Dos semanas después de la investidura fallida de Jordi Turull , las negociaciones para la elección de un candidato efectivo a la presidencia de la Generalitat están en punto muerto. Y, a pesar de que la cuenta atrás hacia unas nuevas elecciones está en marcha, el bloque independentista no tiene intención de mover ficha hasta que Junts per Catalunya (JxCat), que es a quien corresponde poner sobre la mesa el nombre del aspirante, haga una propuesta que permita desencallar de una vez por todas la situación. El problema es que de momento el grupo de Carles Puigdemont no parece tener prisa por activar el plan D sin antes agotar todas las posibilidades, por remotas que sean, de los que le preceden.

En este escenario, sobre todo ERC, pero también la CUP, están a la espera de que JxCat concrete sus movimientos y no darán ningún paso en ninguna dirección hasta que les ofrezca un planteamiento nuevo y viable. Una propuesta de la que por ahora tampoco dispone la ­formación del 130.º presidente de la Generalitat, que en los últimos días ha priorizado los contactos –di­rectamente e incluso a través del PDECat– con Neumünster (Carles Puigdemont) y Estremera (Jordi Turull, Josep Rull y Joaquim Forn) precisamente en busca de la manera de articular la salida al bloqueo actual. Y las conclusiones provisionales son, en principio, tan diversas como inciertas.

El expresident se resiste a descartarse para la investidura a pesar de sus muy remotas posibilidades

Por un lado, y a pesar de que formalmente nadie se atreve a excluirla de forma definitiva, la opción de investidura del líder de JxCat es ­sobre el papel la que menos números tiene, a pesar de que algunos adeptos llaman a “jugar la carta hasta el final”. “No tenemos que ser nosotros los que nos pongamos barreras, ya nos las pondrán otros”, defendió ayer en este sentido el nuevo presidente de la Associació de Municipis per a la Independència (AMI), el alcalde de El Port de la Selva, Josep Maria Cervera, en declaraciones a La Xarxa. El mismo día, justamente, que el propio Carles Puigdemont recibía la visita en la cárcel de Neumünster –además de la de su esposa, Marcela Topor, y la del exministro de Exteriores de Eslovenia, Ivo Vajgl– del vicepresidente primero del Parlament y diputado de JxCat, Josep Costa, a quien trasmitió la idea de que se resiste a descartarse como candidato a la presidencia de la Generalitat.

“A día de hoy sigue considerando que es el presidente legítimo de Catalunya y el candidato a la presidencia”, explicó el representante de JxCat, que especificó que “está determinado a seguir defendiendo sus ideas y todo aquello por lo que los catalanes le han votado” y confiado en que la justicia alemana vea que la suya es una “causa política”. “La mayoría del Parlament ha dejado muy claro que quiere investirle como president y que si no se puede es porque hay una injerencia inadmisible de poderes políticos y judiciales ajenos que no lo permiten”, subrayó Josep Costa. La voluntad del presidente de la Generalitat destituido por la aplicación del artículo 155 de la Constitución es para otros, sin embargo, la expresión de un mero deseo que no pasará de aquí.

Por otra parte, en cambio, la opción de volver a plantear la investidura de Jordi Sànchez sí que tiene más posibilidades, aunque sólo sea para explotar el filón que ha ofrecido el Comité de Derechos Humanos de la ONU a fin de alimentar las defensas de los imputados en la causa del 1-O. Pero tampoco tiene visos de ser la propuesta definitiva. JxCat está decidida, en todo caso, a poner de nuevo y de inmediato el nombre del expresidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) encima de la mesa, consciente, no obstante, de que su efecto real para la elección de un presidente de la Generalitat también será nulo.

El hándicap para el bloque independentista es que, a diferencia de lo que ocurría antes del intento de investir a Jordi Turull, esta vez el reloj corre. Y el hecho es que en las dos semanas que han transcurrido desde entonces no se ha movido nada. Ahora, antes de que el plazo expire el 22 de mayo, tiene un mes y medio por delante, y la previsión es que en las próximas horas JxCat y ERC vuelvan a hablar. El objetivo tendría que ser acordar de una vez un nombre viable y efectivo, pero el hecho de que “Neumünster, antes Bruselas, no tenga claro qué quiere” lo condiciona todo.

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