Atraviesa Catalunya de norte a sur y es uno de los ríos más bonitos y explotados del país. El Llobregat nace en un paraje idílico a 1.295 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de Castellar de n’Hug (Berguedà). Caminar hasta sus fuentes es una bonita excursión que puede completarse con una visita a este pueblo encaramado en la montaña, famoso por sus típicos cruasanes gigantes. Con el deshielo, las Fuentes del Llobregat son espectaculares. Las cascadas de agua saltan las inmensas rocas y forman un magnífico y agreste paisaje de ribera.

Río abajo, en la Pobla de Lillet, el Llobregat recibe las aguas del Arija y, en Guardiola, las del Bastareny, que baja de la sierra del Cadí. Un poco más al sur, el río alimenta el embalse de La Baells, en Cercs, construido en los años 70 para abastecer de agua Barcelona y su área metropolitana.

Con el deshielo, las Fuentes del Llobregat son espectaculares. Las cascadas de agua saltan las inmensas rocas y forman un magnífico y agreste paisaje de ribera.

En La Baells, empresas de turismo de aventura ofrecen todo tipo de deportes náuticos como kayac, piragüismo o esquí acuático… También se puede visitar la presa, un muro imponente de hormigón, de 112 m de altura y 22 m de ancho. Además, desde el Museo de las Minas de Cercs se organizan visitas guiadas al Centro de interpretación de la presa de la Baells.

Pasado el pantano, el río riega pueblos como Gironella, Puig-reig, Navàs, Balsareny y Sallent, hasta Manresa. En este tramo, el Llobregat ha sido utilizado tradicionalmente para producir la energía eléctrica que necesitaban las máquinas de las industrias textiles. Hoy todavía pueden visitarse aquellas antiguas colonias que florecieron durante la segunda mitad del siglo XIX: Cal Marçal, en Puig-reig, Cal Metre, en Gironella, o Cal Rosal, en Berga, entre muchas otras.

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Hay numerosas rutas que nos llevan de unas a otras siguiendo el Llobregat. En todas ellas encontramos testimonios del pasado textil del Llobregat. La Colonia Vidal, de Puig-reig, es una de las mejor conservadas y ofrece visitas guiadas y teatralizadas por el recinto. Se ha restaurado la vieja fábrica, la escuela, el economato y uno de los pisos donde vivían los obreros, entre otros espacios. Un auténtico viaje al pasado del Llobregat y sus gentes.

Siguiendo el río hacia el sur, en Balsareny, está el inicio de La Sèquia, construida por orden del rey Pere III el Cerimoniós para llevar agua a Manresa. Cerca de la capital del Bages está el inicio de una de las rutas más bonitas para conocer el río, el Camí del Llobregat, de 50 kilómetros. Se inicia en la estación de Ferrocarrils de la Generalitat (FGC) del Aeri de Montserrat y se dirige hasta Olesa, pasa por el Pont del Diable en Martorell y sigue hasta el Prat de Llobregat, donde desemboca el río.

Cerca de Manresa está el inicio de una de las rutas más bonitas para conocer el río, el Camí del Llobregat, de 50 kilómetros

El camino recorre diferentes paisajes y momentos históricos. Se inicia en el escarpado Parc Natural de la Muntanya de Montserrat y se mete de lleno en la historia industrial del país, cuando pasa por el Museo de la Colònia Sedó de Esparreguera, una antigua colonia dedicada a la fabricación de tejidos de algodón.

En Martorell, la ruta cruza el Pont del Diable, construido en el año 10 a. C. por las legiones romanas y uno de los pocos restos que se conservan de la red viaria de la zona del Baix Llobegat y el Anoia. Y a su paso por Molins de Rei, se puede disfrutar de los Aiguamolls de Molins de Rei. Se trata de la lámina de agua dulce más grande del Baix Llobregat, con una superficie de seis hectáreas. Son artificiales y en poco más de cinco años, el lugar se ha convertido en una zona húmeda natural que ha mejorado la biodiversidad de la comarca.

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Siguiendo rumbo sur, se entra en el Parc Fluvial de Sant Boi de Llobregat, un lugar ocupado antiguamente por huertos ilegales. Hoy es un espacio verde para los ciudadanos. Para conocer la historia del río en esta ciudad está Can Julià, el Centro de Interpretación del río, que cuenta con una exposición permanente: “Los equilibrios del río por vivir”. En Sant Boi pueden visitarse también las termas romanas del siglo II d. C., o el Museo Can Barraquer, situado en la casa familiar del siglo XVII donde Rafael Casanova vivió los últimos años de su vida.

Al final del recorrido, la desembocadura del río se abre como un gran espacio natural que pertenece a los municipios del Prat de Llobregat, Viladecans, Gavà y Sant Boi de Llobregat. El Delta del Llobregat es un llano inmenso de 100 km2 donde ir en bicicleta, hacer senderismo y observar las aves.

La desembocadura del río se abre como un gran espacio natural que pertenece a los municipios del Prat de Llobregat, Viladecans, Gavà y Sant Boi de Llobregat.

Este delta empezó a formarse hace unos 18.000 años pero solo hace 2.300 que el nivel del mar se estabilizó y se inició la formación del delta actual. Tierra inhóspita durante muchos siglos, el territorio empezó a ocuparse a partir del siglo XV. El delta que conocemos hoy es fruto de la actividad humana. En el margen izquierdo no quedan casi terrenos naturales, mientras que en el derecho vemos restos de ciénagas, playas y pinares bien conservados, y cultivos.

El consorcio del parque ofrece visitas guiadas y rutas en bicicleta por los espacios más emblemáticos. También propone a los especialistas un servicio de guía ornitológico para birdwatchers, que se centra en la observación de las especies de aves más significativas del delta y difíciles de ver en otros países.

Una buena forma de despedirse del Llobregat es pasear hasta la antigua Caserna de los Carabineros, que vigilaba el contrabando marítimo. O pedalear hasta el edificio del Semáforo, del 1887, que regulaba el tráfico marítimo. Hasta aquí el Llobregat ha hecho un recorrido de 175 km.

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