Esquerra Republicana es la formación más antigua de Catalunya desde la desaparición de Unió Democràtica. Ha gobernado durante cinco años en la última década, primero en el gobierno tripartito y después en el de JxSí, aunque siempre como partido pequeño de la coalición. En las elecciones de este jueves, ERC tiene en la mano ganar sus primeras elecciones catalanas desde la Segunda República.

Durante esta campaña los republicanos han tenido el convencimiento que, en contra de lo que pensaban sus adversarios, tener a su líder encarcelado en la prisión de Estremera era una importante desventaja electoral. No sólo respecto a los partidos contrarios a la independencia sino, sobre todo, respecto a un Carles Puigdemont que ha podido utilizar su aura de president para hacer campaña por vídeoconferencia desde Bélgica.

Cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunció las medidas del 155 entre las que se incluía la convocatoria de elecciones, ERC partía como claro favorito en todas las encuestas. En la casa republicana se hablaba de 40 escaños como posibles y de 45 como aspiración. Cinco días después la jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela dictaba prisión provisional para Junqueras y siete exconsellers, seis de los cuales acabarían saliendo poco más de un mes después.

Dos semanas después de la convocatoria electoral, ERC celebró un Consell Nacional en el que los dirigentes moderaron, y mucho, sus aspiraciones. Los 45 escaños quedaron casi enterrados y los 35 aparecieron entonces como la meta por la que debían luchar. Eso, junto al objetivo de ser la formación más votada, que significaba batir a un Ciutadans disparado con los últimos coletazos del proceso soberanista pero, sobre todo, tras la declaración de independencia. Esquerra debería hacer frente también al “efecto Puigdemont”, que entonces comenzaba a sintetizarse en una lista de pretendida transversalidad independentista y alejada de la desgastada imagen del PDeCAT.

ERC decidió hacer frente a esta complicada situación que podía alejarles de una victoria anunciada compitiendo en una candidatura con sus propias siglas pero muy abierta a los independientes y tras formar un pacto con Demòcrates de Catalunya, la escisión independentista de Unió. Acudiendo en la candidatura propia, sin sus aliados y enemigos de Convergència, los de Junqueras se servían además la venganza por la candidatura de Junts pel Sí en 2015, en la que concurrieron sin desearlo, presionados por Artur Mas y su entorno.

Las siglas más antiguas de Catalunya, sin embargo, no son infalibles por sí mismas. Así lo han mostrado las encuestas, que ha ido desinflando el reinado total republicano en las últimas semanas hasta dibujar, al comienzo de la prohibición de publicar sondeos, que la carrera por el primer puesto estaba disputada entre ERC, Ciutadans e, incluso, JxCat. La sustituta de Oriol Junqueras, Marta Rovira, ha tenido que crearse una imagen de presidenciable en tiempo récord, con algunos patinazos de bulto al inicio de la campaña, como su desconocimiento, compartido con Inés Arrimadas, de las cifras del paro.

Fue en el cara a cara que las dos principales candidatas mantuvieron en el programa de Jordi Évole, Salvados, y en el que se consideró que Rovira había estado menos resuelta. Sin embargo aquel debate sí sirvió para reforzar la línea de campaña de ERC: una contienda a dos entre Ciutadans y ellos mismos. En la recta final de la campaña, esta apelación al voto útil independentista se ha intensificado, desesperando a sus contrincantes de JxCat que han visto reducido su empuje.

Al cierre de la campaña, el equipo de ERC continúa esperanzado en sus posibilidades de alzarse como partido más votado y, si esto no ocurriera, al menos sí como el grupo con más escaños. El único antecedente reciente de victoria electoral de los republicanos hay que buscarlo en las elecciones europeas de 2014, cuando se auparon al primer puesto distanciándose de CiU en 35.000 votos.

El 21D podría ser la entrada por la puerta grande de ERC al Palau de la Generalitat, 81 años después de la vuelta de Lluís Companys tras ser excarcelado. Pero, para que eso sea posible, será también necesario que los independentistas sumen al menos 68 escaños, algo que en esta jornada de reflexión nadie considera sencillo.

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