Cuando Jordi Pujol estaba al frente de la Generalitat se quejaba de que en el extranjero lo confundían con el presidente de una compañía de seguros. Catorce años después, su heredero Artur Mas se despedía ayer de la primera línea política en el auditorio de una aseguradora y la Generalitat es la protagonista de un conflicto político con reconocimiento internacional.

Entre Jordi Pujol y Carles Puigdemont, el pal de paller del catalanismo se ha convertido en una galaxia de partidos y entidades satélites con incompatibilidades personales y en sus corpus ideológicos pero condenados a entenderse para mantener la mayoría independentista reeditada el 21-D. No obstante, la convicción de todos ellos de que habrá un pacto para la composición de la Mesa del Parlament y la investidura no supone una plácida travesía, si no todo lo contrario.

El independentismo plantea garantizarse la mayoría con tres renuncias en Bruselas

Los planes de Puigdemont han tensado las relaciones entre su equipo en Junts per Catalunya y su partido, el PDECat por cuestiones políticas y económicas, pero también con ERC. No hay reproches públicos pero el calendario aprieta y la estrategia impuesta desde Bruselas es de compleja digestión para quienes optan por una legislatura centrada en la gestión que permita recuperar las instituciones tras la intervención del Gobierno con el artículo 155 de la Constitución.

Puigdemont, aspirante online a ser reinvestido presidente de la Generalitat, insistía ayer en el consejo nacional del PDECat que despedía a Artur Mas en “no subvertir” el mandato electoral que limitó a la “restitución del Govern”. Mas había invitado a “saber leer la realidad” pero, a falta de negociación sobre un programa de legislatura, el debate entre los partidos independentistas se centra en cuestiones reglamentarias y procedimientos parlamentarios.

ERC lamenta que JxCat no se mueva ni un milímetro para asegurar la legislatura

Puigdemont y sus diputados consideran que las dificultades técnicas para una investidura a distancia, manifestadas por los propios letrados del Parlament, deben ser superados por la interpretación política. “Setenta diputados no se pueden frenar por problemas técnicos”, insisten una y otra vez. Así que esperan a que ERC designe un candidato a la presidencia del Parlament y a la constitución de la Mesa el día 17. El plan pasa porque la presidencia de la Cámara convoque el pleno de investidura proponiendo a Puigdemont como candidato con los apoyos necesarios, sin presuponer si asistirá o no. El problema, en todo caso, llegaría el día de la sesión, en la que plantean que un diputado presente el programa del candidato por delegación haciendo una interpretación política del reglamento.

El plan no es tan diáfano para los republicanos que se ven inmersos en un bucle perverso de ser acusados por el propio Puigdemont de “avalar el 155” si plantean la necesidad de contar con un plan B al 130 presidente de la Generalitat, mientras se perpetúa la intervención de las instituciones catalanas precisamente por la demanda inamovible de la restitución del Govern cesado. La determinación de arrancar la legislatura con un nuevo choque con el Tribunal Constitucional dificulta la elección de candidatos para la Mesa. ERC sostiene que atenderá las recomendaciones de los letrados y el PDECat sufre en silencio.

En el entorno de Puigdemont ya se admiten los límites de su estrategia de tensión

Puigdemont y la secretaria general de ERC, Marta Rovira, acordaron esta semana que la sesión constitutiva del Parlament no se bloquearía pero la investidura sigue abierta, aunque el president cesado sostenga que es un “paquete indivisible”. También queda por resolver la posible renuncia a los escaños de los diputados electos que acompañan a Puigdemont en la capital comunitaria con el fin de garantizar la mayoría absoluta. Asumido por la vía judicial que Oriol Junqueras, Joaquim Forn y Jordi Sànchez podrían votar por delegación mientras están en prisión preventiva, una fórmula que está sobre la mesa para garantizar los 68 votos es que renuncien Clara Ponsatí, Lluís Puig y Meritxell Serret, mientras Puigdemont y Toni Comín –uno de cada partido– mantendrían el escaño en la distancia. Aún así, estaría por ver si se llega a tiempo para que la renuncia y la sustitución sean efectivas el miércoles o en la investidura.

Pero lo que genera más inquietud en las filas republicanas es la negativa de Puigdemont a abordar con claridad una estrategia para la legislatura. Aumenta la preocupación cuando tres diputados en prisión renuncian a la vía unilateral “mientras los de Bruselas no se mueven ni un milímetro de la República” –señalan fuentes de ERC– aunque para asumir su condición de diputado Puigdemont deba prometer actuar en el marco de la Constitución y el Estatut.

Las reuniones se sucederán en los próximos días, aunque Rovira no tiene previsto volver a Bruselas y mantiene su discurso de “afrontar las dificultades con realismo y explorar alianzas” que hagan crecer el independentismo, siempre con la vista puesta en los comunes de Xavier Domènech.

Por el contrario, en Junts per Catalunya consideran que plantear escenarios alternativos les debilita y hay quien replica el tono combativo desde Barcelona, como Jordi Turull, a quien se señala en el epicentro de un hipotético plan B a Puigdemont, junto a Elsa Artadi. Una carta que sólo se destaparía en el último momento. La alternativa, en cualquier caso, no pasaría por Junqueras ni por ERC, sostienen.

Pese a todo, en el entorno de Puigdemont también admiten los límites de la estrategia desplegada: debe haber Govern y no multiplicar la tensión. Eso sí, “es él quien tiene la sartén por el mango” y también Puigdemont tiene “sus tiempos y rituales”, zanjan.

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