La Catalunya exterior emitió el 21 de diciembre más sufragios que nunca en unas elecciones autonómicas, incluso más que antes de la instauración en el 2011 del “voto rogado”, que redujo drásticamente la participación.

Las 27.229 papeletas escrutadas por las juntas electorales provinciales el día de Nochebuena superan el anterior máximo, el del 2006, cuando se recontaron 22.658. Entonces el censo era casi la mitad del actual, de manera que hubo una tasa de participación superior, del 20,8%, frente al 12% de ahora.

No obstante, ese 12%, por más bajo que resulte, supone un hito pues se trata de la primera vez que se supera la barrera del 10% desde que se implantó en España el “voto rogado”, que es una máquina de generar abstención.

Además, el 21-D hubo un cambio de manos de un escaño fruto del recuento del extranjero inédito en unas catalanas, mientras el independentismo volvió a superar el 50% en la diáspora, pese a debilitarse.

Las mayores facilidades que da la Junta Electoral Central, con plazos más largos y trámites por internet, propiciaron que en las generales del 2016 ya creciese el sufragio exterior, pero aun así en la diáspora española hubo tres veces menos de votantes que en el 2008, antes de la instauración del sistema de ruego.

En las gallegas del 2016, por ejemplo, el volumen de las papeletas del exterior resultó diez veces menor al del 2005 y en Euskadi, en el mismo periodo, la caída fue de tres veces. No hay precedentes de que las urnas del extranjero se llenen más que antes del 2011 como sucedió el 21-D en Catalunya, cuando aun así no se superó el máximo histórico de participación del exterior, el de las generales de 2008, con 31.945 votantes.

El récord del volumen de papeletas llegadas del extranjero parece explicar el cambio del reparto de escaños surgido de la noche electoral, que supuso que el PP le quitase un diputado a Ciudadanos en Tarragona. Gracias a esta cambio el diputado Alejandro Fernández volverá al Parlament esta legislatura.

Sin embargo, la proporción del voto exterior sobre el total volvió a ser reducida, del 0,6%, en una convocatoria en el número de votantes presenciales en Catalunya la afluencia volvió a batir todos los récords. De hecho, en el 2006 el peso del sufragio exterior fue más alto, del 0,8%, y no se produjo ningún cambio. Esta vez lo hubo porque en la atribución del último escaño de Tarragona en el recuento provisional había una diferencia muy escasa, de 12 votos a favor de Cs. La existencia de margen es el que permite que el recuento del extranjero modifique el reparto.

A diferencia de lo que ocurrió dentro de Catalunya, el aumento de la participación en el extranjero, con la casi duplicación del número de votantes del 2015, sí desencadenó alteraciones en la distribución por bloques. En el voto exterior del 21 de diciembre la primera fuerza fue Junts, que mantuvo la hegemonía tradicional de CiU. Y el independentismo ganó en conjunto con un 54,1% de los votos, aunque con un descenso apreciable respecto al 64,2% del 2015. De todos modos, la Catalu-nya exterior sigue siendo más secesionista que la interior, en un momento en el que las fuerzas tradicionales españolas se han desmoronado en el extranjero, pues las generales españolas las ganan Podemos y sus confluencias.

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