incumplir sus promesas de eliminar las armas químicas. “Esta noche, pido a todos los americanos que recen por nuestros guerreros y por nuestros aliados mientras desempeñan su misión. Rogamos que Dios consuele a quienes sufren en Siria y lleve a la región a un futuro de dignidad y de paz”, concluyó el presidente estadounidense.

Rusia y Siria anuncian consecuencias

Después de varios días de discusiones, titubeos y mensajes contradictorios, la Casa Blanca decidió ayer seguir adelante con el plan anunciado por Trump de lanzar misiones “nuevos, bonitos e inteligentes” contra Siria sin esperar al permiso del Congreso ni a las conclusiones de la investigación internacional sobre el ataque contra Duma.

Las aseveraciones por parte de Moscú, el viernes, de que todo fue una escenificación no calaron en Washington, París ni Londres. Damasco, a través de la agencia oficial Sana, denunció “la agresión tripartita” occidental como “una violación flagrante del derecho internacional” que está “condenada al fracaso”, mientras el embajador ruso en Moscú, Anatoly Antonov, por su parte, anunciaba que el ataque tendrá consecuencias.

May y Macron cierran filas con Trump

“No había alternativa al uso de la fuerza”, aseguró la primera ministra británica, Theresa May, en un mensaje pregrabado. El objetivo, afirmó, no es “intervenir en una guerra civil ni realizar un cambio de régimen. Se trata de un ataque limitado y dirigido que evite una escalada de la tensión en la región y haga todo lo posible por prevenir bajas civiles”.

En la misma línea, el presidente francés, Emmanuel Macron, recalcó que el ataque se ha centrado en las capacidades del régimen para fabricar armas químicas. “No podemos tolerar la banalización” de su uso, que es “un peligro inmediato para la población siria y nuestra seguridad colectiva”, indicó Macron, que en los últimos días ha mantenido varias conversaciones telefónicas con Trump sobre cómo responder.

El político republicano nunca fue partidario de intervenir en Siria pero ya el año pasado, en abril, acabó respondiendo a otro ataque con armas químicas perpetrado por Damasco, aunque en esa ocasión actuó en solitario y con una intervención de menor calado que la de anoche. Washington, que ahora ha buscado deliberadamente apoyo internacional a sus actos, calcula que Al Asad ha usado en hasta 50 ocasiones este tipo de armamento prohibido contra la población civil.

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