Dicen que Carles Puigdemont tiene un dietario donde anota minuciosamente todo lo que ha vivido desde que fue designado presidente de la Generalitat. En su condición de periodista, seguro que el día que Puigdemont decida hacerlo público será un superventas, tanto por su habilidad literaria como por los secretos que puede revelar en estos dos años vividos tan intensamente. Y habrá que estar especialmente atento a los comentarios que hace sobre Oriol Junqueras y la crisis personal que vivieron ambos durante las tormentosas jornadas desde el jueves 26 de octubre, cuando Puigdemont decide no convocar elecciones y propiciar la caída del Govern, hasta el lunes 30 en las que uno aparece en Bruselas y el otro en Barcelona.

Las versiones de lo sucedido distan mucho según el relato de los colaboradores de uno u otro dirigente, pero lo que está claro es que se produjo una ruptura y ello va a hacer muy difícil la relación entre Junts per Catalunya y Esquerra durante esta legislatura. Puigdemont aún no entiende por qué Junqueras fue el único miembro del Consell de Govern que no asistió el viernes a la reunión en el Palau de la Generalitat después de votar la proclamación de la República en el Parlament, y el líder de ERC no entiende por qué el president cesado no le llamó personalmente para decirle que se iba a Bélgica. Todas las partes habían acordado presentarse el lunes en el Govern e irse después a Bruselas, pero Puigdemont adelantó su marcha ante la sospecha de que estaba siendo investigado por la policía. Tiempo habrá para analizar todos los detalles y explicar aspectos poco conocidos, como la excursión que los miembros del Govern hicieron la misma noche del 27 de octubre a una casa rural a Prada de Conflent por temor a ser detenidos.

Lo que debería ser importante ahora es mirar al futuro y no hurgar en las heridas del pasado

Lo que debería ser importante ahora es mirar al futuro y no hurgar en las heridas del pasado. Y por desgracia no sólo para los partidarios del independentismo, sino ya para todos los catalanes en general, es que estas diferencias en la familia soberanista pueden provocar un bloqueo en la designación del futuro presidente de la Generalitat. Entrar ahora en guerras tacticistas sobre si Puigdemont debe venir a Barcelona porque lo prometió en campaña electoral, estar pendientes de si Junqueras sale o no sale de la cárcel, o discutir si el presidente ha de ser de tal o cual partido, es fomentar la caótica situación que vive el país. En su día, Artur Mas ya tuvo que dar un paso al lado porque lo pidió la CUP y se tuvo que buscar un candidato de emergencia para evitar nuevas elecciones.

Catalunya necesita un nuevo gobierno, cuanto más fuerte mejor, y superar la etapa del artículo 155. Un gobierno que aparque las veleidades de la República y que trate de insuflar ánimo y optimismo a sus ciudadanos para evitar el empobrecimiento

Catalunya necesita salir del bloqueo institucional en el que lleva desde hace meses. Necesita un nuevo gobierno, cuanto más fuerte mejor, y superar la etapa del artículo 155. Un gobierno que aparque las veleidades de la República y que trate de insuflar ánimo y optimismo a sus ciudadanos para evitar el empobrecimiento de Catalunya, y en extensión el de toda España.

Es hora de gobernar y tratar de iniciar un diálogo con el Gobierno central en condiciones diferentes a las realizadas hasta la fecha, por muy difícil e iluso que parezca. Ciertamente, no ayuda nada la situación de prisión preventiva de Jordi Sànchez, Jordi Cuixart, Joaquim Forn y Oriol Junqueras, una situación absolutamente injusta para quien escribe este artículo, pero ello no puede ser motivo de paralización de las iniciativas legislativas.

Es hora de gobernar y tratar de iniciar un diálogo con el Gobierno central en condiciones diferentes a las realizadas hasta la fecha, por muy difícil e iluso que parezca

Catalunya debe recuperar su gobierno y la normalidad de la acción de la Generalitat. Un experto político que conoce bien lo que se cuece entre bambalinas explica que los cuarteles generales de ambos partidos no están dispuestos a pactar cualquier cosa y entregar un cheque en blanco al oponente. Ambas formaciones miran de reojo las elecciones municipales venideras donde la lucha entre el PDeCAT y ERC será dramática en toda Catalunya. Una vez más, tocaría hacer una mirada menos egoísta y menos partidista y pensar más en el bien común.

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