El consultor Juan Freire escribió una vez que “la verdadera libertad incluye la opción de abstenerse como una actitud tan legítima como el voto”. Las formaciones soberanistas consideran que la Generalitat no está perdida tras las próximas elecciones catalanas, aunque las encuestas aseguran que, por poco, las candidaturas independentistas –ERC, JxCAT y CUP– no suman mayoría absoluta. Por ello, depositan todas sus esperanzas en llegar a la presidencia gracias a una votación en segunda vuelta durante la investidura en el Parlament, en la que se abstendrían los Comunes de Xavier Domènech y Ada Colau. Así lo apuntan fuentes de las dos candidaturas, si bien no están de acuerdo en nada más. Ni siquiera en quién tendría que ser el presidente.

Dado que según las últimas encuestas nadie tendrá mayoría en la cámara catalana, la única esperanza de las fuerzas independentistas radica en esta votación en segunda vuelta cuando, tal y como marca el reglamento, no sería necesario contar con mayoría absoluta y bastaría con mayoría simple para salir nombrado presidente.

El candidato de Catalunya en Comú, Xavier Domènech presume estos días de que su partido tendrá la llave pero los vetos sistemáticos y preventivos de todos los partidos hacen que esta llave más que una ventaja acabe siendo una maldición. ERC veta al PSC, que a su vez se niega a dar apoyo a los republicanos. Los propios Comunes son contrarios a gobernar con JxCAT y respaldar a ninguna iniciativa que incluya a Cs. Estos a su vez han anunciado que evitarán ser compañeros de viajes de cualquier formación independentista.

De modo que, la única esperanza de JxCAT y ERC es quedar por delante de Cs en escaños y a partir de ahí conseguir que un candidato de su partido, sea el que sea, se presente a candidato a propuesta del presidente del Parlament. Consideran que ganarán en escaños, en parte porque la actual Ley Electoral española prima a las zonas rurales para que tengan representación, lo que favorece en esencia a Lleida y Girona. Los independentistas nunca se han puesto de acuerdo para cambiar esta ley electoral, una norma que les da de partida cuatro diputados más que a las zonas metropolitanas de las diez mayores ciudades de Cataluña.

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Por tanto, saben que ganarán, gracias al voto rural y carlista. Pero no podrán gobernar si los comunes no facilitan la operación absteniéndose, una opción legítima, al fin y al cabo, como apuntaba Freire. La abstención gusta a la alcaldesa Ada Colau, siempre partidaria de no hacer nada como manera de desatascar embrollos políticos. Pero supone una sentencia de muerte para las expectativas electorales de Pablo Iglesias en el resto de España, donde se entendería que sus socios catalanes han vuelto a entregar la Generalitat a los mismos que han estado jugando a desestabilizar España.

Campaña confusa

Por ahora, Domènech y los suyos se mantienen al margen y sin pronunciarse sobre sus intenciones postelectorales. Fuentes del nuevo partido de Colau aseguran que más que cálculo político es que no lo saben. Tampoco supone un problema en la campaña electoral más confusa que se recuerda en España: en JxCAT sólo apuestan por restituir a Carles Puigdemont, un candidato que si pisa España será encarcelado por haberse dado a la fuga cuando era reclamado ante la Audiencia Nacional. JxCAT no prevé que haya un suplente, así que todo está en el aire. Más todavía si se tiene en cuenta que ERC se niega a nombrar presidente a Puigdemont si éste no queda en primera posición con un mayor número de escaños que los republicanos.

La campaña es muy confusa, con dos formaciones cuyos cabeza de lista no serán los presidentes que poco importa que Catalunya en Comú no se definan

En este sentido, ERC, la favorita en las encuestas, ha sido mucho más coherente. Oriol Junqueras desde la cárcel de Estremera ha ungido a Marta Rovira, secretaria general del partido, como su apuesta para que sea la presidenta si él tiene que seguir en prisión preventiva.

Utilidad de la campaña

Por tanto, la utilidad de la campaña no es para ganar votos. El grueso del independentismo ya está muy movilizado y por separado no es probable que consigan unos resultados muchos mejores, a menos que las apelaciones al voto útil entre ERC y JxCAT desgasten todavía más a la CUP. Lo que queda hasta el 21-D ha de servir para que los soberanistas acuerden a qué candidato apoyar. Y conseguir para ello la complicidad de la CUP. Ayer, ERC, ya abrió la mano para que los ‘cupaires’ pudiesen sentirse más cómodos anunciando que no descartaban volver a apuntarse a la unilateralidad, pese a que el programa de los republicanos aboga justo por lo contrario.

En todo caso C’s también se encuentra a la expectativa. Las encuestas acostumbran a sobrevalorarlos, tal y como pasó en las últimas generales; lo contrario que pasa con el PSC, que suelen aparecer infravalorado en los sondeos. Pero esta campaña no es nada común y tampoco se trata de unas elecciones normales. La alta participación prevista favorece sobre todo a los partidos no independentista. Pero también resulta una incógnita que pasará al respecto. Por tanto, todo está abierto. Lo único seguro es que sin la abstención del partido de Ada Colau ni los independentistas podrán gobernar tras el 21-D.

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