El funcionario de prisiones José Ángel Hidalgo que la semana pasada publicó una dura carta en la que decía sentir vergüenza ” al ver entre rejas a los líderes políticos independentistas ha defendido su derecho de libertad de expresión ante los inspectores de Instituciones Penitenciarias que le citaron para que diera explicaciones por sus palabras. “Antes que funcionarios somos personas y ciudadanos españoles”, ha dicho Hidalgo a los periodistas al salir de la sede de Instituciones Penitenciarias y ha añadido que no tiene “conciencia de haber hecho nada ilegal ni antidemocrático”.

El funcionario se ha mostrado “muy orgulloso” de la Constitución española que le permite expresarse libremente y ha calificado su carta de “trabajo periodístico”. “El problema es que las ideas que he expresado no coinciden con las ideas del Gobierno de España”, ha sentenciado Hidalgo, para quien “en este país estamos cada vez más locos”. Hidalgo ha dicho que se sentía tranquilo y ha ironizado con el trabajo de los inspectores: “se lo han leído todo y han hecho muy bien su trabajo como corresponde”.

En su carta titulada Los gatos de Estremera , Hidalgo relataba lo duro que le resultaba ver por ejemplo a Junqueras y Forn jugar a tenis en una de las pistas de la prisión madrileña. “Me resulta un suplicio observarlos”, escribe. Para él su trabajo tiene más defectos que virtudes, tiene que soportar a diario vómitos, orines y hasta agresiones de los reos, pero lo peor para José Ángel es ser testigo de lo que considera una injusticia.

“Me revuelvo en estas angustias al verles jugar al tenis porque cuando decidí dar el paso de ser funcionario de prisiones sabía perfectamente lo que hacía (…) Nada me hizo sospechar que iba a ser usado, sí, USADO como funcionario público, para resolver de forma ignominiosa un problema que es tan solo político”, relata el autor de la misiva.

Se refiere a Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Jordi Turull, Josep Rull y Raül Romeva como “un quinteto de gatos extraños de narices, muy raros. Son gatos cariacontecidos, que miran y maúllan con temor desde un lugar que sienten equivocado, que no pertenece a su mundo”. Para José Ángel tener estos presos supone una humillación que se suma a las “miserias y contrariedades” propias de su trabajo.

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