Carrera Solidaria

Pasado mañana, sábado, se celebra la Carrera Solidaria “Corre por una causa, corre por la educación”, por primera vez en Barcelona: será en el Parc Agrari del Baix Llobregat. La organiza la oenegé de Daniel Villanueva, Entreculturas, para dar educación a 4.000 niños y niñas de Maban (Sudán del Sur). La Carrera Solidaria es familiar, con distintos formatos según edades y capacidades, y los colegios puedan incluirla como actividad extraescolar: participarán también empleados de empresas y corredores de renombre (inscripciones según circuitos,en www.correporunacausa.org). Daniel me confiesa sentirse un privilegiado por dedicar toda su energía a empeños como este.

¿Por qué se dedica a la solidaridad?

A los 15 años leí una entrevista a Ellacuría, el jesuita: reconocía que corría peligro. Poco después le asesinaban en El Salvador. ¡Así supe que se puede dar la vida por la justicia! Y deseé vivir radicalmente.

¿Algún ejemplo en su familia?

Mi madre fue maestra de educación de sordomudos, y mi padre, empresario. Por ellos soy así: confiado, convencido de que podemos mejorar el mundo. Y por mi abuela.

¿Cómo era su abuela?

Muy carismática. A punto de fallecer, le pregunté: “Estás feliz con tu vida, abuela? ¿Crees­ que has cambiado el mundo?”.

Menuda preguntita…

Con la máscara de respirar, me dijo: “Dani, no sé si he cambiado mucho el mundo, ¡pero le he mandado diez buenos torpedos!”.

¿Los envía usted, también?

Procuro enviarlos desde Entreculturas, oene­gé de desarrollo: operamos en más de 40 países para dar educación a la gente.

¿Por qué educación y no otras cosas?

Porque la educación es el mejor modo de romper las espirales de desigualdad.

¿Cómo financia sus proyectos?

Con donaciones de empresas y socios (78%), y subvenciones (22%): publicamos el origen y el destino de los fondos cada año, quince millones de euros el año pasado.

¿Cómo los emplearon?

El 75%, para los proyectos. El resto, a concienciar (12%), captar socios y gestionar. Somos 84 contratados y 643 voluntarias, sobre 6.717 socios y 11.374 donantes.

Transparencia y precisión: gracias.

Muchos dudan de las oenegés, por culpa de malas prácticas de algunas. Aquí estamos muy alerta para que todo sea como debe ser.

Diríase que las oenegés atraen a algunos aventureros más bien indeseables.

Puede suceder, ¡pero no deje de creer en el voluntariado! Implica responsabilidad con terceros, alta dedicación, mucha entrega.

¿Con qué balance, en su oenegé?

El que suponen 192.000 personas cuyas vidas hemos mejorado.

Hábleme de alguna de esas vidas.

Mireille, a los dos años, huyó con su familia del genocidio en Ruanda. Sólo quedó ella. Estudió en el Servicio Jesuita a Refugiados: hoy tiene 25 años ¡y es doctora! Vive y trabaja en el campo de refugiados de Dzaleka.

Cuénteme otro caso.

Andrea, de 12 años, vive en un barrio de Guatemala infestado de maras violentas. ¡Y ella quiere ser maestra! Sé lo que conseguirá, basta escucharla, verla. La ayudaremos. ¡Y en sus ojos veo un futuro mejor!

Otra.

Me viene a la mente Hauia Abuté, mujer que preside la asociación de madres de una pequeña comunidad africana. En la última reunión de fin de curso preescolar, dijo: “Hoy me levanté con dolor de cabeza, pero ahora veo lo que han aprendido estos niños este curso, ¡y se me ha quitado enseguida!”.

¿En qué proyecto se ocupa ahora?

Queremos enviar fondos para educar a niños y niñas de Maban.

¿Qué es Maban?

Una región al nordeste de Sudán del Sur, olvidada. Con una grave crisis humanitaria por culpa de guerras locales y exilios, hay más de 135.000 refugiados: requieren con urgencia agua, alimentos y cobijo. Y el 70% de la población es analfabeta. ¡Y menos de la mitad de los niños están escolarizados!

¿No le desanima un poco, todo esto?

Maban es un fracaso de la humanidad. ¡Por eso estamos ahí! ¡El definitivo fracaso sería no intentar ayudarnos! Y por eso este sábado saldremos a correr en Barcelona…

¿A correr?

Sí: organizamos una edición de nuestra Carrera Solidaria para recaudar fondos destinados a Maban. Nuestro triunfo será contagiar a la gente, que se apunte.

¿Esto le hace sentirse mejor?

Cosas pequeñas: en el avión venía una mamá joven con un bebé que lloraba, y ella se estaba poniendo nerviosa. Le pedí que me dejase intentarlo. El niño se quedó dormido en mis brazos. Ella me dijo: “Se ve que tienes costumbre, debe de tener muchos hijos”, ja, ja…

¿Qué le haría sentir que su vida ha merecido la pena, en el lecho de muerte?

Ya merece la pena: estoy poniendo todas mis capacidades en proyectos que me dan alegría, que pueden mejorar muchas vidas. Pienso en ello.., y sonrío cada minuto.

¿Dar dinero a una oenegé… no es un modo de limpiarse la conciencia?

Aunque así fuera, ¿qué habría de malo en ello? Nada, si al hacerlo conectas con la profunda alegría que supone darte, o al menos dar algo tuyo que contribuya al bien común.

Pero… ¿es la ayuda la mejor solución ­para los problemas del prójimo?

Si la sociedad civil empatiza con el sufrimiento del otro y si se implica en subvertir la injusticia…, podremos mejorar.

Cuánta confianza en el ser humano…

¡Nadie niega ayuda a su hermano o hermana! Entonces, la pregunta que debes hacerte es: ¿cuán amplia concibo que es mi familia, hasta dónde siento que llega? Y yo me siento un miembro de la gran familia humana.

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