El magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena ha vuelto a rechazar la pretensión de Jordi Sànchez de salir en libertad para poder acudir este viernes al pleno de investidura para ser elegido nuevo president de la Generalitat al considerar que persiste el riesgo de reiteración delictiva. El magistrado también le deniego el permiso para ser investido por videoconferencia. Sànchez, que se encuentra en prisión desde el pasado mes de octubre, ya lo intentó el mes pasado y el juez se le rechazó.

Sin embargo, Sànchez decidió volver a intentar su candidatura tras conocer que el Comité de Derechos Humanos de la ONU admitió a trámite un escrito del diputado y expresidente de la asociación ANC que alegaba vulneración de sus derechos políticos. El Comité instó a España a “tomar todas las medidas necesarias para garantizar que Sànchez pueda ejercer sus derechos políticos”. La demanda se presentó ante Las Naciones Unidas al considerar que el Tribunal Supremo estaba vulnerando sus derechos.

Turull fracasó

Después del primer intento de Sànchez, el presidente del Parlament, Roger Torrent, presentó un nuevo candidato, Jordi Turull, que entonces se encontraba en libertad. Pudo acudir al debate de investidura pero no consiguió los votos suficientes al no obtener el apoyo de la CUP. Un día después de aquel acto, Llarena le envió a prisión, junto a otros tres excargos del Govern y de la expresidenta del Parlament, tras comunicarles el auto de procesamiento por delitos de rebelión y malversación de caudales públicos.

Tras su encarcelamiento, Torrent volvió a presentar a Sànchez. Éste aseguró a la Sala de lo Penal del alto tribunal durante la vista para revisar su recurso contra la prisión, que estaba dispuesto a abandonar la política. Sin embargo, volvió a aceptar el encargo de presentarse como candidato a la presidencia de la Generalitat.

En un escrito presentado esta misma semana, el letrado de Sànchez solicitaba al magistrado que adoptara las medidas necesarias para que el diputado pueda tomar parte en el debate en virtud de la resolución del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 23/03/2018.

Segundo intento

En el escrito, su letrado, Jordi Pina, el diputado proponía a Llarena que se avenga a dejarle intervenir en el pleno por alguna de las tres vías que señala, la primera, dejándole en libertad provisional; en su defecto, que se le otorgue los permisos penitenciarios para poder acudir a los plenos parlamentarios de investidura “al amparo de los artículos 47 y 48 de la ley Orgánica General Penitenciaria (LOGP)”. Si esta no fuese tampoco la vía de agrado de Llarena, el letrado le propone que “se permita al diputado participar en los citados plenos por medio de videoconferencia desplazándose a tal efecto al lugar que su señoría disponga”.

La defensa de Sànchez es consciente de que esta última posibilidad fue prohibida por el Tribunal Constitucional (TC) como consecuencia del recurso del Gobierno ante la investidura de Carles Puigdemont, pero el abogado del diputado de JxCat recuerda que aquella resolución del alto tribunal se circunscribía al caso de las “personas que no se encontraban a disposición de la Justicia española”, por lo que “nada impide aceptarla en el supuesto de quienes no pueden, por estar presos, acudir físicamente al Parlament”

En su anterior resolución de 9 de marzo, Llarena ya rechazaba permitir la presencia de Sànchez en el debate de investidura argumentando que la lista de JxC cuenta con más diputados que pueden ser investidos ‘president’, sin que presenten el riesgo de reiteración delictiva que se aprecia con Sànchez.

Actuaciones “claramente ilegales”

Según el juez, los delitos que se atribuyen a Sànchez se desplegaron precisamente desde actuaciones legislativas y ejecutivas “claramente ilegales, y desatendiendo de manera flagrante los controles constitucionales, judiciales e institucionales dispuestos en nuestro ordenamiento jurídico, lo que se hizo en aplicación de una táctica que no ha sido excluida y sigue respaldándose de presente”, con el intento de investir al expresidente, Carles Puigdemont, o él mismo a pesar de encontrarse recluido.

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