Primero fue el rey. Antes de que Mariano Rajoy anunciara la aprobación del 155, pactado con PSOE y Ciudadanos, Felipe VI abonó el camino. Fue el 3 de octubre por la noche, 48 horas después de la consulta del 1 de octubre. Aquel día,  el monarca se empleó con una dureza inusual, como si estuviera mirando de reojo la intervención de su padre en la noche del 23 de febrero de 1981.

Tanto aquella noche del golpe de Estado como la del 3 de octubre, han sido las dos únicas veces en las que tanto Juan Carlos como Felipe se han dirigido a los españoles al margen del tradicional mensaje de Nochebuena.

Del mismo modo que el duro mensaje del rey sobre Puigdemont se produjo 48 horas después del 1-O; este mensaje navideño llega a 72 horas después de otro hito: la revalidación de la mayoría absoluta parlamentaria por parte del independentismo.

Si con el artículo 155 apoyado por el rey  “para hacer frente a un inaceptable intento de secesión” no se ha logrado una mayoría de gobierno alternativa en Catalunya, Felipe VI tiene este domingo por la noche la oportunidad de modular su discurso; de aprovechar el espíritu navideño y la derrota de la estrategia de PP, PSOE y Ciudadanos apoyada por él mismo para rebajar el tono.

El rey aún no había grabado el discurso el viernes por la tarde, según fuentes de Zarzuela. Las mismas fuentes señalaban que es lo habitual que se espere hasta los últimos momentos, pero no aclaran si otros años fue con 24, 72 o más horas de antelación.

Dureza

“Inadmisible”. “Irresponsable”. “Inaceptable”. Éstos fueron algunos de los adjetivos y adverbios que empleó el rey en su discurso del 3 de octubre para descalificar la actitud de las “autoridades catalanas” y abrir el camino a la intervención de la autonomía catalana. “Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática”, arrancó el rey. ¿Por qué? “Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía”.

El rey, así, censuraba a “esas autoridades” su “conducta irresponsable”. Y añadía: “Todo ello ha supuesto la culminación de un inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas de Cataluña. Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia”.

“Los españoles viven con desasosiego y tristeza estos acontecimientos”, afirmó el rey: “Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos muy complejos, pero saldremos adelante”. Y terminó subrayando “el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como rey con la unidad y la permanencia de España”.

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