Cuatro ministros presidieron el pasado jueves en Málaga la exaltación cristiana de la Legión. María Dolores de Cospedal (Defensa), Juan Ignacio Zoido (Interior), Íñigo Méndez Vigo (ministro portavoz y titular de Educación y Cultura) y Rafael Catalá (Justicia) entonaron sin disimulo los compases de El novio de la muerte, legendario himno legionario, mientras una compañía de honores del Tercio Alejandro Farnesio trasladaba al Cristo de la Buena Muerte desde la iglesia de Santo Domingo hasta la sede de su hermandad. Cuatro ministros, cuatro, al frente de la Santa Tradición.

Contrarreforma. La ministra socialista Carme Chacón quiso alejar a los militares de las procesiones religiosas con la modificación del reglamento de Honores Militares (2010), pero dos años después, con el Partido Popular de nuevo en el poder, esa vieja praxis española conocida como la “vista gorda”, rehizo el noviazgo entre la Legión y el Cristo de la Buena Muerte y devolvió a la Guardia Civil a un buen número de ceremonias religiosas. La novedad de este año es la ostentosa presencia de cuatro ministros en la ceremonia malagueña.

Una corriente contraria al oficialismo español recorre Europa

No es una anécdota. Con Cospedal en Defensa, este año se ha vuelto a ordenar que las banderas españolas ondeen a media asta en los cuarteles, en señal de luto por la muerte de Cristo. La derecha de la derecha intenta fortificar aquellas líneas defensivas que el PP no puede perder. El partido en el Gobierno ha decidido levantar la bandera de la Tradición ante el segmento social que le sigue siendo más fiel. Aquí estamos, cantando El novio de la muerte en Málaga, y desafiando a todos los que se llevan las manos a la cabeza. A ver si se atreve Ciudadanos a predicar la laicidad del Estado en plena Semana Santa. Una maniobra rifeña: “¡Aquí os esperamos, riveristas, atacad si tenéis valor!”.

No importa lo que diga la izquierda, con los ojos fuera de las órbitas. No importa el calambre en las redes sociales. No importa la estupefacción de la mayoría de los jóvenes españoles menores de treinta años, que según un reciente estudio del Instituto Católico de París y de la Universidad Católica St. Marys de Londres, no se identifican con ninguna religión en un 55%. (El estudio se refiere a doce países europeos).

Cifuentes pierde pie en Madrid y puede empujar al PP a la catástrofe

El tema no es el “catolicismo pasivo” de una mayoría cada vez más amplia de españoles. El tema es Ciudadanos, que ha empezado a perforar las bases tradicionales del Partido Popular y comienza a perfilarse como una síntesis de interés para aquellos sectores de la sociedad que ya se sienten a salvo de la crisis económica y quieren algo nuevo en política. Algo que huela a cambio, sin aparentes riesgos económicos y con la bandera de España bien visible.

Sin ningún factor que le desgaste, puesto que no gobierna en ninguna gran ciudad y no preside ninguna comunidad autónoma, el partido naranja no para de crecer. Un sondeo privado efectuado durante el mes de marzo por una de las empresas con mayor tradición en el sector –realizado después de las masivas manifestaciones feministas del 8-M y de las contundentes protestas de los jubilados–, señala que Ciudadanos se está despegando de los demás partidos y podría acariciar en estos momentos el 30% de los votos. Se estaría rompiendo el empate en cabeza. El Partido Popular corre el riesgo de situarse por primera vez por debajo del 20%, casi empatado con el PSOE y con Podemos, que estaría repuntando, empujado por su protagonismo en las movilizaciones sociales del pasado mes. Un escenario inédito: Ciudadanos, destacado en cabeza, sin alcaldías y presidencias regionales que le desgasten, y los demás partidos casi igualados, entre el 20 y el 17,5%. Una pesadilla para el Partido Popular. Un dolor de cabeza para la estrategia zen que Pedro Sánchez predica a los angustiados cuadros socialistas: “No hay prisa, no hay prisa, ya aceleraremos”.

Faltan meses para las elecciones y muchas cosas van a cambiar hasta entonces, pero el partido en el Gobierno se halla en una difícil encrucijada. Si empieza a perder a los electores más fieles, los próximos meses se pueden convertir en un auténtico calvario, con banderas a media asta.

Se inicia en València una investigación judicial que afectará a la izquierda

La pasión legionaria de los cuatro ministros en Málaga no es una anécdota. La maniobra es rifeña. El diezmado Partido Alfa está defendiendo el Barranco del Lobo (episodio clave de la guerra del Rif en 1909). Si lo pierde, arriesga el desastre. En la convención del partido que tendrá lugar el próximo fin de semana en Sevilla, el PP incorpora un árbol a su simbología. Una encina. El partido con raíces. El partido de los valores seguros frente a las efímeras novedades. El partido de orden, que en estos momentos necesita una imagen: Carles Puigdemont llegando al aeropuerto de Barajas –¿esposado?– bajo custodia de la policía española. Con esa foto, el Partido Alfa es capaz de salir vivo del Barranco del Lobo. ¿La tendrá?

Depende de Alemania. Mejor dicho, depende de los jueces del estado federado de Schleswig-Holstein, muy celosos de su rigor y de su independencia. Mejor dicho, depende de ese pliegue de la civilización democrática europea en el que el cumplimiento de las normas entra en contacto con la opinión pública, sin que se oiga como música de fondo El novio de la muerte, o canción similar.

Alemania no tienen ningún motivo de fondo para estropear la frágil legislatura de Mariano Rajoy. Todo lo contrario. La justicia alemana es rigorista y la primera semana de Puigdemont en prisión ha tenido efectos en la opinión publicada europea. Se observa el siguiente rizo: se ha consolidado la idea de que los soberanistas catalanes actuaron como aventureros en otoño, pero duras penas de prisión, bajo la acusación de rebelión con violencia, parecen un exceso. Hay que hallar una solución. Ese es el denominador común de los pronunciamientos que se están efectuando y que no son pocos.

El teorema del juez Pablo Llarena no gusta, aunque acabe siendo aceptado por la justicia alemana. Hay un viento contrario al oficialismo español en estos momentos en Europa. El veterano diplomático Inocencio Arias lo ha advertido, mientras en Madrid aún resuenan los aplausos por la detención de Puigdemont. El relato sobre la violencia en Catalunya será clave en las próximas semanas. El Gobierno ya está trabajando en ello. La actividad de los denominados Comités de Defensa de la República (CDR) se convertirá en la piedra de toque. No es seguro que todos los actores de la amalgama soberanista catalana –ferozmente peleados entre sí– tengan hoy una percepción inteligente de lo que está ocurriendo. El Gobierno español escogió Alemania para la detención de Puigdemont (podían haber solicitado que fuese interceptado en Dinamarca), pero el arbitraje alemán adquiere un alto significado, que anima a las tomas de posición en todo el continente. Así está ocurriendo.

El PP se halla en el Barranco del Lobo, sometido a la presión de Ciudadanos y sin posibilidad de aprobar el presupuesto del 2018 hasta que no se perfile Catalunya. El Partido Nacionalista Vasco, que hoy celebrará el Aberri Eguna con fuertes alusiones a la nación vasca, no puede pactar la estabilidad con Madrid, aunque se muera de ganas. También debe esperar el veredicto alemán.

Hay otros dos escenarios que tener en cuenta en las próximas semanas. Madrid y Valencia. En la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes está en serias dificultades por la presunta falsificación de sus notas en un máster que cursó en la Universidad Juan Carlos I. Tampoco es una anécdota. Los másters cuestan muy caros a las familias que pueden pagarlos, para aproximar a sus hijos al mercado laboral. Si Cifuentes no logra resolver su situación, la Comunidad de Madrid podría empujar al PP al fondo del Barranco del Lobo.

En la Comunidad Valenciana viene viento racheado sobre presuntas irregularidades en las campañas electorales del 2007 del PSPV-PSOE y del Bloc Nacionalista Valencià. Hay una investigación judicial en marcha, que PP y Ciudadanos esperan con ansía. La izquierda prometió limpieza en Valencia.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.