El golpe de Donald Trump va directo a la línea de flotación de los palestinos. Si EE.UU. suele aportar unos 300 millones de dólares anuales, en dos partidas, a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, Unrwa (que representan el 30% de sus recursos), el presidente ha retirado 65 millones de la primera partida. Y el resto ya veremos…

La decisión parece seguir un dictado israelí. El pasado junio, el primer ministro Beniamin Netanyahu acusaba a la ONU de “obsesión antiisraelí” y decía: “Es hora de que la ONU reexamine a fondo la existencia de la Unrwa”, la cual “perpetúa el problema de los refugiados en lugar de resolverlo. Es hora de que la Unrwa sea desmantelada y se integre en el Alto Comisionado para los Refugiados”, el Acnur. Desde luego, no depende de la ONU (cuyas resoluciones Israel suele incumplir), sino de un acuerdo bilateral de paz resolver la cuestión de los refugiados. Pero por primera vez un primer ministro hablaba públicamente contra la Unrwa.

Un barrendero a las puertas de una oficina de la Unrwa en el campo de refugiados de Dheishe, cerca de Belén, en Cisjordania Un barrendero a las puertas de una oficina de la Unrwa en el campo de refugiados de Dheishe, cerca de Belén, en Cisjordania (Musa Al Shaer / AFP)

La Agencia de las Naciones Unidas para la Asistencia y Trabajos de los Refugiados Palestinos (Unrwa) se creó en 1949 y reconoce como refugiados a los descendientes de aquellos de la guerra de 1948 con la que se creó el Estado de Israel. Esta consideración afecta al llamado derecho de retorno, que ha sido piedra angular palestina en las siempre frustradas conversaciones de paz.

La Administración Trump ha calcado los términos de Netanyahu. Heather Nauert, portavoz del Departamento de Estado, dijo: “Estamos echando un vistazo a la organización (…) y nos gustaría ver que se hacen algunas reformas”. ¿Cuáles? No lo dijo. Aparentemente, el secretario de Estado, Rex Tillerson; el de Defensa, James Mattis, y el consejero de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, se impusieron a los criterios de la voz de Trump ante la ONU, la embajadora Nikki Haley, y de su yerno, Jared Kushner, supuesto coordinador de un inexistente proceso de paz, quienes pretendían cortar los fondos del todo. Así se entiende que la portavoz Nauert dijera que “es hora de que algunos países que nos han criticado, algunos muy ricos, den un paso adelante”. Fue una alusión a las monarquías del Golfo y, según diplomáticos europeos citados por France Presse, sería una opción porque la UE quizás no esté para más.

Tenemos 700 escuelas y 148 clínicas. Es una agencia muy peculiar, no es como Unicef u otras. Somos la segunda agencia de empleo en Palestina

Raquel Martí

Directora ejecutiva del Comité Unrwa España

La posición del Departamento de Estado y del Pentágono, favorable a mantener cierta financiación, hay que entenderla en términos de seguridad en la región. La voladura de la Unrwa llevaría a los palestinos al límite. Y, al mismo tiempo, pondría la pelota en el tejado de Israel, ya que como Estado es responsable de la población ocupada, algo en lo que no parece pensar Netanyahu.

Arruinar la Unrwa sería desestabilizador, pero a la vez haría más responsable a Israel de la población ocupada

Cuando se habla de la Unrwa como garante de estabilidad –a lo que ha aludido la veterana dirigente de la OLP Hanan Ashrawi– hay que pensar no sólo en Cisjordania y Jerusalén Este sino sobre todo en Gaza, donde la dependencia de la Unrwa es mayúscula.

Hace una semana, el diario israelí Haaretz revelaba que oficiales del ejército, funcionarios y servicios secretos coinciden en que la economía de Gaza está al borde del colapso, “de cero a bajo cero”. El desempleo roza el 50%, y por el paso de mercancías de Kerem Shalom sólo cruza un tercio de los camiones que solían hacerlo; nadie tiene dinero para comprar nada. La Unrwa suministra alimentos a un millón de personas mensualmente, da educación a 245.000 niños y provee 10.000 empleos, “lo que significa diez mil familias”, señala Martí.

Antes del 2014 no se hablaba de suicidios en Gaza. Ahora la mayoría de los que se suicidan son niños. Es la única manera de escapar

Raquel Martí

Directora ejecutiva de Unrwa España

El bloqueo israelí impuesto a la franja en el 2007 –y del que Mahmud Abas ha sido cómplice–, más las dos ofensivas a finales de aquel mismo año y en el 2014 (en las que La Vanguardia fue testigo de ataques a instalaciones de la Unrwa, escuelas en particular, que suelen acoger a la población durante los bombardeos), han destrozado a dos millones de gazatíes: ocho de cada diez viven bajo el umbral de pobreza, la crisis sanitaria, de energía y de acceso al agua potable es absoluta y el índice de suicidios se ha disparado, unos 80 al mes en el 2016 por estas mismas fechas.

“Antes del 2014 no se hablaba de suicidios –explica Raquel Martí–. Ahora la cuestión del suicidio forma parte del currículo de Unrwa. Al principio se suicidaban adultos, pero ahora la mayoría son niños. Es la única manera de escapar”.

La aportación española

España ocupa el puesto 23 en la lista de países, agencias humanitarias y oenegés que financian o apoyan a la Unrwa, con una aportación de 2.476.824 dólares, según la última lista publicada, a 31 de diciembre del 2016. El pasado diciembre, la Agencia Española de Cooperación Internacional aprobó otros dos millones de euros. Pero además, existe un Comité Nacional Unrwa España que figura en el puesto 32 de la citada lista, con 459.046 dólares. Es un caso casi único, ya que sólo existen agencias similares en Estados Unidos e Italia. “El comité español se financia gracias a donantes de los gobiernos regionales y gracias a la colaboración de los ciudadanos y fundaciones, pero si lo comparo con agencias como Unicef o Acnur es poco”, explica Raquel Martí.

Un niño ante un brasero en el campo de refugiados de Al Shati, junto a Ciudad de Gaza Un niño ante un brasero en el campo de refugiados de Al Shati, junto a Ciudad de Gaza (Mohammed Saber / EFE)

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