Las lluvias provocadas por el huracán Ana han arrastrado las cenizas de los montes quemados en Galicia el pasado mes de octubre y han contaminado pozos y manantiales en varios de los municipios más afectados por el fuego. Precisamente, algunos están también entre los que más padecieron los efectos de la sequía, que les había provocado serios problemas de suministro.

El pasado domingo, Ana dejó en Galicia precipitaciones que superaron los 170 litros metro cuadrado en algunas localidades, como Ponte Caldelas y Forcarei, en la provincia de Pontevedra, y Entrimo, en Ourense. Según Meteogalicia, en varios puntos de la comunidad cayó en apenas unas horas más agua de la que había caído en todo el mes de noviembre.

Y los fuertes vientos, con rachas de 130 kilómetros por hora en algunos lugares, dejaron vía libre a los aguaceros, al levantar las frágiles barreras y los lechos de paja que la Xunta había colocado sobre los suelos quemados para evitar las riadas de lodo, cenizas y restos de madera quemada.

Aunque la mayoría estaban desprotegidos: a 21 de noviembre pasado, la Xunta había cubierto sólo 200 hectáreas de las más de 36.000 que fueron arrasadas por el fuego, la mayoría de ellas en el parque natural de O Xurés, en Ourense. Además, había realizado trabajos de contención y recuperación en otros 7.000 metros lineales, ubicando barreras y reparando cunetas y viales.

“Con esta tromba de agua, volvemos a estar como cuando fue el incendio. Esto parece el cuento de nunca acabar”

El pasado domingo, poco antes de la llegada del Ana, Medio Rural aseguró que estaba trabajando o tenía “previsto hacerlo en breve” en otros municipios de la provincia de Pontevedra como Cervantes, Negueira de Muñiz, Chantada y Folgoso do Courel, donde se habían instalado barreras y cubrimientos en otras setenta hectáreas de suelos quemados.

En Carballeda de Avia, en Ourense, donde entre el viernes 13 y el lunes 16 de octubre ardieron más de 3.300 hectáreas , casi tres cuartos de la superficie total del municipio, los lodos arrastrados por la lluvia han destrozado ahora cultivos en numerosas fincas, han anegado viviendas , han contaminado la captación de agua de la que se surtía la red municipal y han afectado a las máquinas potabilizadoras.

Según explicó ayer el alcalde, Luis Milia Méndez, al diario La Región, se ha repetido la situación provocada por los fuegos, cuando se contaminaron fuentes y manantiales que además empezaron a secarse por la falta de lluvia durante noviembre. “Los últimos análisis nos decían que ya era potable. Ahora, con esta tromba de agua, volvemos a estar como cuando fue el incendio. Esto parece el cuento de nunca acabar”, afirmó el regidor.

Una situación parecida atraviesan localidades y municipios vecinos, como Lobios, Muiños y Melón, donde la lluvia y el viento arrastraron las barreras contra la erosión e inutilizaron captaciones, lo que ha obligado a suspender el suministro de agua potable a los vecinos de varias aldeas.

Además de la contaminación del agua, en las zonas costeras de la comunidad preocupa también las consecuencias de la llegada de los lodos de ceniza a los bancos marisqueros de las rías.

Imagen de la Agencia Espacial Europea con la vista de los incendios desde su estación espacial.

Imagen de la Agencia Espacial Europea con la vista de los incendios desde su estación espacial.

Durante la oleada de incendios del año 2006, cuando ardieron alrededor de 80.000 hectáreas, se perdieron toneladas de varias especies de marisco, sobre todo bivalvos como almejas y berberechos, que murieron asfixiados cuando las cenizas bajaron de los montes al mar a través de los ríos.

Como podría suceder ahora, aquel proceso se dilató en el tiempo: los incendios más graves se produjeron en agosto, pero el marisco no resultó afectado hasta octubre.

La Consellería del Mar informó ayer de que Servicio de Guardacostas de la Xunta ha detectado “agua turbia y restos” de los incendios en las zonas marisqueras de Arcade y Baiona, en Pontevedra, y que mantiene en marcha un operativo para evaluar la situación en las áreas próximas a los montes quemados que pudieran verse afectadas por la llegada de los lodos o por otros fenómenos como desprendimientos, corrimientos de tierra o alteraciones de cursos fluviales.

Además, la Consellería recordó que dispone de una bolsa de un millón de euros para, en caso de que sea necesario cerrar los bancos marisqueros, compensar las pérdidas que puedan sufrir los productores afectados.

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