El primer espécimen de pez león (Pterois miles) avistado en el Mediterráneo se localizó en la bahía de Haifa (Israel) en 1991. Diez años más tarde, la especie fue avistada nuevamente en la parte norte del Líbano (2012) y, posteriormente, en Chipre (2013) y en Turquía (2016). Se trata de una especie invasora que, como su propio nombre indica, ha ocupado un terreno ajeno causando importantes problemas en las especies autóctonas.

En global, a lo largo de estos años, la presencia de este pez en el Mediterráneo ha ocasionado graves problemas ecológicos y económicos, pues su voracidad ha debilitado sustancialmente la fauna y la flora locales. Debido a ello es una de las especies invasoras contra las que lucha el plan integral MedMIS de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

No hay especie que se le resista a este pez de aspecto feroz y aletas dorsales venenosas en un medio en el que, a diferencia de la superficie terrestre, no hay barreras geográficas y la colonización resulta poco más que un trámite. De hecho, tras colonizar el Atlántico y, en concreto, la costa este de los Estados Unidos, estos peces originarios del océano Índico llegaron a alcanzar incluso las aguas que bañan el mar Caribe.

Ahora, un grupo de pescadores y buceadores chipriotas se han puesto manos a la obra con el objetivo de capturar a este pez e impedir así que siga ganando terreno en el Mediterráneo oriental -en especial en las aguas de Turquía, Túnez y Grecia-, donde está más extendido debido a que aquí la temperatura del agua es más elevada que en la parte occidental de este mar.

Se trata del ‘Relionmed’, un proyecto piloto financiado por el programa Life Natura de la Unión Europea (UE). La meta principal de la iniciativa es establecer una ‘primera línea de defensa’ contra la invasión del pez león, así como proteger la biodiversidad en el Mediterráneo.

Louis Hadjioannou, biólogo marino de l Enalia Physis Environmental Research Centre, capturando un pez león Louis Hadjioannou, biólogo marino de l Enalia Physis Environmental Research Centre, capturando un pez león (Emily Irving-swift / AFP)

Y es que la presencia de especies invasoras, junto con la destrucción de hábitats y la sobreexplotación, conforman las principales causas de la pérdida de biodiversidad en el mundo.

Sólo en las Antillas francesas del Caribe, entre las que figuran islas como Martinica o Guadalupe, se estima que la presencia allí del pez león cuesta más de 10 millones de euros cada año por el daño que causa a otras especies de gran valor económico como el mero.

En el Atlántico se estima que, durante los dos últimos años, esta especie invasora ha acabado con el 65 % de las especies que habitan en los arrecifes de coral.

El Mediterráneo, pese a ser un mar pequeño es una joya en cuanto a biodiversidad se refiere, ya que alberga más de 17.000 especies distintas. Así, la presencia del pez león en este enclave no hace sino agravar el estado de salud de la vida marina, ya castigada por la pesca y la incesante actividad turística.

La ‘búsqueda y captura’ de la especie que ha iniciado Chipre busca, asimismo, sensibilizar a la población al respecto de las consecuencias que derivan de la presencia de esta especie invasora. Para ello, siguiendo la estela de Estados Unidos e inspirándose en alguno de sus programas contra especies invasoras, Chipre plantea ahora organizar eventos –incluidos concursos de pesca con arpón- destinados a reducir la población del pez león en el Mediterráneo.

El programa propone incluso incentivar económicamente a los pescadores, pues el escenario actual de casi no retorno y la máxima esperanza de los biólogos y el resto de expertos ahora es tanto erradicar, sino controlar la expansión de este pez invasor.

Estudio de un ejemplar de pez león en Chipre Estudio de un ejemplar de pez león en Chipre (Emily Irving-swift / AFP)

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