Carles Puigdemont no ha querido faltar al tradicional mensaje de fin de año que pronuncia el presidente de la Generalitat y, pese a haber sido cesado en aplicación del artículo 155 de la Constitución, ha transmitido su discurso navideño desde Bruselas a través de las redes sociales. Una alocución en la que ha exigido al Gobierno español que “repare el daño causado” y ha reclamado que “comience finalmente la era del diálogo y la negociación”, sin concretar, sin embargo, si tiene pensado volver a Catalunya para el debate de investidura.

Este es el texto íntegro del mensaje del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont desde la capital belga. Lea la versión original del discurso en catalán al final del artículo:

Queridos conciudadanos y conciudadanas,

Me dirijo a todos vosotros, en el tradicional discurso de Fin de Año, en las circunstancias más inverosímiles imaginables. Hace sólo un año, nadie en Catalunya ni en Europa hubiera podido ni pensar que asistiríamos a la vergüenza y al escándalo de tener, hoy, presos políticos en las cárceles de un país de la Unión Europea. Y tenemos cuatro: el vicepresidente Oriol Junqueras, el conseller Joaquim Forn, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. Están en prisión por sus ideas políticas, y eso lo sabe todo el mundo. Los acusan, como a todos nosotros, de haber cumplido la promesa electoral y haber sido fieles al Parlament de Catalunya con el único propósito de construir un país mejor, con herramientas verdaderamente eficaces y recursos que en justicia nos corresponden porque son fruto del esfuerzo del pueblo de Catalunya en su conjunto, de los 7,5 millones de habitantes.

Pero a pesar de esta situación, no quería dejar pasar la ocasión de dirigiros un mensaje de buenos augurios para el nuevo año que empieza y trasladaros unas breves reflexiones. En primer lugar, quiero agradecer a todo el mundo su participación en las elecciones del 21 de diciembre. Casi una participación del 82% es un éxito democrático histórico, tanto en nuestra casa como en la mayoría de países de Europa. Siempre hemos dicho que los catalanes no tenemos miedo de las urnas, convoque quien convoque unas elecciones, y es por eso que podemos estar contentos, como pueblo, de nuestra participación en una jornada, ahora sí, sin violencia ni represión. Gracias por haber emitido con tanta claridad un mensaje que ya no admite discusión: los catalanes, pensemos lo que pensemos, queremos y sabemos utilizar las urnas para resolver nuestras aspiraciones y las legítimas discrepancias sobre como tenemos que encarar nuestro futuro colectivo. Somos un pueblo democráticamente maduro que se ha ganado el derecho a hacerse a sí mismo como república de hombres y mujeres libres.

En segundo lugar, quiero destacar que el Gobierno español tiene enfrente una nueva oportunidad de comportarse como la democracia europea que asegura ser y, por lo tanto, reconocer el resultado de las elecciones del 21 de diciembre y empezar a negociar políticamente con el Govern legítimo de Catalunya. Los ciudadanos catalanes y los ciudadanos españoles así lo esperan, pero también lo esperan muchos ciudadanos europeos y sus gobiernos e instituciones. Muchos ciudadanos esperan que, fracasada la receta de la violencia, la represión y la liquidación del autogobierno, empiece finalmente la era del diálogo y la negociación que venimos reclamando desde hace años.

El presidente Rajoy propuso a los socios de la Unión Europea una solución rápida e indolora, un remedio casi milagroso, que resolvería el pleito catalán antes de Navidad: supresión de las instituciones catalanas legítimas y democráticas, intervención de la Generalitat, convocatoria exprés de las elecciones al Parlament y victoria electoral de los partidos constitucionalistas, que formarían un gobierno autonómico dócil y conformista. Pues no. La última parte no sólo no ha salido como él soñaba, sino que su partido ha quedado relegado a la última posición y el Govern que presido puede mantener el apoyo parlamentario.

A los responsables de esta receta les tenemos que preguntar ¿de qué ha servido tanta represión? ¿De qué ha servido perjudicar al pueblo de Catalunya con la parálisis que ha significado el 155? ¿De qué ha servido provocar tanto dolor, a las víctimas de la violencia del día 1 de octubre, a los miembros del Govern y la Mesa del Parlament, a los alcaldes y a los líderes sociales encarcelados, a los bomberos, maestros y policías que tienen que desfilar por los juzgados o tienen que temer una delación ideológica? ¿De qué les ha servido este despropósito monumental? ¿Era esta la propuesta española para Catalunya?

No nos resignemos a este tipo de respuestas a nuestras demandas. Tenemos el derecho de defender una Catalunya mucho mejor y de disponer de las herramientas para hacerlo posibles que el Estado nos niega sistemáticamente. Como políticos, tenemos el deber de hacerlo. Por eso, como president, exijo al Gobierno español y a los que lo apoyan que rectifiquen aquello que ya no funciona, que reparen el daño causado, y que restituyan todo aquello que han destituido sin el permiso de los catalanes. Las urnas han hablado, la democracia ha hablado, todo el mundo se ha podido expresar. ¿A qué espera el presidente Rajoy a aceptar los resultados?

De aquí un año, el discurso de Fin de Año del presidente de la Generalitat se pronunciará, como no puede ser de otra manera, desde el Palau de la Generalitat, cerca de todos los trabajadores de la administración catalana que hoy soportan la intervención chapucera y a quienes quiero animar a servir a nuestro pueblo con la misma eficacia de siempre. Hasta entonces, os deseo de todo corazón que el año que ahora empieza lleve aparejadas las mejores perspectivas para todo el mundo y en todos los ámbitos. Espero que sea un año próspero, un año de progreso y un año de armonía en el que disfrutemos de los valores fundacionales de la república: libertad, igualdad y fraternidad.

Muchas gracias y buen año 2018 a todo el mundo.

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Benvolguts conciutadans i conciutadanes,

M’adreço a tots vosaltres, en el tradicional discurs de Cap d’Any, en les circumstàncies més inversemblants imaginables. Fa només un any, ningú a Catalunya ni a Europa hagués pogut ni pensar que assistiríem a la vergonya i a l’escàndol de tenir, avui, presos polítics a les presons d’un país de la Unió Europea. I en tenim quatre: el vicepresident Oriol Junqueras, el conseller Joaquim Forn, en Jordi Sànchez i en Jordi Cuixart. Són a la presó per les seves idees polítiques, i això ho sap tothom. Els acusen, com a tots nosaltres, d’haver complert la promesa electoral i d’haver estat fidels al Parlament de Catalunya amb l’únic propòsit de construir un país millor, amb eines veirtablement eficaces i recursos que en justícia ens corresponen perquè són fruit de l’esforç del poble de Catalunya en el seu conjunt, dels 7,5 milions d’habitants.

Però malgrat aquesta situació, no volia deixar passar l’ocasió d’adreçar-vos un missatge de bons auguris pel nou any que comença i fer-vos també avinents unes breus reflexions. En primer lloc, vull agrair a tothom la seva participació a les eleccions del 21 de desembre. Gairebé una participació del 82% és un èxit democràtic històric, tant a casa nostra com a la majoria de països d’Europa. Sempre hem dit que els catalans no tenim por de les urnes, convoqui qui convoqui unes eleccions, i és per això que podem estar contents , com a poble, de la nostra participació en una jornada, ara sí, sense violència ni repressió. Gràcies per haver emès amb tanta claredat un missatge que ja no admet discussió: els catalans, pensem el que pensem, volem i sabem fer servir les urnes per resoldre les nostres aspiracions i les legítimes discrepàncies sobre com hem d’encarar el nostre futur col•lectiu. Som un poble democràticament madur que s’ha guanyat el dret a fer-se a si mateix com a república d’homes i dones lliures.

En segon lloc, vull posar en relleu que el govern espanyol té al davant una nova oportunitat de comportar-se com la democràcia europea que assegura ser i, per tant, reconèixer el resultat de les eleccions del 21 de desembre i començar a negociar políticament amb el Govern legítim de Catalunya. Els ciutadans catalans i els ciutadans espanyols així ho esperen, però també ho esperen molts ciutadans europeus i els seus governs i institucions. Molts ciutadans esperen que, fracassada la recepta de la violència, la repressió i la liquidació de l’autogovern, comenci finalment l’era del diàleg i la negociació que venim reclamant des de fa anys.

El president Rajoy va proposar als socis de la Unió Europea una solució ràpida i indolora, un remei gairebé miraculós, que resoldria el plet català abans de Nadal: supressió de les institucions catalanes legítimes i democràtiques, intervenció de la Generalitat, convocatòria exprés de les eleccions al Parlament i victòria electoral dels partits constitucionalistes, que formarien un govern autonòmic dòcil i conformista. Doncs no. La darrera part no només no ha sortit com ell somniava, sinó que el seu partit ha quedat relegat a la darrera posició i el Govern que presdeixo pot mantenir el suport parlamentari.

Als responsables d’aquesta recepta els hem de preguntar de què ha servit tanta repressió? De què ha servit perjudicar el poble de Catalunya amb la paràlisi que ha significat el 155? De què ha servit provocar tant de dolor, a les víctimes de la violència del dia 1 d’octubre, als membres del govern i la mesa del parlament, als alcaldes i als líders socials empresonats, als bombers, mestres i policies que han de desfilar pels jutjats o han de témer una delació ideològica? De què els ha servit aquest despropòsit monumental? Era aquesta la proposta espanyola per a Catalunya?

No ens resignem a aquesta mena de respostes a les nostres demandes. Tenim el dret de defensar una Catalunya molt millor i de disposar de les eines per fer-ho possibles que l’Estat ens nega sistemàticament. Com a polítics, tenim el deure de fer-ho. Per això, com a president, exigeixo al Govern espanyol i als que li donen suport que rectifiquin allò que ja no funciona, que reparin el dany causat, i que restitueixin tot allò que han destituït sense el permís dels catalans. Les urnes han parlat, la democràcia ha parlat, tothom s’ha pogut expressar. A què espera el president Rajoy a acceptar els resultats?

D’aquí un any, el discurs de Cap d’Any del president de la Generalitat es farà, com no pot ser d’altra manera, des del Palau de la Generalitat, ben a prop de tots els treballadors de l’administració catalana que avui suporten la intervenció barroera i a qui vull encoratjar a servir el nostre poble amb la mateixa eficàcia de sempre. Fins llavors, us desitjo de tot cor que l’any que ara comença dugui aparellades les millors perspectives per a tothom i en tots els àmbits. Espero que sigui un any pròsper, un any de progrés i un any d’harmonia en què gaudim dels valors fundacionals de la república: llibertat, igualtat i fraternitat.

Moltes gràcies i bon any 2018 a tothom.

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