El pasado viernes, la agencia de calificación de riesgos Standard & Poor’s puso al Deutsche Bank en vigilancia negativa. El anuncio llegó pocos días después de conocerse que Christian Sewing sustituiría como consejero delegado al controvertido John Cryan al frente del mayor banco alemán tras apenas dos años de mandato. En su nota pública,S&P explicó que “estos cambios en la gestión demuestran la dificultad para el Deutsche Bank de mejorar su rentabilidad de forma sostenible, una tarea que es probablemente más compleja de lo anticipado”.

La salida de Cryan, tan discutido dentro del banco como fuera, estaba cantada. Pese a que la crisis financiera queda lejos, el Deutsche acaba de encadenar su tercer ejercicio seguido en pérdidas, las acciones están hundidas en la bolsa y todo el mundo se impacienta ante la falta de resultados, lo que lleva a cuestionar la estrategia de la entidad. Con activos de 1,4 billones de euros en balance, el Deutsche afronta dificultades en prácticamente todas las áreas en las que trabaja, especialmente en la banca de inversión y en la de particulares.

El banco acaba de relevar a su máximo ejecutivo después
de años de pérdidas

“No es fácil, tiene un problema estructural de rentabilidad, con un retorno sobre activos totales medios muy bajo que en el pasado intentaron suplir con un mayor apalancamiento. A raíz de la crisis, el banco redujo su tamaño, y el beneficio siguió el mismo camino descendente”, explica Luis Arenzana, socio de la gestora de hedge fund s Ronit Capital, con sede en Londres. Hoy en día, la rentabilidad es el problema principal de toda la banca, pero en el caso del Deutsche, el mal parece crónico y viene de lejos.

En los años ochenta, apostó por convertirse en un banco de inversión global. Pero, pese a sus indudables progresos en el área –donde es uno de los grandes–, competir con UBS, Goldman Sachs, JP Morgan, Bank of America o Morgan Stanley le ha sido muy difícil. Y, en demasiadas ocasiones, le llevó por caminos equivocados. El banco se ha visto envuelto en varios escándalos en los últimos años, desde la manipulación del Libor hasta prácticas relacionadas con lavado de dinero negro de Rusia, pasando por la comercialización de productos financieros que causaron o agravaron la crisis. Todo ello le reportó, además del desprestigio, facturas de varios miles de millones de euros en multas. No sólo tuvo que asumir errores, sino redimensionarse.

La entidad necesita recortar costes en la banca de inversión y en la de particulares

En paralelo, la banca comercial tradicional –complicadísima para todo el sector desde que estalló la crisis– ha castigado también las cuentas del Deutsche, que no ha sabido muy bien qué hacer. Joaquín Maudos, profesor del Ivie, recuerda que “la banca alemana tiene un problema de rentabilidad y es la menos eficiente de Euro­pa”. ¿Cómo afrontarlo? Desde luego, no con la indefinición y las dudas del Deutsche, que trata de hacer frente a los nuevos tiempos de la banca digital y la desintermediación financiera apostando por ganar tamaño a través de la integración del Postbank… tras fracasar su venta, decidida en el 2015.

La venta de la filial española de banca comercial, que también estuvo en el mercado, está ahora aparcada. Demasiados bandazos. Hasta el 2016 –cuando muchos de sus competidores ya habían devuelto el dinero con el que fueron rescatados en el 2008 y se estaban forrando literalmente–, el Deutsche sufrió, pero resistió. El año pasado, el banco tuvo que ampliar capital en 8.000 millones para alcanzar las ratios que le exigía el mercado. La operación fue un éxito. Sin embargo, quienes suscribieron las nuevas acciones perdían ya más del 30% de su valor, y el consejo de gobierno del banco, donde crecía la percepción de que Cryan no había dado con la tecla para crear valor, dijo basta. El Deutsche Bank llegó a valer 62.000 millones en el 2007. Hoy vale sólo 24.181 millones, apenas 600 millones más que CaixaBank, a quien cuadriplica en tamaño. En lo que va de año, la acción ha caído un 26%.

Sewing, el nuevo jefe, anunciará sus planes en un mes. “El nuevo consejero delegado ha destacado su ambición de centrarse en la reducción de costes, la mejora de los ingresos y lograr el tamaño adecuado para la banca de inversión”, dijo el martes Goldman Sachs. Jaume Puig, director de GVC Gaesco, es optimista: “Sewing cae bien al mercado, y confío en que tenga un plan creíble”. El banco, que ha subido un 3% esta semana, cotiza con un descuento del 62% sobre su valor contable. Sus competidores, de media, van a la par. Eso implica desconfianza. “Está barato. Incluso sin hacer nada puede mejorar”, concluye Puig. Sewing hablará pronto. El Deutsche espera.

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