Los ministros de Exteriores del G7 pidieron este sábado al mariscal libio Jalifa Hafter frenar la ofensiva militar lanzada el jueves para hacerse con el control de Trípoli y destacaron que, tanto en Libia como en Siria, la única solución que puede poner fin al conflicto es política.

Ese llamamiento se incluyó en la clausura de una reunión de dos días en Dinard, en el oeste de Francia, en la que los representantes de Estados Unidos, Alemania, Francia, el Reino Unido, Italia, Japón y Canadá hicieron un repaso a la situación internacional en búsqueda de una respuesta coordinada.

“No hay solución militar al conflicto en Libia. Expresamos nuestra mayor preocupación ante las operaciones militares en el oeste de Libia. (…) Instamos a todos los actores a dar muestras de contención, voluntad y compromiso y a poner los intereses del pueblo libio en primer plano”, dijeron en su comunicado.

Su postura está clara, añadió el ministro italiano, Enzo Moavero Milanesi: “Esperemos que (Hafter) la tenga en cuenta. En caso contrario, veremos qué se puede hacer”.

El mariscal ordenó el jueves el inicio de una ofensiva militar para la “liberación de Trípoli”, bajo control del Gobierno sostenido por las Naciones Unidas. De conseguirlo, se convertiría en el hombre mas poderoso del país, solo contestado por la ciudad de Misrata.

Los jefes de la diplomacia del G7 abogaron por apoyar los esfuerzos de la ONU en favor de una Libia “estable, pacífica, segura, democrática y unida, dotada de instituciones estatales nacionales fuertes y capaces de garantizar seguridad a los libios”, en la misma línea que lo defendido para Siria.

“Estaremos preparados a contribuir a la reconstrucción de Siria cuando se emprenda con firmeza un proceso político creíble”, dijeron sobre ese segundo país en su repaso a las diferentes crisis internacionales.

El encuentro en Dinard sirvió de preparación para la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del G7 del 24 al 26 de agosto en Biarritz, que se celebrará bajo la presidencia de turno francesa.

La lucha contra el terrorismo y las desigualdades y el refuerzo de las democracias contra injerencias extranjeras, en las que se comprometieron a trabajar conjuntamente, centraron la agenda de la cita, que se clausuró con una firme defensa del multilateralismo y con un frente común frente a Rusia.

“Estamos determinados a proteger y promover el sistema internacional en el contexto de un comportamiento irresponsable, desestabilizador y malicioso de Rusia, principalmente su injerencia en sistemas democráticos de otros países”, apuntaron.

El ministro francés de Exteriores y anfitrión del encuentro, Jean-Yves Le Drian, recalcó que no pueden permanecer como “espectadores” del repliegue del multilateralismo “en un momento en que hay que tomar decisiones esenciales para la paz y la seguridad”.

En esa línea, animaron a China “a participar de forma responsable en el sistema internacional libre y abierto fundado en reglas”, y dijeron estar preocupados por la “detención y condenas arbitrarias de ciudadanos extranjeros en ese país”.

El G7 se mostró igualmente unido frente a Irán, país al que pidieron “contribuir más activamente a reducir las tensiones en Yemen y a cesar su apoyo militar, financiero y político a ciertos actores no estatales en países como el Líbano y Siria”.

Aunque sobre el conflicto palestino-israelí admitieron divergencias, coincidieron en que este ha durado “demasiado tiempo” y en que deben retomarse las negociaciones de paz entre ambos bandos para alcanzar una solución que garantice la seguridad para las dos partes.

“Hemos demostrado que podemos obtener compromisos concretos”, se felicitó Le Drian al término de una cita que calificó de “constructiva”, y en la que también pidieron a los Estados un comportamiento responsable en el ciberespacio, que a su juicio no puede ser una zona “sin ley”.


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