Hasta ahora, la investigación de la Unidad Central de Desaparecidos de los Mossos d’Esquadra ocupa casi 2.500 folios en los que abundan estudios muy técnicos que han permitido reconstruir, minuto a minuto, el recorrido de todos los vehículos que accedieron al lugar del pantano de Susqueda en la que el 24 de agosto fueron asesinados una pareja del Maresme. Ese trabajo, a partir de cámaras de videovigilancia que no les facilitaba ni la matrícula y, en ocasiones, ni el modelo, les permitió comprobar que el Opel Zafira azul de Paula y Marc llegó al pantano 32 minutos después del Land Rover Santana blanco del único detenido y sospechoso del doble crimen, Jordi Magentí.

El hombre siempre negó haber estado en la zona con ruinas conocida como la Rierica el día de los crímenes y en el momento de los asesinatos. Pero las cámaras de seguridad, los testigos que vieron su coche y su propia confesión ya en prisión a un compañero de celda le situaron.

Esta vez poco se pudo trabajar con los teléfonos móviles, salvo confirmar que los de Paula y Marc siguen sin aparecer, es probable que el asesino los guardara en la mochila que queda por descubrir, la de Paula, y que es más que probable que siga bajo las aguas de un pantano que, a día de hoy, los mossos siguen analizando casi a diario en busca de más pruebas e indicios.

Magentí no llevaba teléfono móvil ese día, ni casi nunca. Tampoco era muy parlanchín en sus conversaciones telefónicas, aunque en una con su mujer se observa claramente cómo le pide que cuando le llamen los Mossos para declarar sólo cuente la verdad: “Que había gente muy mala en el pantano”.

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